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El sueño del celta (II)

El sueño del celta (II)

op-mvllPor Nelson Manrique

Señalé en un artículo anterior que me sorprendía que en su última novela MVLl no lograra construir un gran personaje literario escribiendo sobre un hombre con una vida absolutamente novelesca, como Roger Casement. Escribir sobre hechos verdaderos no necesariamente produce un texto literariamente convincente porque la literatura trabaja no sobre la verdad (esa es una preocupación de la historia) sino sobre la verosimilitud. Que algo haya sucedido en verdad no es garantía de que un texto literario sea verosímil, y, a la inversa, hechos manifiestamente falsos pueden ser convertidos en perfectamente verosímiles por un gran escritor. ¿Qué falló?

Propongo una hipótesis: MVLl simpatiza racionalmente con Roger Casement, al que en El sueño... define como: "uno de los grandes luchadores anticolonialistas y defensores de los derechos humanos y de las culturas indígenas de su tiempo y un sacrificado combatiente por la emancipación de Irlanda" (p. 449). Pero a un nivel más profundo las motivaciones de su personaje le son no solo extrañas sino repudiables.

En un evento realizado hace un año en Colombia (paralelo a la redacción de El sueño...) MVLl leyó un discurso, en su condición de presidente de la Fundación Internacional para la Libertad . Allí, señaló al indigenismo como el gran enemigo de la democracia en AL. El "indigenismo", afirma, es una de las expresiones del colectivismo, que es incompatible con el desarrollo y la civilización.

El indigenismo, dice VLl, "está brotando en América Latina de una manera muy sinuosa y revistiéndose con unos ropajes que no parecen ofensivos sino prestigiosos". Este mal amenaza también a nuestra patria: "En el Perú está brotando con dos o tres hermanitos que en nombre de esa identidad colectiva, la identidad indígena, autóctona, genuina, la de la verdadera peruanidad, ha lanzado una campaña que cuando uno la examina racionalmente parece que fuera tonta, casi cómica, pero que toca un centro neurológico llamado el espíritu de la tribu, que nunca desaparece incluso en sociedades que han avanzado más en el camino de la civilización" (debe ponerse esta reflexión en el contexto de los hechos de Bagua).

Para MVLl el indigenismo es una amenaza ubicua, "que está detrás de fenómenos como el señor Evo Morales en Bolivia", y constituye una grave amenaza para el orden constituido: "El indigenismo en Ecuador, Perú y Bolivia está provocando un verdadero desorden político y social, y por eso hay que combatirlo". Su rechazo del indigenismo no es solo intelectual sino político; MVLl convoca a una cruzada para erradicarlo: "Si queremos alcanzar el desarrollo y elegir la civilización y la moralidad, tenemos que combatir resueltamente esos brotes de colectivismo. Creo que en el movimiento indígena hay un elemento profundamente perturbador que apela a los bajos instintos, a los peores instintos del individuo como la desconfianza hacia el otro, al que es distinto. Entonces se encierran en sí mismos".

Este texto constituye una muestra antológica de etnocentrismo occidental. No en vano varios escritores europeos han definido a VLl –con el fin de elogiarlo, por supuesto– como "el más europeo de los escritores latinoamericanos". Esto es lo que otro Nobel, el europeo José Saramago, declaró sobre sus posiciones: "Decir que el movimiento indígena es un peligro para la democracia me parece algo increíble. Cómo de una cabeza inteligente puede salir una afirmación tan monstruosa como esa". Para el etnocentrismo lo propio es "lo humano", y lo de los otros "lo inhumano", y debe ser leído desde nuestra escala de valores: ellos son desconfiados y cerrados sobre sí mismos en la misma medida en que nosotros somos confiados y abiertos.

Tampoco el anticolonialismo de Casement se salva de la condena visceral de MVLl. En el discurso que vengo citando él señala al nacionalismo y los integrismos religiosos como parte del mal que se debe combatir. Y los personajes de El sueño... se encargan de subrayar que las luchas independentistas de Irlanda se nutren precisamente de estas dos fuentes ideológicas. ¿Cómo podría pues Vargas Llosa, más allá de lo racional, identificarse con su personaje?

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