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La lechuza y el futbolista asesino

 

La lechuza y el futbolista asesino

op-lechuzaPor Alexandro Saco

El patadón a la lechuza en pleno partido de fútbol y su posterior muerte en Colombia, expresa sin atenuante la arbitrariedad del humano frente a otras vidas. Además contradice la esencia del deporte, ya que éste es vida y puede generar estados superiores de relación del humano con la naturaleza. Lo primero que cabe ante el futbolista que actuó con la alevosía y ventaja que hemos visto, es su expulsión de toda participación deportiva oficial, ya que se trata de un ejemplo canalla sobre todo para los niños y niñas que juegan futbol; en segundo lugar iniciar los procesos judiciales correspondientes en Colombia. Además del repudio y condena que merece el jugador panameño Luis Moreno.

La Policía Ambiental colombiana ya abrió proceso. La ley en Colombia prevé para casos como este una pena de hasta tres meses de prisión, que así se aplicase resulta débil por el grado de violencia expresado en la acción. El arrepentimiento mostrado por el jugador no debe relativizar los hechos. Y es que mientras algunos, acaso la mayoría del mundo, asuman que los animales o las otras vidas son subproductos dependientes de la voluntad humana, estaremos padeciendo la peor enfermedad que una especie puede desarrollar, la de considerarse el centro del planeta o del universo.

Libertad animal

La lechuza muerta es un símbolo de las libertades y derechos de los animales, que alegremente nos resistimos a incorporar en nuestras legislaciones, y que trasciende el análisis político inmediato, para convertirse en eje transversal de nuestra responsabilidad en el planeta que compartimos con tantos otros seres. Si bien no se trata de un caso aislado, su relación con el deporte, el escenario en que se dio, y la influencia que puede generar en tanta gente que práctica fútbol, concentran los ingredientes necesarios para hacer de la lechuza un emblema de la vida en libertad que los animales merecen tanto como usted o como yo.

Dirán algunos, ¿por qué indignarse y hacer cuestión de Estado por un animal, si ante nuestros ojos los abusos y asesinatos contra humanos no aminoran? Justamente porque ya conocemos todas las barbaridades que entre nosotros mismos nos hacemos y eso permite discernir el sentido de la justicia y de la libertad, que lleva a entenderla no como un privilegio de algunos individuos o sociedades, sino como un atributo del que todos los seres deben gozar. No se trata de que primero logremos una convivencia armónica entre humanos (que posiblemente nunca se dé y el planeta termine con nosotros) para luego preocuparnos de los otros seres, es en paralelo que debe asumirse el camino hacia el respeto y derechos de todos.

El expolio que producimos sobre territorios y espacios que otros seres habitan mucho antes que nosotros es arbitrario, no incorpora una lógica compartida, se sustenta sobre los hechos consumados y las "necesidades" de expansión de las urbes, industrias o vías de comunicación. Eso requiere ser reorientado ahora, debido a que la profundización de esa lógica es un arma de doble filo que ya afecta nuestros propios intereses como humanos. Si los animales son fuente de distintos recursos y contribuyen a lograr equilibrios ecológicos de los cuales nos beneficiamos, es un despropósito seguir manteniendo acciones que sabemos rompen esos equilibrios.

Inteligencia animal

No es que los animales no cuenten con inteligencia, es que nuestra inteligencia no es una vara adecuada para medir la diversidad de formas de conciencia que en el universo existen; las otras inteligencias han logrado una convivencia mejor que la humana en los últimos milenios. Los animales albergan sentimientos, los expresan, son receptores de afectos y reflejan éstos en nosotros. No existe justificación válida para maltratarlos, condenarlos a una vida indigna, ponerles cadenas en el cuello o enjaularlos para exhibirlos como extensión de lo humano.

Ello lleva a discutir, entre varios otros temas, la función de la industria que elabora alimentos con animales, y a enfocar cómo se está produciendo un holocausto diario con la muerte programada de millones de seres, cadena de la cual somos parte todos los que nos alimentamos en mayor o menor medida de animales. El asunto está abierto y es sensible porque nos confronta con nuestra propia naturaleza, que no es definitiva pero sí antecedente casi insuperable. Una patada artera ayer, y miles de abusos cotidianos deben ser evitados; ello requiere acción política.

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