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EDITORIAL

edgardo-editorial02El gobierno que privatizó nuestro Estado

Conforme pasan los días, en medio de la campaña electoral, se incrementa el miedo por lo que puede hacer nuestro actual presidente. El afán de protagonismo, que lo ha llevado a iniciar su campaña presidencial para el 2016, puede resultar un peligro público para el próximo presidente y, finalmente, para todos los peruanos.

La última del presidente ha sido salir a defender al ex – alcalde, por usar a la OIM para saltarse todas las normas de contrataciones y compras del Estado. Según el Dr. García no hay nada extraño. La gestión de Castañeda gastó S/.44 millones en los servicios de una entidad de Naciones Unidas para saltarse las normas de CONSUCODE y evadir el monitoreo de CONTRALORIA, esto es un escándalo mayúsculo.

Parece el mundo al revés. Nuestra principal autoridad, en el Ejecutivo, defiende que las entidades públicas no se atengan a los procesos administrativos del Estado. Según él, estamos equivocados los peruanos que creemos que el dinero público, que es de todos, se tenga que utilizar rindiendo cuentas, y no por debajo de la mesa.

Privatizar la función pública ha sido una práctica de este gobierno. Un buen ejemplo de esto, definido al inicio de su periodo, ha sido el establecimiento del Óbolo minero. El gobierno aprista renunció a establecer el ofrecido impuesto a las sobre ganancias mineras. En cambio, firmo convenios con las empresas para que destinen parte de sus utilidades a gasto social. El dinero del Óvolo, de todos los peruanos por el acuerdo firmado por el Estado con las empresa, no ingreso a las arcas públicas, el gobierno mantienen los recursos en el limbo del mundo privado, para destinar la plata del Estado a proyectos y obras, que las propias empresas definen.

Para nuestra suerte este gobierno está terminando, lo que no implica que pueda dejar más bombas de tiempo; por ejemplo renovar el óbolo minero o ampliar los contratos de estabilidad de estabilidad tributaria de las mineras.

Aprovechemos la campaña para poner sobre la mesa el debate sobre el tipo de función pública que queremos, la importancia de tener entidades fuertes y competencias definidas. La función pública es del Estado, las empresas deben pagar sus impuestos y los organismos internacionales dediclarse a las que fueron creados.


Por Edgardo Cruzado
Equipo Editorial
Grupo Bajo La Lupa

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