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Phillip Butters y su otro yo

Philip Butters y su otro yo

op-1eleccion5Por Rocio Silva Santisteban.

Siempre me llamó la atención, con extraña y gran curiosidad, aquello que quizás puede estar debajo del personaje Phillip Butters: me refiero al ser humano. El periodista deportivo con harta calle, full labia, con esquina de Sullorqui remixeada con el Llauca, además palabrero y una figura que representa al nuevo-macho-peruano: un mix perfecto que en realidad es una construcción de sí mismo para los receptores de todos los medios adonde se presenta. ¿Qué hay debajo de todas esas capas armadas conscientemente para poder encajar en el periodismo deportivo como espectáculo? No lo sé, y quizás ni él mismo lo sepa.

Butters me hace recordar a alguno de los chicos de mi barrio: construidos a la manera exacta del machismo castrador con el que se nos cría en el Perú. Tuvieron que demostrar, alguna vez en sus remotas infancias, que fueron hombrecitos las 24 horas del día, pegándole a todo el barrio y balnearios, pero además aclarando por todos lados que no eran los dos personajes más abyectos de nuestro machinario casero: ni lornas ni maricones. Por eso los excesos de coprolalia (“boquita de caramelo” era el apodo de uno de ellos) y a su vez, por eso mismo, el clásico uso en joda de afeminar todos los nombres: la Cristina (por Christian), la Miguelina, la Ricardina, la China Juancarla, y así sucesivamente. Todos hacían concursos del eructo más largo.

A diferencia de los chiquillos de mi barrio, Butters es elegante: lo vamos a escuchar usando términos casi jurídicos para definir un penal y manejando de manera muy sofisticada los adjetivos para describir una escena en la cancha. Ayer, en su programa de Radio Capital, decía lo siguiente: “Los anticuchos del estadio de Alianza son los mejores. Y esa no es una opinión. Es un dogma de fe”: digamos que maneja un lenguaje más sofisticado que el resto de chiquiviejos comentaristas de deportes. La pregunta es: ¡¡¿por qué diablos se le ocurrió hacer un comentario homofóbico y no retractarse?!! Tengo una hipótesis: le salió desde las entrañas viscerales de ese machismo que, a su vez, se ha incrustado tan simbióticamente en su propio personaje que no le permite ni avanzar ni retroceder. Se ha pasmado. Está dejando de ser Phillip Butters-ser-humano y se está convirtiendo en Phillip Butters-estereotipo, y la verdad que el personaje que ha creado lo está envenenando.

No es la mejor estrategia seguir utilizando a Butters como “chico expiatorio” de un supuesto núcleo duro de homofobia, porque el propio movimiento anti-homofobia puede terminar siendo incluso más intolerante. Butters es producto de un sistema perverso, es cierto, quizás sea su representante más barroco, pero los verdaderos defensores de ese sistema se hacen pasar por tolerantes y dignos, y son lobos con piel de cordero. Son aquellos que no suelen manifestar sus opiniones en público pero luego, a la media vuelta, las convierten en leyes, en reglamentos, en protocolos, en sermones, en clases universitarias. Desmigajemos el núcleo duro del machismo, del sexismo y de la homofobia; pero no diseccionando moralmente a aquellos “sujetados” por estos andamiajes. Butters, eso sí, para regresar a su lado humano debería retractarse.

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