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5 de abril, nunca más

5 de abril, nunca más

op01-5abrilPor Ronald Gamarra

Para luchar contra la corrupción, la primera condición es rechazar sin atenuantes toda dictadura o remedo de ella. La razón es simple. Al impedir el control sobre el poder, la dictadura crea las mejores condiciones para la institucionalización del robo, la extorsión y el asesinato. Eso fue lo que se impuso con el golpe del 5 de abril de 1992, perpetrado por Fujimori, Montesinos y Hermoza Ríos, convictos por los peores crímenes de corrupción y lesa humanidad en la historia de la República. 

Las pruebas han sido establecidas en procesos impecables. Casi 200 millones de dólares recuperados de cuentas secretas en el extranjero representan una mínima fracción de lo saqueado al erario a manos llenas. Y el destacamento Colina, formado y liderado por el triunvirato golpista, institucionalizó al más alto nivel una política de crímenes de lesa humanidad que no se agota en los asesinatos masivos de Barrios Altos y La Cantuta.

Recordemos el control de los medios de comunicación gracias a montañas de billetes grotescamente pagados en el SIN por Montesinos, privilegiado "asesor personal" de Fujimori. Recordemos la compra de congresistas con el mismo método. Recordemos los negocios sucios con las necesidades de la defensa nacional. Recordemos la farra hasta no dejar ni un céntimo del fondo de miles de millones acumulado con la privatización de las empresas del Estado. Casos innumerables, invariablemente escandalosos.

Al hacer el balance de aquella década de oprobio, se ve cuán absurdo es pretender que todo aquello se cometió "para salvar al país". Es al contrario. Los problemas del país fueron para esta pandilla la hojarasca, el pretexto, la palanca cuya conveniente manipulación le permitió crear un aparato de corrupción para atornillarse indefinidamente al poder. Pero el pueblo les dijo basta con una prolongada lucha que tuvo en la Marcha de los Cuatro Suyos una jornada memorable.

La lección es clara. Si en la democracia la corrupción es un mal endémico, en la dictadura la corrupción y el crimen se institucionalizan y desbocan sin límite. En consecuencia, para combatir la corrupción, lo primero es rechazar toda dictadura y, del mismo modo, a quienes defienden el legado de los dictadores o pretenden sucederlos.

(*) Candidato al Congreso por Perú Posible.

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