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El factor del miedo y las elecciones

El factor del miedo y las elecciones

op-01miedoderisaPor Wilfredo Ardito Vega

Uno de los mayores encantos de los paseos con Lima La Única y Lima Antigua, es que todos los participantes aportamos nuestros conocimientos y, así, colectivamente, logramos reconstruir la historia de la ciudad.

 En el primer paseo con Lima Antigua, por ejemplo, comprendimos que el deterioro del centro histórico tiene una fecha clave, el 5 de febrero de 1975, cuando se produjeron violentos saqueos en el marco de la huelga policial.   Miles de oficinistas y empleados quedaron atrapados por varias horas, en medio de los incendios y disturbios.

 Ese 5 de febrero parecía que la terrible profecía se había cumplido.  “Ellos” habían destruido la ciudad.  “Ellos”, “los cholos”, “la indiada”, “la gente que ha invadido Lima”, “los resentidos”, que habían llegado a Lima sólo para hacer daño.  Por miedo a “ellos”, se establecieron nuevas urbanizaciones “para que usted viva tranquilo con su familia”.   Por miedo a otro 5 de febrero, las principales empresas abandonaron el centro de Lima, hacia de zonas más seguras, “lejos de ellos”.

Nunca se produjo otro 5 de febrero, pero años después, el surgimiento del terrorismo reavivó los temores de muchos limeños hacia sus compatriotas pobres y andinos, y bajo ese temor, se encogieron de hombros frente a todos los crímenes que los militares cometieron desde Ayacucho hasta Barrios Altos.  Algunos ahora repiten “hasta que ocurrió lo de Tarata, no sabíamos nada de lo que pasaba”.   La verdad es que tenían tanto miedo que justificaban cualquier crimen si les daba seguridad.

En ese miedo hacia los peruanos “diferentes” hay racismo, clasismo… y quizás también algún inconsciente sentimiento de culpa, pensando que quizás el propio egoísmo y la arrogancia pueden haber generado el odio de sus compatriotas.

El miedo a “ellos” puede ser manipulado para generar rechazo hacia un adversario político: en el 2000, los medios fujimoristas hicieron esto con Alejandro Toledo, presentándolo como un individuo comunista y violentista.  Una cajera del extinto Banco Wiese me decía entonces asustada que “ese hombre” estaba a punto de arruinar “todo lo que habíamos avanzado”.  Ahora es Toledo quien, como muchos otros, parece empeñado en que la gente tenga miedo de su principal rival, Ollanta Humala.

En realidad, más allá de temas electorales o políticos, cualquiera que desee sembrar miedo en el Perú tiene bastantes posibilidades de éxito, pues a veces pareciera que la propensión a los temores irracionales es tan inherente a la identidad nacional como los anticuchos o el Sublime.  Hace unas semanas, se cerraron teatros y cines en toda Lima, por la amenaza de tsunami, como si la ciudad no estuviera sobre un acantilado.    Inclusive evacuaron alguna prestigiosa universidad a las 4pm, nunca se sabrá por qué…“Toda precaución es necesaria”, me decía una alterada mujer.

La noche del terremoto del 15 de agosto del 2007, miles de limeños pugnaban desesperados por llegar a sus casas, temiendo que a sus familiares les hubiera sucedido lo peor.  Para mí, que recordaba terremotos más fuertes, era evidente que a nadie le podía haber pasado nada en Lima, pero vaya que era imposible calmar a la gente.

-Parecía que disfrutaban estar en pánico –me dijo un sociólogo brasileño que intentó tranquilizar a sus vecinos de Pueblo Libre.

Yo lamento especialmente los temores colectivos que se basan en la desconfianza hacia otros peruanos, porque soy de esos que anda por Lima  convencido de que es totalmente improbable que me asalten o me atropellen.  Liberado de esos temores tan extendidos, me siento realmente muy bien: puedo ir a tomar fotos de la Plaza Francia a la medianoche o cruzar la pista con seguridad, sabiendo que nadie quiere matarme.

-Tú me tranquilizas –me decía una prima que vive en Estados Unidos, cuando le dije que no tenía que quitarse el reloj, como todas sus amigas le habían dicho que hiciera.

Recuerdo que a un amigo que se quedó paralizado cuando un amable chofer se detuvo para cedernos el paso, le dije:

-¡No tengas miedo!  ¡El señor no te va a matar!

Mi amigo cruzó corriendo, temiendo realmente por su vida, pues el chofer podía ser un loco o un sádico.

No sé de qué sirve pensar lo peor de los demás… pero muchos toman de esa forma los pronósticos electorales, empeñándose en temer que lo peor puede suceder, que “ellos” votarán por la encarnación del mal, como ven a Humala y que si él llega al poder, se dedicará a hacer daño porque sí… o porque así son “ellos”, los cholos, los resentidos.  Podría decirles que, aunque Humala fuera un maligno chavista, no tendrá mayoría en el Congreso, pero es difícil tranquilizar a quien desea tener miedo.

Y mientras cunde la angustia y algunas personas hablan de marcharse del país, yo mantengo mi fe en los compatriotas, como cada vez que cruzo la pista o salgo a caminar.

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