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Democracia para principiantes

Democracia para principiantes

op-01perudemocraciaxPor Edgardo Rodríguez Gómez

Es indescriptible la sensación de encuentro con algunos millares de aquellos 60 mil peruanos residentes en Madrid que recurren -por no pagar la multa dicen sonrientes - a emitir el voto que decidirá los destinos políticos de un estado en cuyo territorio nacieron y donde ya no viven. La invadida moderna línea 8 de Metro que lleva al aeropuerto de Barajas ofreció a lo largo de la jornada del domingo 10 de abril de 2011 un aspecto inusual pero perturbadoramente familiar. Los acentos, los rostros, las expresiones coloquiales fueron generando complicidades. La casi totalidad tenemos rasgos andinos. Dispersos en una ciudad de más de seis millones de habitantes, peruanos y peruanas nos hemos concentrado y nos observamos, consultamos por las vías de acceso a los recintos de votación, dialogamos -no gritamos como se acostumbra por estos lares-, planeamos ir a los parques. Se vende Inka kola, helados caseros de frutas tropicales; abunda la propaganda de pollo a la brasa. Hay, en definitiva, ambiente de fiesta nacional.

Hace cinco años, cuando mi residencia legal estaba todavía en el Perú y proseguía mis estudios de historia de las ideas políticas en Francia, aproveché mi curiosidad por saber cómo votaban mis compatriotas en la capital española para conocer a un buen amigo que hace una semana se animó por fin a escribir en las páginas del diario Los Andes, Edgar Quispe Mamani, a quien algunos años más tarde acompañé en la lectura más que exitosa de su tesis doctoral en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid. Si entonces la escena de colas interminables, abundante propaganda electoral, desorden y desconcierto eran reinantes, la organización de las elecciones, en esta ocasión, con casi veinte mil peruanos más inscritos en el padrón de electores de esta comunidad, resultó algo menos agobiante.

Hace un lustro ya, sentados en la terraza de una célebre cafetería de la Gran Vía, Edgar Quispe me transmitía su análisis del escenario de aquellas elecciones, y se concentraba en uno de los temas abordados en su artículo del 6 de abril: la volatilidad electoral relacionada con el déficit de los partidos políticos. Edgar llega a detallar cuatro factores explicativos (que son a su vez problemas para los que plantea soluciones) del entrampamiento de la política nacional: deficiencia de una cultura institucional que se ve acompañada de la ausencia de una normativa que oriente, adecuada y realmente el funcionamiento y desarrollo de un sistema de partidos, la ausencia de filosofías e ideologías políticas, la preeminencia de una cultura caudillista sobre la cultura de liderazgo político y la limitada cultura cívica de la ciudadanía.

Al inicio del artículo, aparece el dato de un periodo que fácilmente lleva a contrastar las dificultades que Edgar Quispe detecta en el escenario peruano frente al notable desarrollo de la democracia en España: “los últimos treinta años de vida democrática, en términos formales". Y es que hace apenas 33 años, la democracia representativa española, que él muy bien ha estudiado, quedó consagrada tras una larga dictadura. Los logros alcanzados desde el sistema bipartidista español y también las dificultades tras la crisis económica de 2008, a lo largo de más de tres décadas, pueden verificarse como un proceso de continuidad, apenas amenazado el 23 de febrero de 1981 por sectores militares y autoritarios involucionistas, desterrados del escenario político ibérico.

Edgar Quispe no advierte el significado de la interrupción del proceso democratizador peruano, y las graves consecuencias que conllevó, una vez ejecutado el golpe de estado del 5 de abril de 1992. Hace apenas nueve años. Es decir, al hacer un análisis somero de procesos electorales sin atender a tres épocas: 1) la de los ochenta bajo el marco de la constitución de 1978; 2) la de los noventa con el golpe, un gobierno que desvió el poder para obtener beneficios particulares bajo una constitución a medida; y 3) el retorno a una democracia aún incipiente desde el 2001, mi buen amigo estaría dando a la "democracia, en términos formales" un sentido tan extenso que, finalmente, es capaz de recubrir las acciones no sólo autoritarias del régimen fujimorista, sino las abiertamente ilegítimas contrarias a un modelo democrático y constitucional que no puede desentenderse de la mera formalidad, y es más, le imprime sentido.

El régimen fujimorista no sólo dio un golpe de estado sino que intencionadamente destruyó las instituciones: partidos políticos, Tribunal Constitucional, Ejército peruano, incluso los medios de comunicación integrantes del "cuarto poder"; fraguó resultados electorales y condicionó la asistencia alimentaria a la obtención de votos para sus agrupaciones partidarias. En suma, nos privó de democracia, incluso formal. Los problemas que detecta Edgar Quispe, no obstante, no dejan de ser acertados, salvo que omite aquel que es aún un riesgo y una fatalidad: la ausencia de una sólida cultura democrática.

Hace aproximadamente 2500 años, en la Grecia clásica, Pericles apostaba fervientemente por esa novedad que era la democracia. Rex Warner, en una breve novela sobre el primer ciudadano de Atenas, (Pericles, el ateniense, Edhasa, 2011) interpreta las lecciones del célebre político y nos recuerda su legado opuesto al gobierno de tecnócratas oligarcas con estas palabras:

"Con frecuencia se dice, por ejemplo, que el gobierno, como cualquier otra actividad humana, es un arte. No está al alcance del talento de cualquiera, lo mismo que no todos pueden escribir poesía. Si deseamos construir un templo o un buque, recurrimos a un competente arquitecto o armador, y no al primer hombre con quien nos topamos en la calle. Del mismo modo, el gobierno es asunto de expertos. No sólo se requiere inteligencia poco común, sino también experiencia y ocio. Por ello, es preferible que el gobierno se confíe a la minoría.

Inmediatamente advierte:

“[...] Se admite que la historia pasada mostró que el gobierno de las oligarquías condujo a menudo a la corrupción y hasta la tiranía. [...] Siempre vino a descubrirse que cuando un poder se concentra en pocas manos, está destinado a corromperse. El gobierno de los llamados "expertos" no perduró nunca más de una generación sin degenerar en tiranía.”

Consecuentemente:

“[...] La libertad de un hombre es más valiosa para él que cualquier otra cosa. Ninguna eficiencia del gobierno puede compensar su pérdida. En la democracia, como en todas las cosas, hay algunos fallos. Sus procedimientos pueden ser lentos y engorrosos; puede tomarse decisiones equivocadas bajo la influencia de una súbita tormenta emocional, en la que no se presta oído a los mejores. Estas son deficiencias inherentes a la naturaleza de la democracia; pero son mucho menos serias que los peligros que entraña el conferir poderes sin restricciones a una minoría."

Millones de peruanos y peruanas hemos votado en todo el mundo y, a diferencia de las tres décadas previas, en ésta podríamos aspirar a contar con tres gobiernos consecutivos elegidos a través de las urnas. Tres lustros que permitirían fortalecer y profundizar la institucionalidad democrática aún novata. Al menos, a diferencia de lo vivido hace cinco años cuando rumbo a la Gran Vía echábamos pestes debido a lo mal organizadas que estuvieron aquellas elecciones en Madrid del año 2006, querido Edgar, los organismos electorales y el consulado de nuestra democracia han hecho, esta vez, un trabajo algo menos caótico.

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