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El Ingrato Hombre de Pacaicasa

El Ingrato Hombre de Parcaicasa 

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Por Juan Gargurevich

 

Fueron ochenta voluntarios fortachones los que cargaron la estatua por el empinado y estrecho sendero. No era para menos, pues se trataba de llevar 360 kilos de bronce a la cima del cerro Tantaorco desde donde se domina el breve valle de la comunidad de Pacaicasa. Fue una fiesta en que estuvo prácticamente todo el pueblo de casi 3 mil almas que vitoreaban, brindaban, bailaban de alegría al recibir la efigie de más de dos metros de Alberto Fujimori, Presidente delPerú.
La fiesta era la culminación de la decisión de la Alcaldía de instalar en aquel lejano rincón de Ayacucho la estatua del Presidente porque, pensaron, era la mejor manera de llamar la atención limeña y lograr, por fin, que algo de ayuda llegara a la comunidad que vive, en su mayoría, en extrema pobreza. No tienen carretera ni servicios básicos y arrancan lo que pueden a la áspera tierra ayacuchana que con las justas les permite criar cabras.
¿Cuál sería -pensaron los comuneros en la histórica asamblea- la mejor manera de lograr que el gobierno central construya una pequeña represa para solucionar nuestro problema de agua? Algunos propusieron marchas de sacrificio a Lima, toma de caminos, huelgas de hambre, hasta que alguien tuvo la revelación: “En Lima hay una estatua del presidente Fujimori y me dicen que no saben dónde ponerla... ¿por qué no la traemos aquí?”. La respuesta fue una ovación y el nombramiento de una comisión que debía viajar a la capital a negociar con el escultor.
El artista Fausto Jaulis no se hizo problemas y les donó el mamotreto que embarcaron en un gran camión que recorrió casi 600 kilómetros trepando los Andes para llegar a Pacaicasa.
La inauguración también fue una fiesta en la que participaron dirigentes de Cambio 90, el partido del gobierno que, entre trago y trago, prometieron que el presidente Fujimoriquedaría tan impresionado por el homenaje y que no tardarían en llegar los beneficios. Entonces los paicacasinos se sentaron a esperar presididos por su Alcalde, don Félix Morales Janampa, uno de los promotores.
En setiembre de 1996 los periodistas de Ayacucho recogieron la queja y el diario El Sol publicó “Monumento presidencial causa malestar”, añadiendo “Se quejan de que desde que se develó la obra el Presidente no visita ni hace obras en Pacaicasa”.
Luego de la renuncia de Fujimori, su estatua se convirtió en motivo de vergüenza para Pacaicasa y decidieron derribarla y la sacaron del cerrito para ocultarla en algún lugar que no hiciera recordar el ingenuo oportunismo que llevó a la empobrecida comunidad a vislumbrar el favor de Fujimori, quien no les dio las gracias, no fue nunca y tampoco les alivió en algo su miseria.

 

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