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Carta a Carlos Iván Degregori

Carta a Carlos Iván Degregori

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Por Wilfredo Ardito Vega

Estimados amigos,

Como algunos de ustedes saben, el 23 de enero del 2009 hubo una misa por la salud de Carlos Iván Degregori, cuyo fallecimiento, entonces, parecía inminente.  Esa noche, regresando a mi casa, le escribí la carta que leerán a continuación.  El texto les permitirá comprender, cuánto hizo Carlos Iván por impulsar la lucha contra el racismo y cuánto me permitió avanzar a mí a nivel personal.

Para sorpresa de muchos, Carlos Iván vivió dos años y cuatro meses después de esa misa en la iglesia de San Antonio de Padua e inclusive hubo la posibilidad de que la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos le rindiera homenaje.   Para quienes pudimos verlo durante ese tiempo, su palabra y su sensibilidad siguieron marcando un ejemplo de vida y coherencia.

 

Lima, 23 de enero de 2009

Querido Carlos Iván,

He pensado mucho antes de escribirte esta carta, porque no sabía si recibías los correos, pero ahora que en la misa leyeron tu mensaje supe que sí y sentí que debía hacerlo.  A veces nosotros, por timidez o dejadez, no confiamos a los demás cuáles son nuestros sentimientos hacia ellos y las oportunidades no siempre se repiten.

Yo quería agradecerte, Carlos Iván, porque haber sido uno de los que sembró en mí la idea de luchar  contra el racismo en el Perú.  Lo hiciste mucho antes de la CVR, allá por 1998, cuando la Mesa contra la Discriminación que entonces existía en la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos te invitó para que dieras una charla al respecto.    En esa charla comentaste cuánto te dolía ver el programa La Paisana Jacinta.  Dijiste que en Estados Unidos sería imposible pensar que alguien se atreviera a preparar un guión sobre La Negra Jacinta y que en España, nadie se atrevería a transmitir un programa La Vasca Jacinta.  Además, dijiste que ese programa no pasaría de una transmisión y ninguna empresa podría auspiciarlo.

Bueno, ese programa salió del aire varias veces, y fue especialmente gracias a tu impulso.  Luego de escucharte, decidí ver el programa y después hice circular una carta con numerosas firmas, hasta que los hermanos Winter decidieron suspenderlo.  Con Baruch Ivcher fue más difícil y hasta llegó un emisario a amedrentar a los antirracistas.  Sin embargo, después de un plantón frente al canal 2, por fin aceptó nuestros argumentos y el programa salió del aire definitivamente.

En el año 2003, la CVR había emitido su informe y con Mirtha Allende, de la Coordinadora, decidimos organizar un conversatorio para analizar la relación entre el racismo y la violencia política.  Expusieron tú, Jorge Bruce, Guillermo Nugent y yo también al final.   Recuerdo que fue en la casona Porras Barrenechea que tiene la San Marcos en Miraflores.  Nunca he vuelto a esa mansión llena de cuadros coloniales y muebles antiguos, pero creo que participar en ese conversatorio fue una experiencia única para todos los que estuvimos en la mesa y en el público.

Allí, finalmente, especialmente gracias a ti y a Bruce, todo quedó claro: comprendimos lo que no nos habíamos atrevido a pensar, la terrible relación entre ser cholo y sufrir todo tipo de abusos.  Quedó clara también la indiferencia que generaba en los demás peruanos el sufrimiento de la población andina y también que para muchas personas de clase alta, generaba hasta satisfacción la idea que los cholos estuvieran muriendo.

A los pocos meses, Mirtha y yo sacamos un librito con las conferencias “¿Por qué en el Perú unas vidas valen más que otras?”, pero sabíamos que no era suficiente.  Por eso decidimos armar la campaña contra el racismo que comenzó en el año 2004 y que tú has venido siguiendo.

Durante todo este tiempo, tú nos has seguido acompañando en las actividades que organizábamos desde el movimiento de derechos humanos.  A mí me tocó ser moderador en un taller para periodistas de todo el Perú, que organizaba el IDL en el Hotel Lima y recuerdo que esa fue la primera vez que escuché hablar de Putis.   Dijiste que, a pesar que llevabas tantos años estudiando la problemática de la violencia, no sabías lo que allí había ocurrido hasta que trabajaste en la Comisión de la Verdad.  Entonces pensé qué poco se sabía de los terribles crímenes cometidos entre 1982 y 1985.

Posteriormente, gracias a Augusto Alvarez Rodrich como director de Perú 21, comenzaste a llegar a mucha más gente de la que asistía a conferencias.  Quizás ese fue uno de los grandes méritos de ese periódico en aquel entonces: ponerte a ti, a Nelson Manrique o a Jorge Bruce más cerca del ciudadano común y corriente.   Recuerdo en particular cómo señalaste que te sorprendía que tantos peruanos se sintieran conmovidos por las escenas de la película La Pasión y, sin embargo, fueran indiferentes a la pasión de tantos peruanos durante el conflicto armado.

Yo siento que tú me ayudaste a aclarar el camino que debía seguir.   Sin tus intervenciones en la Coordinadora, la casona Porras o el Hotel Lima, yo no sé si habría tomado ciertas decisiones, que a su vez ayudaron a otros.

Quiero agradecerte mucho porque me has alentado a avanzar, a seguir en tu camino de lucha por un país menos excluyente.   No eres de esos científicos sociales que hablan del país como si comentaran una película sueca, muy profundos quizás, pero también muy distantes.

Recuerdo una de las últimas veces que hablamos, cuando teníamos que comentar el libro de Claire Reid sobre la discriminación en Apurímac, una obra que precisamente representa todos estos años de investigación sobre esta problemática.  Te había surgido un compromiso repentino en el IEP, pero finalmente lograste acomodar tus horarios y todo salió bien.  Complicada la vida, cuando uno tiene que estar en dos lugares a la vez, pero a pesar de ello, creo que nadie que te ha buscado ha  sentido que estuvieras distante o arrogante, ni por tus estudios, ni por tu edad, ni por los cargos que habías ocupado.

Por todo eso, quiero darte gracias, Carlos Iván.  A veces siento que es muy egoísta pedirle a Dios que las personas que uno quiere se queden más tiempo con nosotros, interponiéndose en designios que no comprende.  En este caso, siento que a mí y a tantos peruanos, nos has hecho tanto bien, que sería muy bueno que te permitiera quedarte más tiempo.

Muchas gracias por todo, Carlos Iván,

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