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Lo que está en juego

Lo que está en juego

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Por Alberto Adrianzén M.

Es un error pensar que este domingo 5 de junio solo se está jugando la elección de un Presidente. En realidad, se juegan también muchas otras cosas importantes. La primera de ellas guarda relación con lo que dijo Valentín Paniagua cuando asumió la Presidencia luego de la caída de Alberto Fujimori: tenemos que cerrar el ciclo autoritario y abrir otro democrático de larga duración. Ese ciclo democrático, para que sea sustentable en el tiempo, debe basarse necesariamente en la derrota política del fujimorismo y tener un claro sello republicano y reformista al mismo tiempo. Dicho de otra manera, es la combinación de una nueva institucionalidad democrática (y política) en el país con el cambio de un orden social y político que hasta ahora se ha mostrado injusto y nada atento a las demandas sociales. Eso es la transformación del Estado, pero también el desarrollo de una nueva cultura democrática ausente, como se observa en estos días de campaña, en las élites peruanas.

El segundo está referido a cómo se incluyen los sectores populares en este nuevo ciclo. El dilema es el siguiente: o se incluyen a partir de políticas asistencialistas y clientelares, o, si más bien, a partir de tener más derechos civiles, sociales, políticos y económicos; es decir, restaurar lo que Alberto Fujimori les arrebató en la década de los 90. En este último caso estamos hablando de una inclusión ciudadana, ya que se sustenta en los derechos; en el otro, de una apuesta autoritaria que hoy simboliza no solo los bailes de Keiko Fujimori en cada uno de sus mítines sino también el llamado “kit Keiko” que se reparte en las zonas andinas del país.

El tercero es la manera de inserción del país tanto en el proceso de globalización como en un sistema internacional que hoy enfrenta cambios radicales tales como la decadencia económica de los EEUU, el cambio de hegemomía en el mediano plazo, el viraje progresista en A. Latina y la posibilidad de una integración regional vía el fortalecimiento de Unasur y de los mecanismos subregionales.

Por ello, un triunfo de Keiko Fujimori no sería otra cosa que el retorno del autoritarismo, del Estado clientelar neoliberal incapaz de integrarse a la región; pero también el regreso del montesinismo, como lo demuestra en estos días el control de los medios, las cobardes y anónimas amenazas al director de La Primera y a los familiares de MVLl y los recientes ataques a los nacionalistas en Cajamarca. En última instancia, sería equivalente a reelegir a Alberto Fujimori 20 años después. Por eso, si queremos imaginar un país democrático y justo, la derrota del fujimorismo es una tarea fundamental.

Nota: A continuación transcribo unas cuantas líneas de un mail que recibí de una amiga y que nos dice, a partir de un hecho real, cómo sería el país en un futuro régimen fujimorista: “¿Recuerdan cómo eran las noticias, cómo se expresaban los que estaban en el poder, esos buses contratados llenos de gente, ese “disolver, disolver” del ‘Chino’. Bueno, hoy tuve tan solo un ejemplo de la situación. Fui al quiosco de mi barrio, aunque no llevaba dinero, y al ver que La República estaba tapada y los demás periódicos bien estiraditos, pregunté: ‘¿por qué?’. Y el dueño me dijo: ‘Si quiere leer más, tiene que pagar’. ‘¿Te parece justo, equilibrado lo que me estás diciendo?’, le pregunté. ‘Así es’, me dijo. ‘Bueno, yo no te compro, ya sé por quién votas’, le dije. Seguí mi camino en la bici y me dirigí al centro de Miraflores, donde encontré la misma situación. Una señora, al preguntarle por qué estaba tapada La República, me contestó que así eran las cosas, que la mayoría de los que venden periódicos era fujimorista”.

(*) albertoadrianzen.lamula.com

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