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El duro camino a la segunda vuelta

El duro camino a la segunda vuelta

bll-especial10-31-05-2011

Por Luis Pásara

En una encuesta de Ipsos-Apoyo, la mitad de los encuestados declaraba el año pasado poco o ningún interés en las elecciones ahora en curso. Sin embargo, el país está actualmente enfrentado en torno al dilema Ollanta/Keiko. Luego de la contraposición entre aprismo y antiaprismo, en los últimos cincuenta años no ha habido algo similar.

En este proceso se ha puesto de manifiesto no lo mejor pero sí lo peor de los peruanos. Si se mira medios de comunicación y mensajes vía Internet, prevalece el “todo vale”. Mentiras e insultos plagan los contenidos. Se llega al extremo de atacar ruinmente al único premio Nobel que el Perú ha tenido, y que probablemente tenga durante mucho tiempo.

En la ola de odio que atraviesa el país sobresale un racismo que algunos creímos que era un vergonzoso componente del pasado. Es un racismo selectivo, claro, que se ejerce contra “el cholo” y no contra “la japonesa” porque, en definitiva, lo que importa no es la etnia sino los intereses de quienes se sienten amenazados.

Porque, sobre todo en el camino a la segunda vuelta, esta es una campaña del miedo. Alentándolo con descaro, los medios están jugando un papel indecente, en su desesperado intento de manipular la opinión. Como en los tiempos del antiaprismo, el ahora poderoso grupo El Comercio sobresale.
¿Cómo se ha llegado a esto? ¿No es que el país ha “despegado” y se dirige hacia el primer mundo? Los resultados de un trabajo de Macroconsult –consultora insospechable de humalismo–, publicado hace un par de semanas en Gestión, diario del grupo El Comercio, invitan a volver a la realidad: solo 14 de cada 100 hogares tienen ingresos mayores a mil soles, que es el monto necesario para cubrir la canasta básica.

El Perú sigue siendo un país pobre y, sobre todo, insatisfecho. No lo entienden quienes toman como referencia para construir “su país” a los estratos A y B, que constituyen apenas 13% de la población. El país real no podía votar por Kuczynski, candidato ideal de los A/B, y estaba hondamente desilusionado de Toledo. Por eso 48,45% de los votos emitidos en la primera vuelta fueron a Humala y Fujimori.

La vieja oposición de izquierda/derecha no es lo que separa a los candidatos. Más que expectativas –expresadas en la primera vuelta con 27.8% de votos emitidos por Ollanta y 20.6% para Keiko– lo que pesa ahora es el temor. Temor a que vuelva a gobernar el dictador de una década, a quien su hija llama “asesor de lujo”. Temor a que, más que se intente una suerte de chavismo imposible, intereses de las clases altas y medias resulten afectados con Humala.

Las encuestas recientes muestran las diferencias entre los potenciales electores de uno y otra. En Lima vence Fujimori; en el resto del país, Humala. Más hombres con Humala, más mujeres con Fujimori. A menor edad, más votos para Fujimori. Y cuanto más bajo es el nivel socioeconómico, más votos por Humala. Estas cuatro oposiciones trazan los bordes de una fractura que no se soldará pasado el 5 de junio.

En los días que quedan hasta entonces probablemente la gritería subirá de tono y las tensiones se agudizarán. Tanto Cipriani como García deben tener cartas por jugar. El cardenal, aliado de confianza de Fujimori padre desde los años de Ayacucho, seguirá usando a sus huestes extremistas para impulsar a la entonces primera dama, hoy candidata. El presidente adelantó hace un año que él tenía poder suficiente para evitar que un candidato dado lo sucediera. Veremos cómo lo ejerce.

El Perú es un país de viejos conflictos no resueltos. El gobierno de Velasco, que intentó resolverlos, fracasó. La subversión aumentó el temor de “los de arriba” y les procuró como aliados en el conservadurismo a una clase media asustada por la violencia. El país vivió el trauma sin aprender las lecciones. Quienes detentan el poder económico decidieron que, como siempre fue, nada –incluso ninguna elección– debía afectar su disfrute.

Como resultado, los conflictos se han multiplicado en los últimos diez años. Este proceso electoral los ha agravado y profundizado. Gane quien gane el 5 de junio, tendrá ante sí un país dividido en dos mitades y la tarea de gobernar resultará muy difícil. Más difícil aún que este camino a la segunda vuelta.

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