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Voto popular y mano invisible

Voto popular y mano invisible

bll-articulo04-13-06-2011

Por Santiago Pedraglio

El domingo 5 de junio, entre las ocho de la mañana y las cuatro de la tarde, todos los peruanos valían igual: un voto, sin importar su condición social, económica o cultural. Era una “fiesta democrática”, como les gusta decir a los periodistas y a los políticos. Minutos más tarde, cuando los sondeos a boca de urna dieron como ganador a Ollanta Humala, se rompió el encanto. En la mayoría de canales de televisión se vieron los rostros compungidos, las caras largas y los gestos incómodos de algunos conductores.

Lo más significativo es que, a partir de ese momento –misma barra brava de la gran inversión–, ciertos comentaristas invitados se sumaron a esos conductores para hacer oír la fuerza del mercado y dejar sentir la presión de su mano invisible. Reiteraron, una y otra vez, su exigencia de señales “tranquilizadoras”. En el 2006, Alan García le ganó a Ollanta Humala también por un estrecho margen; sin embargo, no se oyeron exclamaciones pidiendo garantías para los mercados.

Ahora, como por arte de magia, los alarmados querían transformar la opción perdedora en posición ganadora. Reclamaban que, “para salvar el país”, el presidente electo diera a conocer ya a los hombres clave de la economía… No mencionaron el Ministerio de Educación, el de Salud u otro. Les preocupaba solo el que tiene que ver con el respeto a su intocabilísimo modelo económico. Poco más, poco menos, querían oír que se convocaría a Pedro Pablo Kuczynski u otro de ideas similares como ministro de Economía.

Al día siguiente, la Bolsa de Valores se comportó según la profecía autocumplida: cayó 12 puntos. Desde el domingo a las 4 de la tarde, la democracia crujía frente al peso de los agentes, sobre todo mediáticos, de la mano invisible.

Este nivel de histeria se mantuvo hasta el miércoles, fecha en que una nutrida y cauta delegación de la Confiep y de la Sociedad Nacional de Industrias visitó al presidente electo (dicho esto sin pretender que las presiones alarmistas hayan desaparecido).

La importancia de la intermediación de los partidos se hizo notar también ese miércoles en las ponderadas declaraciones de políticos muy alejados de Gana Perú, como el pepecista Javier Bedoya de Vivanco y el aprista Mauricio Mulder. Porque, finalmente, la importancia de la democracia reside en que pone regulaciones al mercado, límites, distancia; en que, al no mimetizarse con el mercado, distingue a clientes de ciudadanos. Ese es el ámbito de la política, sobre todo en democracia y, por eso, es distinto el papel de los políticos del de los cabilderos, aquellos que trafican con influencias a partir de su cercanía a los grupos de poder.

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