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Cultivos de coca y narcotráfico en el Perú

Cultivos de coca y narcotráfico en el Perú

bll-articulo13-07-05-2011

Por Ricardo Soberón

La reciente aparición del Informe de Monitoreo de Cultivos de Coca (UNODC, 2010), al final del gobierno de Alan García, es la medición más objetiva que tenemos de la situación en la Selva Alta peruana, reconociendo que se trata de áreas dinámicas (aumento, abandono, renovación etc) y la situación que describe el documento, es una foto de solo un momento determinado. Es necesario un análisis sobre el escenario cocalero y los impactos de los programas del Estado y la cooperación internacional.

El Informe de la UNODC demuestra el crecimiento cuantitativo de los cultivos de coca en los cinco años del Presidente García, a pesar de los esfuerzos de erradicación del CORAH, Ministerio del Interior focalizados en el Huallaga. Se dice que de no haber existido este Programa,  el crecimiento de la droga producida sería mayor, pero no hay evidencias que así de automático es el comportamiento de los mercados ilegales; ellos también obedecen a la oferta y la demanda: 19 millones de usuarios, el 70% en Europa, 788 toneladas de cocaína producida (300 toneladas capturadas). Con el diferencial de precios (US$ 800 en chacra y US$ 25,000 en Europa por kilo de cocaína), no importa el monto de la incautación, destrucción y erradicación de droga, con tal que llegue al menos  las 488 toneladas anuales (187 a EE.UU y 117 a Europa) que llegan al mercado internacional (1).

En realidad, se merece una profunda revisión del mecanismo de interdicción basado en la erradicación compulsiva de cultivos. No ha sido eficiente sino en sus propias metas pactadas en el convenio bilateral y en los Planes anuales acordados, pero no ha incidido en la reducción de la demanda del mercado internacional y más bien, ha generado 21 conflictos sociales solo en el año 2010, creando una espiral violentista provocada por campesinos, grupos irregulares e incluso los “remanentes” de Sendero Luminoso, que obstaculiza la acción del Estado.

¿Podrían las organizaciones sociales, los Gobiernos locales, reemplazar procesos compulsivos y temporales, por mecanismos más permanentes y democráticamente distribuidos por cuencas para reducir las áreas sin violencia? Asunto a ser consultado con las regiones.

No creemos que se deban de mantener los programas basados en la erradicación compulsiva de coca como principal factor para combatir la Oferta. Más bien, la evolución de los cultivos está determinada por una cuestión del comportamiento de los mercados internacionales y rutas de transporte idóneas, para la droga que se produce en el país. Ese es el factor preponderante en la situación y evolución de los cultivos. Miremos la producción de coca en los Andes, desde 1999:

Año 1999 / Área 220, 600
2001 / 210,900
2003 / 153,800
2005 / 159,600
2006 / 156,900
2007 / 181,600
2008 / 167,600
2009 / 158,800
2010 / 149,100

La reducción del área geográfica de coca en los Andes en la última década, no ha repercutido en el gran mercado internacional de la cocaína procedente de América del Sur, incluso a pesar del aumento de la interdicción regional y mundial, según la droga producida, y los precios en la calle.

Otro caso de inexactitud, es el otro “triunfo” mostrado por el gobierno: la aparente des cocalización del Alto Huallaga, otrora el mayor valle cocalero del país, especialmente en la década de los 90. Sin embargo, esta no es tan cierta. Por un lado, persisten 13,025 hás en esa región, principalmente en los valles de Monzón y Tulumayo, así que no se trata de ninguna región des cocalizada, sino de una importante reducción del área geográfica, particularmente en las zonas de Tocache Uchiza. Por el contrario, persisten en muchas de sus comunidades modos y formas propias de una sociedad y economía ilícitas, como es el caso de Monzón, donde la acción del Estado es prácticamente nula.

Por el otro, no es sino otra manifestación del “efecto globo” por el que las áreas sometidas al cultivo de coca se han dispersado, hacia la selva misma, especialmente en Marañon y Putumayo, más cercanos a los laboratorios en territorio colombiano. Se sigue produciendo la invasión de la Amazonía por la colonización provocada por el narcotráfico y la erradicación se convierte en un factor de presión en este sentido.

En el caso del VRAE, se ha convertido en la región con menor atención institucional del Estado peruano y la que ha sufrido el aumento más evidente (muestra el fracaso del Plan VRAE). Dados los cambios ocurridos en el narcotráfico regional y nacional, la región del Alto Huallaga no es desde hace tiempo zona de interés prioritario para la producción de coca, PBC y clorhidrato de cocaína. El uso político de las cifras señala como factor positivo de la evolución del último año 21009/2010, la desaceleración del crecimiento de cultivos en el país, a pesar de su aumento cuantitativo. Es el mismo tipo de argumentos que usan en Viena para evaluar las estrategias globales. Lo que debe evaluarse, si no es mejor focalizar las acciones de interdicción en el control de los insumos hacia las zonas cocaleras, así como la salida de droga, antes que sacudir el panal de abejas (erradicar chacras).

Nota:

1. World Drug Report, 2011, UNODC

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