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Susana

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bll-articulo07-16-07-2011

Por Eduardo Dargent

Diversos analistas debaten sobre si es justo o no que Susana Villarán tenga una aprobación tan baja apenas seis meses después de asumir el cargo. Se discute cuánto ha pesado la prensa de derecha en instalar entre la población la idea de una alcaldesa ausente y ociosa.

Más allá de los varios errores iniciales, considero que esta fama es exagerada. Pero la discusión ya resulta irrelevante para la alcaldesa. La imagen de ineficiente y frívola se ha instalado en muchos ciudadanos. Y ahora la pregunta para Villarán es cómo sacársela de encima, no si es falsa o cierta.

Cuesta mucho cambiar estas percepciones. Un día de 1986, los limeños decidieron que Jorge Del Castillo era tonto y no hubo quien los hiciera cambiar de opinión. Sus imitadores hicieron carrera con el niño Jorgito. Poco importó que en los noventa Del Castillo fuera un hábil operador de la oposición.  Recién en la última década comenzó a ser visto de manera distinta (y no necesariamente más positiva).

Pero reinventarse en el corto plazo también es posible. En el 2006 Daniel Abugattas batió todos los récords de impertinencias. Se ganó a pulso la imagen de grosero. Cinco años después, gracias a una conducta muy distinta en el Congreso, se le percibe como un político dialogante y concertador.

¿Puede la alcaldesa revertir su imagen actual y hacernos olvidar los creativos apodos que hoy acumula? Difícil, pero el primer paso es reconocer que sí hay un problema de fondo en su relación con los limeños. Este problema no desaparecerá informando que sí está trabajando. Tampoco, culpando a los medios que la atacan. Sin duda, hay medios que están obsesionados con Villarán, pero no exageremos su influencia. Luis Castañeda fue golpeado durante todo el 2010 por las demoras en El Metropolitano o el escándalo de Comunicore, y su popularidad se mantuvo muy alta.

Creo que la clave de un cambio de timón pasa por reconocer que el estilo de la gestión actual molesta hasta el tuétano a muchos limeños que piden más pragmatismo y resultados. Más obras y menos floro. Más cemento y menos crítica a otros. Menos chalina y más casco de construcción (verde, si quieren).

La solución, entonces, pasa en parte por hacer lo que quiere la gente, que no es lo que quisiera la alcaldesa que quiera la gente (disculpen el trabalenguas). Democracia, le dicen. Habrá que subordinar otros objetivos para mejores tiempos. Más fácil decirlo que hacerlo, sin duda, pero en ello se juega su futuro político la alcaldesa Villarán.

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