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Transporte colectivo, el alma de la ciudad

Transporte colectivo, el alma de la ciudad

bll-articulo10-20-07-2011

Por Santiago Pedraglio

El ordenamiento del caos vehicular tiene más valor que elefantiásicas obras de cemento porque modifica un aspecto medular de la cultura de una ciudad. Una capital puede tener excelentes pistas y múltiples pasos a desnivel (bienvenidos cuando son necesarios), pero si persiste el caos vehicular se seguirá viviendo en el desorden generalizado e invirtiendo un tiempo precioso en, simplemente, trasladarse de un lugar a otro de la ciudad.

La voluntad de la alcaldesa de Lima de enfrentar el problema del transporte colectivo es una decisión política clave que afectará, de manera decisiva, su gestión municipal. El reto es enorme y hará falta coraje para llegar hasta el final. No es un asunto simpático enfrentar los paros de transportistas, incluso teniendo a la mayoría de los usuarios a favor del cambio. Sin embargo, como dicen algunos viajeros, uno conoce el grado de institucionalidad de un país por cómo funciona la calle y por cuán organizados estén el tránsito y el transporte colectivo. Además, resolverlo de manera positiva tendrá benéficas consecuencias no solo en la vida de los limeños, porque servirá para que ciudades como Trujillo, Iquitos, Chiclayo o Arequipa sigan el ejemplo, tomando en cuenta sus peculiaridades.

El orden vehicular está íntimamente vinculado, además, a la seguridad ciudadana. La racionalidad en el transporte colectivo ayuda a garantizar la vida de las personas y mejora su cotidianidad: menos tiempo para llegar al trabajo, mejores condiciones de viaje, respeto a las rutas, recojo de pasajeros vulnerables (escolares, por ejemplo).

El proceso de ordenamiento y modernización tiene múltiples aristas, como la reorganización de las empresas de transporte y su fortalecimiento, la adquisición de nuevas unidades, la aprobación del 'bus patrón’ y de los topes de contaminación, el pago puntual de las papeletas, el bono del 'chatarreo’ para impulsar el 'reciclamiento’ de los propietarios. En Santiago de Chile, Bogotá y Quito, donde este proceso se ha producido de manera gradual, y no sin dificultades, pero inexorablemente, las unidades de transporte colectivo tienen un tiempo máximo de vida útil.

En gestiones anteriores del municipio de Lima también se supo combinar orden con democracia. Alberto Andrade, con la oposición de Alberto Fujimori, ordenó el comercio informal dando alternativas viables. Experiencias como esta deben servir para que la gestión municipal de Susana Villarán haga posible que se entienda, en términos prácticos, que el orden no necesariamente está vinculado a la “mano dura” y al autoritarismo, sino al ejercicio de la democracia, respetando derechos y exigiendo conductas responsables.

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