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Tecnocracia

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bll-articulo04-23-07-2011

Por Eduardo Dargent

Tal vez porque crecí en los ochenta estoy entre los que se alegra cuando se nombra un tecnócrata ortodoxo en el MEF. Las obras faraónicas de Belaunde y la total irresponsabilidad de García el joven muestran en qué medida el MEF carecía de dientes para frenar los excesos políticos de esos años. Basta leer los pobres CV’s de los ministros de economía del primer gobierno aprista para entender la monumental irresponsabilidad a la que se llegó en el manejo económico. Lo que hoy son reglas económicas de sentido común no lo eran dos décadas atrás.

 La tecnocracia que gobierna el MEF desde los noventa trajo algo positivo al Estado: prudencia. En términos generales, el MEF actual es más capaz de limitar un manejo políticoelectoral de la economía. Sin duda, el actual modelo de desarrollo y el manejo económico tienen problemas, pero pocos negarán que hay aspectos cruciales a mantener.

Sin embargo, incluso reconociendo lo positivo de la continuidad, considero que el MEF de Luis Miguel Castilla debe ser diferente al de sus predecesores. En eso se juega su legitimidad el gobierno, y espero el Ministro Castilla lo entienda.

¿Por qué este MEF debe ser distinto? Dos décadas de políticas de apertura han creado un sector empresarial muy poderoso, principalmente los sectores mineros, exportadores y financieros. Estos sectores tienen un enorme acceso a los centros de decisión económica del Estado. Es muy común que ex funcionarios del MEF terminen siendo empleados y voceros de estas empresas (si es que no lo eran ya, al asumir sus cargos). Estos voceros, algunos incluso sin pergaminos técnicos, pontifican sobre reglas económicas inamovibles que suelen coincidir con lo que interesa a la gran empresa.

Esta concordancia de opiniones entre tecnocracia y gran empresa deslegitima a la primera. Es sospechoso que el bien común defendido por la tecnocracia sea con frecuencia igual al interés de estos grupos económicos.

Una parte importante de la población ha votado por Ollanta Humala, precisamente, para lograr una mayor distancia entre el Estado y la gran empresa. Muchos ciudadanos perciben, con razón o sin razón, que esta cercanía es la causa de que los beneficios del crecimiento no les lleguen. He pasado esta semana en Cusco, donde los nombramientos económicos de Humala han sido recibidos de muy mala manera, como evidencia de que una supuesta captura del Estado se mantiene.

El MEF de Castilla y el nuevo gobierno, en general, deben combatir esta imagen. Manteniendo un control prudente sobre la economía, deberá ser más proactivo en estimular capacidades de gasto y mostrar que existen diferencias entre Estado y empresa. Parte de ello pasa por lo simbólico: el ministerio debe dejar de ser un cuco arrogante y distante para las regiones. Y, por su parte, la empresa privada haría bien en considerar que un ministro de economía más distante que le brinde mayor legitimidad al Estado es, paradójicamente, la mejor garantía para sus intereses de mediano y largo plazo.

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