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Santos

La salud pública, otro tema pendiente

bll-articulo11-11-08-2011

Por Eduardo Dargent

Juan Manuel Santos completa su primer año como Presidente de Colombia, con una aprobación del 70% (Ipsos). Ha logrado lo que parecía imposible a inicios del 2010: que buena parte de los colombianos olviden al ex Presidente Álvaro Uribe. Santos tiene contentos a la mayoría de sus votantes uribistas y, más sorprendente, también a buena parte de quienes no votaron por él. ¿Cómo lo ha logrado?

Pues, demostrando que se podía mantener lo bueno del gobierno de Uribe pero corrigiendo sus defectos. Santos no dudó en moverse al centro, un lugar cómodo para gobernar, como lo han demostrado otros líderes en América Latina. Si bien mantiene la mano dura contra las FARC, ha hecho cambios de fondo con respecto a su predecesor.

Para comenzar, es un líder menos personalista, un jugador de equipo, lo cual ha caído bien en la opinión pública. Mejoró las tensas relaciones con Ecuador y Venezuela, muy civilizadas desde hace meses. Incorporó el tema de los Derechos Humanos a la agenda del Gobierno, promoviendo leyes de reparación y justicia. Ha criticado y tomado acciones contra la corrupción, especialmente los legados clientelistas del esfuerzo reeleccionista de Uribe.

Pero lo más importante parece ser su giro social. Santos reconoce a la desigualdad como una gran deuda de las élites colombianas. Al inicio de su mandato indicó que quisiera ser recordado como una suerte de F.D. Roosevelt, por construir un contrato social más sólido con los excluidos. Sus actos demuestran que no se trataba de palabras vacías. El Gobierno ha nombrado a tecnócratas de lujo a cargo de los temas sociales y se ha impuesto una ambiciosa agenda de reducción de la pobreza.

El ex Presidente Lula, de visita en Bogotá esta semana, resume así el éxito de Santos: “La lección que le está dando a toda nuestra América es que quien vence una elección (…) no puede dedicar una parte de su triunfo a pelearse con la oposición o con otros, sino que tiene que dedicarse a construir la paz”. Santos amenaza en convertirse en una suerte de Lula de derecha.

No todo es reconocimiento, claro. Se mantienen serios problemas en varios frentes, desde el sistema educativo hasta varios temas pendientes referidos a los derechos humanos. Los críticos resaltan que hay más promesas que actos. Pero en un año Santos se ha desmarcado de la derecha más dura, y ha quitado varias de sus banderas a la oposición. El 2014 es casi seguro que Santos tiente la reelección, y como van las cosas parece que será el favorito.

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