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Pocho, un hombre de partido

Pocho, un hombre de partido

bll-articulo09-29-08-2011

Por Santiago Pedraglio

Conversé con Javier Pocho Tantaleán hace solo unos meses. Sin saber que sería nuestro último diálogo, me quedó grabada una amarga queja que repitió, a modo de pregunta, en los veinte minutos de charla telefónica: por qué los medios de comunicación presentan a los apristas como corruptos consumados. Qué duro debe ser para un militante honesto, pensaba mientras lo oía, verse depositado en el mismo costal que aquellos que acomodan el partido –y al gobierno– a sus intereses personales, económicos o de cualquier otra índole. Tantaleán esgrimía apasionadamente, contra la generalización, la entrega de apristas que, como él, habían dado su vida al partido sin osar levantarse un solo centavo.

Pocho era un militante respetable y serio; alguien en quien se podía confiar. Su militancia era, además, un lugar desde el cual reflexionaba sobre el Perú para actuar de acuerdo con esas reflexiones. Como es obvio, porque en política no cabe la ingenuidad, al ser un militante también evaluaba lo que acontecía en términos de poder y de los beneficios que podía lograr para la mejor ubicación de su partido en el panorama nacional.

Tuvimos numerosos encuentros y casi en todos discrepamos con afabilidad. Amplio de pensamiento, más de una vez me invitó a las escuelas de formación de su partido. En una ocasión, más o menos cercana, me convocó a debatir sobre la teoría del 'perro del hortelano’ del ex presidente García. Tuve que lidiar 'democráticamente’ con los otros tres panelistas, todos militantes del Partido Aprista. Terminado el desigual encuentro, nos reímos bastante. “No está mal que hayas criticado a la derecha del gabinete”, comentó. En medio de un intercambio de pullas, añadió algo así como “tienes que entender que, ahora, los apristas somos unos socialdemócratas algo confundidos…”.

Pocho reconocía la importancia del diálogo. Así como fue un buen hijo de militar que entendía los códigos de comunicación castrense, podía explicar cómo funcionaba un militante aprista y cómo había que entenderlo, sin dejar de estar abierto a debatir con una izquierda a la que él respetaba, a pesar de su debilidad orgánica, por representar, aunque fuese desorganizadamente, a una corriente de pensamiento político y social del país.

Dicen sus amigos que fue alanista al mismo tiempo que aprista. No me consta; sin embargo, cuando lo escuché me sorprendió más aún que una persona con sus cualidades intelectuales –era un serio historiador económico– y con su trayectoria en el partido no hubiese sido convocada a un cargo importante durante el gobierno que pasó. ¿Será que gente como Pocho no entraba en el perfil de dirigente aprista que García tiene en su pensamiento?

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