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Gabinete Lerner: un Estado para el cambio

Gabinete Lerner: un Estado para el cambio

bll-articulo10-31-08-2011

Por Santiago Pedraglio

Inevitable un primer apunte sobre la exposición del primer ministro y su gabinete: lograron la aprobación de todos los sectores, con la única excepción del bloque fujimorista. Sin ilusionarse con que este consenso se mantenga incólume, queda claro que con algo de voluntad política se pueden impulsar esas modificaciones al manejo del país que tanta controversia y resistencia generaron en los últimos años, sobre todo de parte de los propios gobernantes de aquel entonces.

Lo ilustra bien el caso del impuesto a las sobreganancias mineras (sea cual fuere el nombre que se le haya puesto): para el gobierno aprista –y otros sectores que lo apoyaron–, darle el pase equivalía a quebrar preceptos centrales del 'evangelio’ proinversión y, por lo tanto, a una dramática retracción de la inversión minera en el país. Ahora la decisión ha sido adoptada de manera consensuada con los empresarios, por supuesto no sin los forcejeos del caso. Lo mismo ha sucedido con el destino del Lote 88 del gas de Camisea, el incremento de la voluntad de gasto y el cumplimiento de objetivos más elevados en relación con algunas políticas sociales.

Queda claro que el escenario político peruano no ha ingresado en una fase de caos ni catástrofe, como algunos vaticinaban de manera antojadiza. ¿Cuál ha sido la clave? Modificar ligeramente el vértice de la política peruana, tan inclinada a la derecha en los últimos veinte años, hacia el centro político. Nada más y nada menos que eso. Incluso el fantasma de la reforma constitucional ha desaparecido, sin que se haya dejado de lado que el Estado tenga un papel más activo y regulador. La función recién empieza, ciertamente, y ahora, como se pedía, el gabinete se ha puesto metas que servirán para tomarle cuentas.

Los desafíos más importantes del gabinete de Salomón Lerner Ghitis son principalmente dos: mantener la voluntad de cambio moderado y poner el incompetente (y bastante corrupto) aparato estatal al servicio de los propósitos definidos. Programas como Pensión 65 y cualquier otro de similar carácter, así como el propósito de cerrar brechas que son intolerables para un Perú del siglo XXI, solo podrán ser llevados adelante de manera exitosa si el Estado, en sus tres niveles de gobierno, tiene capacidad para construir la sintonía adecuada. De lo contrario, la ineficiencia en el gasto, la inercia de una administración pública acostumbrada a la ley del menor esfuerzo, el clientelismo y la permeabilidad a la corrupción pueden traerlo todo abajo. Se trata, pues, de voluntad política y del desarrollo de una enorme capacidad de gestión.

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