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Democracia con guachimán

Democracia con guachimán

 op-guachimanPor Nicolás Lynch

Dos hechos recientes: la amnistía encubierta a los acusados de violación de derechos humanos, Alan García incluido, y el intento de la derecha toda de excluir a cualquier opción de izquierda del escenario electoral son una renovada expresión de la precariedad de nuestra democracia. Ninguna de las dos medidas es nueva y ya la dictadura de Fujimori y Montesinos intentó las dos sin éxito.

Pero el problema no es que vayan a persistir en el tiempo, sino el daño que le va a causar al país esta regresión y el desgaste institucional que va a ocurrir para su indispensable corrección.

La amnistía es un horror en sí misma, claramente contraria al orden jurídico como han demostrado diversos constitucionalistas. Pero, lo que es peor, significa esconder la basura debajo de la alfombra en lugar de ponerla a buen recaudo. Un antiCVR que apuesta por el aparente olvido contra la memoria en el afán de construir la paz de los cementerios, sustentada en el miedo y el silencio. El ejemplo argentino debería servirnos de algo. La ley de "obediencia debida" de Alfonsín en los ochentas y la amnistía de Menem en los noventas prolongaron el duelo de toda la sociedad por los crímenes de la dictadura de Videla y recién en años recientes, tres décadas después y con un enorme resentimiento de por medio, se puede juzgar ordenadamente a los asesinos.

Los intentos de excluir a la izquierda tampoco son nuevos. La dictadura nos tildó a todos de terroristas y ahora vuelven con las mismas. Lo que quieren es una democracia en la que ellos sean los guachimanes que deciden quién entra y quién no. Eso es inaceptable porque trasgrede el pluralismo, principio básico de cualquier régimen democrático que pueda llamarse tal. Las coaliciones, por lo demás, se dan en torno a programas no en torno a pasados y lo que se condena en el Estado democrático de derecho son delitos debidamente tipificados y no ideologías.

Estas cortapisas, sin embargo, nos hacen ver que se nos quiere imponer una democracia recortada a la medida del capitalismo de amigotes que impulsa el gobierno de turno pero que respaldan los candidatos intercambiables que van de Keiko y Castañeda a Toledo y Lourdes Flores. Lo bueno es que estos brulotes nos hacen ver, una vez más, que necesitamos una democracia en la que quepamos todos y no solo los escogidos por el gran capital.

www.nicolaslynch.com

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