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La policía necesita cambios simbólicos

EL BALANCE HISTÓRICO DE LA INSTITUCIÓN

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La Policía necesita

cambios simbólicos

El 30-S revela una crisis institucional estructural que viene desde hace 30 años. Su autonomía y fragmentación hicieron que su desarrollo histórico no guarde relación con los procesos de cambio del país.

30S-policias18Los hechos del 30 de septiembre del 2010 pusieron a la institución policial en la palestra pública y social. Dejando serios cuestionamientos sobre su labor y futura responsabilidad ciudadana. Un análisis de la Policía desde su estructura y organización fue lo que realizó Fernando Carrión, experto en seguridad de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), en una entrevista realizada el 28 de septiembre de 2011 para la Radio Pública que se recoge a continuación. Los hechos ocurridos el 30-S no son de tipo causal, responden a una crisis estructural de la institución de larga data que se pueden identificar
en dos momentos clave. El primer momento se da en 1979 cuando el país retornó a la democracia, luego de la dictadura militar. En el proceso se tomó en
cuenta solo a las Fuerzas Armadas, mas no a la Policía. Y es que las Fuerzas Armadasdebían retornar a la democracia y ser transformadas, por ser las causantes de los golpes militares.
Esta falta de intervención en el proceso democrático hizo que la Policía tenga cierta autonomía, formándose desde los 80 en un cuerpo muy fuerte que se ha desarrollado hasta ahora así. La independencia de la institución le daba personalidad propia, personería jurídica, con sus normas y propios recursos, a diferencia de las Fuerzas Armadas que dependían del Ministerio de Defensa. El segundo momento se da en los 90. El país comienza a jugar un rol protagónico a partir de la implementación del Plan Colombia en el 2001, la integración de las áreas de producción empiezan a articular los carteles de México.
Así Ecuador se ubica en el contexto internacional del narcotráfico y entra en una lógica de presencia de mafias y organizaciones criminales que empiezan a calar hondo en la sociedad nacional e incluso en el mismo Estado. Con este escenario en el 2003 se produce un aumento vertiginoso del número de efectivos policiales, prácticamente desde ese año al 2006 se triplica el número de policías. En el 2004, la misma Policía decide establecer como política la modernización de la institución. Recién en el 2007 el gobierno de la época le asigna recursos económicos: 330 millones de dólares, a cargo del Ministerio del Interior. Los recursos fueron invertidos en 30.600 armas block, chalecos, vehículos, motos, etc.
La masiva incorporación de policías y su autonomía dio lugar a ciertas distorsiones y hasta, se dice, la filtración de las mafias locales. Grupos de élite importantes, como el GAO, operaban por su cuenta. Es decir, la Policía no solo actuaba independiente del Estado y la sociedad, sino que también al interior de la propia institución estos grupos actuaban sin control. La cooperación internacional de distintos países juega un rol clave con el privilegio del combate a cierto tipo de delitos. Por ejemplo, se pone en ese tiempo en agenda el terrorismo, coyoterismo y narcotráfico. Paradójicamente el Ecuador no tenía ampliamente este tipo de delitos, pero en la Policía se formaron grupos dedicados a esos problemas y con muchos recursos. 
La Policía, con respecto a los delitos, gana autonomía frente al poder público y al interior pierde coherencia por el aparecimiento de estos grupos de élite que actuaban, prácticamente, de manera discrecional. Además, la institución tiene un conjunto de funciones: turismo, migración y tránsito. Y estas acciones paralelas contribuyeron también a la alta fragmentación estructural.
La evolución histórica de la Policía Nacional caminaba a un ritmo distinto del proceso de transformación del país y del proceso real de los delitos acorde a la sociedad. Así perdió piso y legitimidad. En este escenario, el nuevo gobierno llega y actúa en dos frentes, dejando a la Policía en stand by. Por un lado entra con sus políticas específicamente con la creación del Ministerio del Interior, que se dedicaba a la seguridad y al vínculo con la Policía. Y segundo, se decide suprimir la autonomía de la institución y pierde esa condición de ente con personería jurídica, por lo que se subordina al poder político. Estos cambios, entre otros, causaron la revuelta del 30-S.
  
Luego del fallido golpe, la institución queda así: se abrió una fractura con el mando cívico y político debido a que no se respetó a su Ministro del Interior, primero, y al Primer Mandatario. Ocurrió un conflicto con las Fuerzas Armadas, que llegó y en 20 minutos solucionó el problema. Y, finalmente, el conflicto con la ciudadanía. Es decir, la Policía después del 30 de septiembre queda muy mal parada con este conjunto de conflictos a su alrededor. Ahora ¿Cómo reconstruir su posición institucional?
  
Se necesita una nueva Policía consensuada desde su interior, ya no con la propuesta de modernización con más armas, sino con una nueva estructura y composición social que incluya diversidad de género y equidad; que no sea solo la Policía de los blancos, mestizos y hombres; con una nueva nomenclatura de las jerarquías y una nueva infraestructura, que ya no sea bajo la estructura militar, de cuarteles y regimientos. Hay que dignificar la profesión, con cambios significativos y simbólicos: dejar de lado el camuflaje de guerra, como uniforme, hay que implementar otro, que no denote que el policía está en guerra. Se requiere un gran consenso nacional para que en este proceso de transición a la democracia la Policía sea partícipe y no sea dejada de lado, como sucedió en los 80. 

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