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Hombres de mar

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Por Antonio Zapata

Con ese título, pocas semanas atrás, ha aparecido una novela sobre la pesca industrial en el Perú contemporáneo. Escrito por Óscar Colchado, este relato se ubica en Chimbote y vuelve a recorrer la larga tradición literaria de este famoso puerto pesquero. Esa narrativa regional comenzó con la obra de José María Arguedas El zorro de arriba y el zorro de abajo y encuentra en la obra de Colchado una digna sucesión.

El tiempo de la novela es muy vasto, los mitos mochicas enlazan la partida y el final, mientras que otros personajes se proyectan hasta nuestros días, destacando los narcotraficantes, que incursionan en la pesca para encontrar rutas para la droga por el ancho mar peruano. Aunque el acontecimiento central de la novela es la huelga de pescadores de 1976, que definió el rumbo de la Segunda Fase del gobierno militar.

En 1973, el general Velasco había expropiado la pesca industrial, incluyendo las operaciones de mar y las fábricas en tierra. Pero, era mala época para la industria pesquera, porque se había producido un colapso biológico. En efecto, la sobrepesca había destruido la capacidad de las especies para reproducirse y, por varios años seguidos, se había roto el equilibrio de la vida en el mar.
Adicionalmente, un fenómeno El Niño de moderada intensidad terminó de generar el desastre. Por ello, inmediatamente después de la expropiación y, por casi 15 años, se redujo considerablemente la pesca de anchoveta. El Estado expropió una industria en colapso.

Por otro lado, se trataba de empresas con elevada deuda bancaria. La instalación inicial de las fábricas y la constante renovación de la flota habían demandado una inversión elevada y periódica, que se traducía en dependencia con respecto al sector financiero. Así, la expropiación hecha por Velasco salvó a la industria de la quiebra.

Pero a Morales Bermúdez se le vino el mundo abajo. Tenía deudas por pagar y el sector no funcionaba porque no había materia prima. Por ello, ensayó la primera privatización después de las estatizaciones velasquistas. El adelantado del neoliberalismo era bastante modesto. Se trataba de las bolicheras, que el gobierno ofertó a los trabajadores, invitándolos a formar cooperativas. Pero la mayoría de pescadores rechazó la privatización y comenzó una prolongada huelga.

Esa es la trama de la novela: la convulsión social en todos los estratos de Chimbote durante la gran huelga de pescadores de 1976. Sucede que el trabajo en el mar está lleno de incertidumbre y tanto puede realizarse como frustrarse, el éxito es aleatorio, no depende exactamente de uno; además, los meses de faena pueden ser menos que los de para.

Como la incertidumbre desgasta, la gente prefería la seguridad de la empresa estatal y no estaba dispuesta a perder sus beneficios. Además, la defensa de los pescadores era causa común de estudiantes y trabajadores que colaboraron con el movimiento. También están retratados sus enemigos, por ejemplo, los integrantes del Movimiento Laboral Revolucionario, MLR, que trabajaban para el gobierno con métodos lumpenescos.

Por último, Colchado ha construido un relato político sobre las peripecias de la izquierda clasista, que era revolucionaria en un estilo muy distinto al de Sendero Luminoso y la guerra popular. En esa época se pensaba que la revolución surgiría de la huelga de masas, un tipo de experiencia que, combinada con elecciones, podía llevar al gobierno, postergando la guerra para una eventualidad posterior. Pero los sucesos originados por Sendero identificaron revolución con terrorismo, aunque los caminos de los años 1970 eran bastante distintos. Esta novela ventila los sueños que teníamos despiertos quienes creíamos en el clasismo de entonces.

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