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Wilfredo, el personero

 

Wilfredo, el personero

op-deberPor Wilfredo Ardito Vega

Uno está acostumbrado a que los políticos mientan sobre sus bienes, su familia o su pasado. Pero cuando Lourdes Flores, la noche del último debate, se puso a decir que Peru Support Group era una organización terrorista, me pareció que una persona tan inescrupulosa jamás debería ejercer un cargo público.

Decidí entonces ser personero por Fuerza Social, para ayudar a garantizar el triunfo de Susana Villarán. Sin embargo, confieso que los candidatos distritales me inspiraban mucho menos entusiasmo.

  • ¿Por quién estará bien votar en Lince? -me preguntaba una amiga que, como yo, no vive en ese distrito, pero vota allí.
  • Hay que tratar que siga Martín Príncipe –respondí yo... y después me di cuenta que estaba haciendo propaganda para el partido de Lourdes Flores en pleno mitin de cierre de campaña de Fuerza Social.

Mi preocupación en Lince era que no regresara a la Alcaldía César Gonzales, quien tanto daño le hizo al distrito durante su errática gestión y ahora postulaba en el partido de Kouri.

Entre los candidatos distritales de Fuerza Social, me parecía que destacaba Carlos Alza, quien aspiraba a la Alcaldía de Pueblo Libre y tiene muy buen manejo de políticas públicas, honda preocupación social y valores muy humanos. Seguramente por eso, muchos de quienes se ofrecieron para ser personeros en Pueblo Libre venían como yo, de otros distritos, como Miraflores, Breña o Comas. Sin embargo, Alza no la tenía fácil: debía competir contra Rafael Santos, el actual Alcalde, que gozaba de bastante reconocimiento en el distrito.

Me asignaron dos mesas en el Colegio Las Canonesas de la Cruz, ubicado muy cerca del entorno monumental de Pueblo Libre. Llegué antes de las 7 y media de la mañana, cuando todavía los miembros de mesa no habían ingresado. Me llamó la atención un grupo de personas reunidas en torno a un tipo joven y gordito, que portaban un escapulario del Señor de los Milagros en la solapa: eran los personeros del PPC.

Alrededor de las ocho, los integrantes de la Marina nos permitieron ingresar, pero las dos mesas que debía observar (y una más que entonces me asignaron) no se instalaron hasta pasadas las nueve, lo cual generó mucha tensión entre las personas que habían llegado temprano, con la intención de votar.

Inicialmente, me habían dicho que yo debía pasar el día como en un retiro de silencio: sin hablar ni con miembros de mesa, ni con los votantes, ni con los demás personeros. Sin embargo, creo que nadie cumplió estas estrictas disposiciones, a veces los miembros de mesa tenían dudas sobre su labor y muchos electores necesitaban orientación para llegar hasta su mesa. Mientras conversaba con uno de los personeros del PPC, él señaló una foto de Susana Villarán en un periódico:

-¡Ella se la lleva! –comentó en voz baja, pero entusiasta.

En un principio me sorprendió, pero después me di cuenta que los personeros del escapulario eran trabajadores de la Municipalidad de Pueblo Libre, que actuaban por obligación o por algún estímulo económico.

-¿Cuánto te están pagando? –me preguntó uno de ellos.

A mediodía, salí del colegio para ir a votar a Lince y a almorzar. Regresé en un ómnibus atestado de personas que apenas tenían una hora para llegar a sus centros de votación. A las cuatro de la tarde, comenzó el conteo y, pese a que la radio y la televisión anunciaban que Fuerza Social estaba ganando, en las tres mesas que observaba yo hubo una marcada ventaja de Lourdes Flores sobre Susana Villarán. Como había ocurrido con mi propio voto en Lince, muchas personas que habían votado por esta última escogieron candidatos muy diferentes en Pueblo Libre, en muchos casos el propio Santos.

Durante el escrutinio, no vi ninguna irregularidad, pero creo que hubiera podido ocurrir de no haber estado yo. Uno de los miembros de mesa, prepotente y agresivo, se puso a leer las cédulas, hablando rápido y se molestaba si uno quería verlas.

-¡Acá hay tres mapas! –exclamó hacia el final –¡Y lo recalco porque este triunfo me pone feliz! -añadió, dirigiéndose con sorna hacia mí.

Finalmente, el Presidente de Mesa, le exigió que se comportara mejor.

Al regresar a mi casa, sentía mucha preocupación por la victoria de Susana Villarán, frente a la posibilidad que se pudieran manipular los resultados, como ocurrió en el año 2000. Pese a ello, quedé muy contento cuando supe que Gonzales no había ganado en Lince. También me causó mucha satisfacción saber que en San Isidro, no había ganado el arrogante Jorge Salmón, recordado por haber llenado el distrito de monumentos grotescos, uno de ellos, nada menos que en homenaje a Fernando Belaúnde.

Con esos pensamientos, me fui a dormir. Pensé que, aunque Alza no había ganado y el resultado provincial todavía estaba en la incertidumbre, había cumplido con mi deber.

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