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El profeta desterrado

El profeta desterrado

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Por Carlos Leon Moya

Carlos Tapia es a nuestra izquierda lo que Julio Cotler es a nuestras ciencias sociales: su fama de predecir el futuro y "verla" antes que todos puede ser medida con las veces que se admite, años después, que el loco tenía razón. Su olfato de viejo zorro anuncia una tormenta cuando el resto señala el día soleado en ropa de baño.

Carlos Tapia apoyó a Ollanta Humala cuando un sector de la clase media limeña lo quería crucificar vivo en su centro de votación, cuando los jóvenes de la Católica cambiaban su voto de Villarán a Lourdes Flores para evitar una segunda vuelta entre él y Alan García. Carlos Tapia apoyó a Ollanta Humala mientras algunos activistas de derechos humanos lo llamaban traidor, mientras Luis Castilla y sus amigos marcaban la estrella en segunda vuelta. Cuando los técnicos e intelectuales del centro hacia la izquierda mostraban reticencia y desconfianza hacia Humala, cuando a algunos de ellos se les escapaba la nariz respingada y la mueca engreída, allí estaba Carlos Tapia para brindarles confianza y servirles de garantía.

Carlos Tapia tenía también reticencias al interior del Partido Nacionalista. Para algunos era ajeno al proyecto, no era un "verdadero nacionalista" sino un advenedizo de izquierda que traía a sus amigos con él. En general, Tapia se gana reticencias a dónde va. Así ocurre con los trascendentes.

Carlos Tapia presentó alrededor del 2008 una propuesta llamada Gran Alianza Nacionalista, más conocida como Gana Perú. Ir más allá del PNP, buscar más allá de la izquierda, agrupar a intelectuales independientes, tentar incluso un pie en el centro. La idea no obtuvo mucho apoyo. Resistida por la izquierda y por el propio PNP, fue desechada y de ella solo quedó el nombre. En las elecciones subnacionales del 2010, Gana Perú fue una caricatura. Sin embargo, en las elecciones presidenciales del 2011 Gana Perú fue convirtiéndose en eso que Tapia había dicho que debía ser. Los réditos, ciertamente, no recayeron en él.

 

They tried to make me go to rehab
I said "no, no, no"
Winehouse – Rehab.

 

Es verdad, Carlos Tapia tiene una facilidad increíble para irse de boca. Se peleó con Rosa María Palacios como si ella fuera Javier Diez Canseco y Prensa Libre el Congreso del PUM de 1987. Aún así, sus declaraciones sinceras y directas se vuelven deliciosas en medio de políticos que farfullan tautologías o son la caja de resonancia del líder de turno.

Y no querían que Tapia hable.

Es verdad, Carlos Tapia se fue de boca. Dijo que eran los "felipillos" del país, y no los inversores extranjeros, quienes buscaban condiciones exageradamente favorables para las empresas mineras. Lo dijo en medio del fuego de Conga, cuando el Presidente de la República se puso en una posición que más que neutral es un guiño a Yanacocha, cuando un sector del gobierno quiere sacar adelante el proyecto. El guante lo recogió Felipe: Felipe Belisario Wermus, más conocido como Luis Favre, quien está a favor del proyecto minero.

Para Carlos Tapia, "es un gravísimo error franelear simplemente a los líderes. Hay que hablar con voz franca, clara, directa". Además, "se confunde la lealtad con el franeleo". Según la Presidencia del Consejo de Ministros, el pedido de renuncia a Tapia no fue formulado por Ollanta Humala sino por Salomón Lerner Ghitis, debido a que sus comentarios "en repetidas oportunidades" no ayudaban a los propósitos de la PCM. Según Luis Favre, la calumnia y la mentira son "lo propio de pusilánimes y traidores". En una más de las ironías de la política peruana, el principal artífice del nuevo Humala llama traidor y lanza pesticida a quien puso en la hoguera su prestigio para defender al viejo Humala, el radical e inflamable, el antiguo terror de las señoritas sanisidrinas.

Todo hace indicar que en este "gobierno de concertación nacional" el espacio para la disidencia es mínimo. Un gobierno de ancha base pero con una sola voz. La izquierda –o "ultraizquierda", en palabras favrianas- en el gobierno tiene escaso poder real para defender sus puestos, y se gana pullas e indirectas cada que dice algo que contradiga a Humala. Una declaración pública bien puede lograr el pulgar abajo del César, y esta izquierda no tienen nada para presionarlo: ni partidos ni organizaciones sociales. Solo le queda pedirle a Humala que cumpla su palabra como quien pide a la virgen que le cumpla un milagro. Tiene un pedacito del gobierno, y no tiene poder.

El enfrentamiento abierto pero silencioso entre la izquierda y el asesor presidencial es ahora conocido. En pleno estallido social en Cajamarca, el gobierno le pidió la renuncia a quizá la persona más indicada que tenía en sus filas para solucionarlo. Humala no tiene un partido ni operadores políticos, y su consultor en comunicaciones no puede hacer mucho con los conflictos ni con la decepción que va generando en el interior del país.

Y no querían que Tapia hable.

Para algunos Tapia está loco, pero no paranoico. La denuncia de seguimiento por parte de militares es tan surreal que parece verdad. Para otros Tapia es un profeta, pero todo don comporta siempre una maldición: nadie puede serlo en su tierra. Carlos Tapia es hoy un profeta desterrado.

Comments  

 
#1 Octavia 2011-12-13 15:55
Acabo de leer tu mensaje por facebook.
No si si fue a propósito o no, viniendo de ti... supongo que sí. 8 de diciembre.
 

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