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Demagogia vs. responsabilidad fiscal

 

Demagogia vs. responsabilidad fiscal

op-demagPor Pedro Francke

Muchas ofertas se hicieron en las pasadas elecciones. Algunas de ellas capturaron mucho la imaginación y el deseo de los ciudadanos, pero eran muy poco realistas. Lourdes Flores, por ejemplo, proponía un metro subterráneo para Lima, sin informar que el costo de una obra de ese tipo es de alrededor de 6,000 millones de dólares, cifra muy superior a lo disponible para la municipalidad.

Al mismo tiempo, por cierto, callaba ante el irregular contrato de la llamada Línea Amarilla, que ni siquiera figuraba en el Plan Vial Provincial pero que de realizarse se llevaría una tercera parte de los ingresos que la municipalidad obtiene por peaje. Es decir, Lourdes Flores defendía la pérdida de cientos de millones en ingresos municipales y al mismo tiempo proponía realizar una obra multimillonaria, olvidándose que, como decía su maestro Milton Friedman, "no hay lonche gratis".

Demagogia es el nombre adecuado para estas propuestas que no podrían llevarse a cabo por falta de recursos. Esta demagogia es la que ilustra sarcásticamente ese genial vals de Serafina Quinteros: "Las carreteras correrán solas, buques y aviones en pelotón, y las corvinas, sobre las olas, nadarán fritas con su limón".

La cuestión de fondo es como equilibrar las crecientes necesidades de acción pública con el cobro de impuestos, para lo cual se requiere reformar el sistema tributario. La candidatura de Susana Villarán propuso algunos mecanismos adicionales de recaudación, a partir del cobro de impuestos a la llamada plusvalía urbana, es decir a las ganancias especiales obtenidasdas por la especulación del suelo urbano.

En el Perú, esta parece ser una característica nueva de las diferencias entre izquierda y derecha. Cuando se trata de elecciones, la derecha peruana es fiscalmente demagógica: no propone nada para recaudar más pero igual promete obras millonarias. Izquierdistas como Evo Morales y Rafael Correa, en cambio, modifican contratos petroleros, logran mejores ingresos para su país y mantienen cautelosamente superávits fiscales. Pero no sólo ellos; en la latinoAmérica de hoy, hasta Sebastián Piñera, el derechista presidente de Chile, está cobrando más regalías a las empresas mineras para promover el desarrollo social. En nuestro querido Perú, en cambio, las propuestas de cobrar más impuestos a ganancias extraordinarias son recibidas con una gritería brutal y demagógica desde los medios derechistas.

Reclamar que cada candidato presente un presupuesto detallado de ingresos y gastos de su plan de gobierno es, en la actualidad, pedir demasiado. Eso no se exige ni en los países desarrollados. Pero exigir un mínimo de responsabilidad fiscal es fundamental. Si se proponen más proyectos y mejoras, algo debe decirse respecto de dónde saldría el dinero. Si no, es pura demagogia.

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