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El método Conga

El método Conga

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Por Carlos Reyna

Cuando el gobierno militar, la primera fase duró siete años. Esa fue la de los arrestos reformistas del general Velasco. La segunda fase fue la del desmontaje de las reformas y los estados de emergencia, con el general Morales Bermúdez al mando.

Alguien podría decir que el reciente cambio de gabinete, por su naturaleza y rapidez, ha dejado al actual gobierno prácticamente sin ninguna fase reformista. En pocos meses habría pasado de frente a su propia segunda fase de conservador idilio con la inversión.

Es posible que esto no hubiera pasado tan rápido si el aplacamiento del conflicto Conga hubiera sido dialogado, y no impuesto por un Estado de emergencia y el despliegue de las tropas en Cajamarca.

De hecho, cuando la empresa se avino a suspender el proyecto minero, este columnista llegó a pensar que el desenlace estaba listo y que iba a ser dialogado, con la otra parte suspendiendo el paro regional. Así había ocurrido antes en otros casos similares, como en Tía María, Majaz o Quilish.

Ese final, tal como me apresuré a señalar hace dos semanas en el artículo "Lo que deja Conga", hubiera legitimado a los centristas del anterior gabinete, como el premier Lerner o el ministro Giesecke. Hubiera fortalecido también al presidente regional de Cajamarca y a los discursos críticos de la minería en las cabeceras de cuencas.

A la inversa, hubiera debilitado la posición de la empresa Yanacocha y la de sus cercanos en la Sociedad de Minería y Petróleo, o en el propio gobierno. Otros proyectos cuestionados, en el pasado reciente o en el presente, en otras partes del país, hubieran perdido fuerza.

Quizás fue por todo esto que, según las informaciones que han circulado, fue el propio Presidente y su actual primer ministro los que precipitaron la otra salida, la de poner en escena a los soldados y a sus armas. Obligar por la fuerza a que se replieguen los huelguistas. Amedrentarlos no solo a ellos, sino enviar el mensaje a otros en otras partes.

Desenlaces distintos producen efectos políticos distintos. Fracasado el diálogo, el premier y los ministros que lo encarnaban quedaron en cuestión. Lo reemplaza un premier cuyo ascenso está marcado por el estado de sitio y el recorte de derechos. Lo más probable es que el método Conga se siga aplicando.

Y también habrá otros efectos sociales correspondientes. A estas alturas los dueños de otros proyectos mineros, que tuvieron rechazo social, ya deben estar alistando su relanzamiento. Y sus opositores igual deben estar preparando ya su resistencia.

Quien crea que la muy fugaz "primera fase" de este nacionalismo, será seguida, gracias al atarantador método Conga, por una segunda fase en orden y bajo control, haría bien en recordar cómo fue el Perú entre el 75 y 80, pese a los estados de emergencia.

Mejor servicio haría el gobierno al país si no olvida las reformas prometidas y si no impone proyectos mineros o de hidrocarburos en zonas ambientales críticas.

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