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Renuncia al Partido Socialista

Renuncia al Partido Socialista

op03-PSP

Por Carlos Leon Moya

Lima, 16 de diciembre del 2011.
Compañeros
Comisión Política
Comité Ejecutivo Nacional
Partido Socialista
Lima

Mediante esta carta los saludo y les informó de mi decisión de renunciar al Partido Socialista luego de seis años de militancia. Algunos de los motivos de mi alejamiento son conocidos por ustedes, al igual que mis críticas. Mientras las segundas son de orden político, las primeras incluyen también valoraciones propias del ámbito personal. Hacer un recuento de problemas y roces internos con algunas instancias es ahora ocioso y secundario.

Existe sí un tema de fondo que tocar y a ello intentaré avocarme dentro de mis limitaciones: cómo reconstruir, de una vez por todas, a una izquierda en escombros. Considero que los dirigentes históricos del Partido, y por ende de la nueva izquierda, han fracasado como generación. Quedarme sin embargo en la diatriba y fustigar a nuestras caras visibles por sus derrotas es tarea simple, es decir que el rey está desnudo.

Lo verdaderamente importante es saber a dónde vamos y qué hacemos en adelante. Esa respuesta no la tienen los históricos, tampoco los jóvenes. Es una discusión impostergable que debe darse en el ámbito público y de manera abierta, no en pequeños círculos de amigos o en tediosos encuentros so pretexto de ser "temas internos". A fin de cuentas, su planteamiento y respuesta excede largamente al Partido Socialista.

Las salidas y puestas en práctica tendrán que ser nuevas y distintas. Una de las pocas certezas que tengo es que no podemos seguir ni con el mismo tipo de estructura, pensando en épocas distintas, ni con las mismas formas de relacionarnos con la sociedad. Menos aún con las mismas ideas. La tradición y la herencia no son fuente de inspiración sino pesados lastres que debemos apartar para los nuevos retos que enfrentamos.

Por eso también me voy. No podía exigirle a la izquierda romper con su pasado cuando yo no lo hacía con el mío. Debo irme de la casa y dejar su falsa seguridad. Parafraseando a un guerrillero, nosotros podemos hacer lo que a ustedes les está
negado por sus responsabilidades y también por edad. En su lugar continuaría dando mis mejores energías desde donde me encuentro, pero a mis años tengo el tiempo para explorar caminos, inventar salidas y recuperarme de los errores.
Dedicarle a estas tareas mis modestos esfuerzos.

Quiero dejar una última sugerencia. Los jóvenes no son ni deben ser un cuerpo auxiliar, donde ellos tienen como tarea pasar el micro y ellas apuntar el nombre de los asistentes. Los jóvenes no son mozos y las jóvenes no son secretarias. Son
militantes. Son compañeros que pueden aportar con ideas frescas, en lugar de ser solo el encargado de las tareas protocolares, recibir a los visitantes y servirle el agua a los ponentes. Esto ocurre más en otras organizaciones de izquierda, y es importante que en el Partido Socialista no sea vea más.

Pero también es cierto que esto debemos dejarlo en claro los jóvenes mismos. No deberíamos aceptarlo, sino proponer que esas tareas se hagan de manera compartida. Nosotros mismos debemos pelear los espacios, disputarlos y ganarlos, pero teniendo en cuenta qué existe un momento en que pasamos a perder el tiempo peleando migajas. Los jóvenes no podemos esperar de buena gana que los mayores nos tomen bajo el brazo. Tampoco creo que sería bueno. El paternalismo es tan inútil como la indiferencia. Tenemos enormes deficiencias y limitaciones, y superarlas es una tarea de años. Pero debemos empezarla
sabiendo que un proyecto de izquierda en el Perú reposará sobre nuestros hombros seguramente en una década. Esto va más allá de nuestras posiciones: la voluntad no puede contra la biología. En unos años no habrán ni Madrinas ni
Profesores. Asumamos la tarea.

Mucha suerte en las decisiones que tomen, y sinceramente espero tengan éxito. Dejo en claro que me voy del Partido tal como vine: solo y por mi cuenta. Esto va mucho más allá de los afectos personales, y espero que quienes se quedan lo entiendan así. He conocido personas de mucha valía al interior del Partido, y me llevo de varios grandes afectos, buenos recuerdos y alguna admiración. Pero eso no basta para hacer política, con eso no conseguimos los objetivos trazados.

Dentro había perdido gran parte del ánimo y la alegría por militar, y eso es peligroso. Es como perder un poco de vida. Ahora, fuera de casa, siento nuevamente los bríos iniciales: ese calor en el pecho, ese ánimo del nuevo militante. Aunque sin guía, debo buscar nuevos caminos que intuyo serán mucho más fructíferos. Creo que el tiempo me dará la razón.

Un final abrazo,

Carlos León Moya

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