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Coaliciones y partidos

Coaliciones y partidos

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Por Antonio Zapata

La década de 1980 fue la última de pleno dominio de los partidos políticos. Comenzó Acción Popular y luego el APRA, ambos gobernando con mayoría parlamentaria. Esos años fueron fatales; se desenvolvieron entre el terrorismo y la hiperinflación y la ciudadanía se desilusionó de la democracia. Los males peruanos eran enormes y despertaban tal ansiedad que muchos deseaban mano dura para encontrar un rumbo salvador.

Gracias a ese ánimo se impuso Fujimori. Aunque, al comenzar su gobierno, introdujo una novedad que no se había experimentado en años, un gobierno de coalición. En efecto, en su primer gabinete hubo neoliberales, izquierdistas y varios independientes. Abrió la era de las coaliciones. Aunque duró poco; la profundidad de la crisis derivó en autoritarismo. A Fujimori la ortodoxia neoliberal le otorgó respetabilidad, porque le brindó coherencia gubernamental.

Al pretender perennizarse el 2000, el autoritarismo dio paso a los gobiernos de coalición que nos gobiernan hasta hoy. Tanto Toledo como García y ahora Humala han necesitado alianzas. Los une la común carencia de mayoría parlamentaria; necesitan construirla y ello impulsa entendimientos, a veces poco explícitos, pero imperiosamente requieren una relación positiva entre Ejecutivo y Legislativo, que se ha constituido en un eje de la gobernabilidad.

Otro rasgo que comparten Toledo, García y Humala es la redoblada importancia del líder carismático, en desmedro de las estructuras. Los tres pertenecen a una época de descrédito avanzado de los partidos. Al finalizar el fujimorismo, estos volvieron a su dinámica anterior. No realizaron una autocrítica ni adecuaron sus estructuras a la nueva escena social y política. La pérdida de peso de los partidos es global, se manifiesta a nivel internacional y no es exclusivamente un asunto peruano. Pero nosotros lo vivimos intensamente. Nuestro sistema conserva escasa capacidad de representación.

La democracia actual también sufre a causa de la brecha entre partidos nacionales y movimientos locales. En las bases se han impuesto cacicazgos y funcionan alianzas entre caudillos. Su influencia es estrecha y muchas veces expresan fragmentación, antes que aspiraciones a sumar fuerzas. A nivel local actúan políticos con movimientos propios, que no participan de partidos inscritos y cuyos liderazgos son precarios. Ni siquiera levantaron el paro de Cajamarca cuando Yanacocha ya había cedido.

Pero la ley de partidos no permite que estos movimientos regionales presenten candidatos al Ejecutivo ni al Legislativo. Ese terreno es exclusivo de los partidos nacionales. Como consecuencia se registra un peligroso divorcio entre gobierno nacional y poderes locales.

Toledo tuvo numerosos gabinetes y el bamboleo debilitó su gobierno. Mientras que García sabía que su alianza básica era con el fujimorismo e incluyó a Giampietri en su propia plancha. Ante esta comparación, Humala resulta más cerca de Toledo que de García. Se anuncia cambiando aliados muy temprano en el recorrido.

Pero, si se observa a Humala con los ojos puestos en el Fujimori de 1990, el resultado es perturbador. Ambos gobiernos carecen de mayoría parlamentaria, comparten un poder militar en rápida organización y el poder económico propicia la ruptura con sus partidarios iniciales. Fujimori llevó este proceso al autoritarismo porque la crisis era muy honda y el país ansiaba un salvador. Hoy la situación es distinta. Ni terrorismo ni hiperinflación nos amenazan.

Así, la comparación se cae. Aunque varios elementos están presentes, falta el componente esencial. Lo único estable es la responsabilidad del líder, puesto que el poder del mandatario es clave. Por ejemplo, Toledo pudo sufrir cierta deriva, pero estaba comprometido con la democracia, mientras que Fujimori quería derribarla para imponer su cleptocracia.

Finalmente, Humala gobierna bastante solitario, ni partido ni alianzas le importan demasiado, el poder reside en el círculo alrededor suyo. El 2012 traerá definiciones.

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Comments  

 
#1 Juan 2011-12-23 22:30
Esta diciendo que la democracia no funciona en nuestro pais? Por su puesto que no funciona en las condiciones actuales que no permiten por ley que los representantes locales pueden ser legisladores,es to tiene que cambiar. Pero antes de corregir las bases que sera perdida de tiempo. No dejemos solo al presidente apoyemosle desde las bases locales. Hoy mas que nunca es prioridad que cada peruano defina de una vez que es lo ideal para desarrollar. Ojo los legisladores tambien podrian ser cambiados si el pueblo asi lo decide,Necesita mos que los abogados respectivos enfoquen el asunto.
 

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