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Cuando todos somos periodistas


Cuando todos somos periodistas

op-journaPor Wilfredo Ardito

Antes los periodistas éramos pocos y sentíamos la vocación de construir una sociedad mejor. Yo me pregunto, ¿qué pasó?

Me encontraba en Huacho, exponiendo en la Casa de la Cultura sobre El Periodismo y su Función Orientadora y esa pregunta me la hacía una señora ya mayor, que había sido periodista en esa ciudad en los años sesenta y setenta.

Inicialmente, me sorprendió que me invitaran a dar dicha conferencia, porque no me considero periodista: no he estudiado para ello y no trabajo para ningún medio o agencia de noticias. Me había sorprendido también el título de la exposición, dado que, tanto en Huacho como en el resto del Perú muchos medios de comunicación ejercen mas bien un rol desorientador.

Los medios más inescrupulosos tienen, además, como especialidad las campañas de demolición de imagen, a veces bajo el disfraz de la moralidad, distorsionando hechos o difamando abiertamente. Así ha sucedido con varios conocidos míos (Javier Jahncke, Francisco Muguiro, Marco Arana, Francisco Soberón, Gisella Ortiz), que osaron enfrentar poderosos intereses económicos o políticos. De hecho, cuando se desencadenan campañas feroces como la que debió sobrellevar Susana Villarán, sólo queda pensar en cuáles serán los intereses amenazados.

Una forma de desorientación más generalizada es magnificar el crimen de moda o algún acontecimiento intrascendente vinculado a actores o futbolistas. De esta práctica, ya no escapan ni los medios que antaño eran considerados serios. Los reportajes sensacionalistas no sólo buscan vender, en base al morbo, sino servir de cortinas de humo. Así se logró eliminar la repercusión de las ejecuciones ocurridas en Trujillo el año 2008 o la masacre de la familia Pichardo por una patrulla militar.

La semana pasada el rescate de los 33 mineros en Chile fue utilizado por muchos noticieros y periódicos peruanos para bajar el impacto de situaciones locales bastante graves: la incertidumbre respecto a los resultados electorales para la Alcaldía de Lima, el altercado entre el Presidente García y Richard Gálvez y la cancelación de dos programas de televisión críticos al gobierno, Enemigos Públicos y El Francotirador.

Este último caso evidencia que la libertad de expresión es restringida a la libertad del propietario del canal y no del propio periodista, mientras el derecho de los ciudadanos a estar informados parece totalmente secundario. Por ello es tan frecuente en el Perú la cancelación de programas, cuando se vuelven incómodos para ciertos sectores. Recordemos las innumerables ocasiones en que le ha ocurrido a César Hildebrandt, desde la primera vez, por haber presentado un reportaje sobre el sufrimiento de la población palestina debido a los bombardeos israelíes.

Por todo ello, a la señora huachana, le contesté que para muchas personas el periodismo ya no es una labor altruista, sino un negocio donde prima el cálculo económico y los intereses. Ya no es ejercido por una minoría, sino que existen miles de estudiantes en universidades e institutos. Para algunos de ellos, simplemente se trata de poner las técnicas que aprenden al servicio de quien mejor pague.

Cuando me preguntaron cómo avizoraba que sería el periodismo en 10 o 20 años, señalé que la gente cada vez buscaría sus propias formas de informarse. De hecho, muchas personas ya lo hacen, enfrentando la falta de credibilidad de muchos medios tradicionales.

Efectivamente, gracias a la tecnología, la posibilidad de ser periodista, es decir, de difundir información y generar corriente de opinión, está cada vez más extendida. Hace unos años, el director de un periódico tenía mucho poder sobre portadas, contenidos y columnistas. Ahora, con los blogs este tipo de limitaciones no existen. Inclusive, los correos electrónicos, como el que están ustedes leyendo, también pueden cumplir esta función informativa.

Un ejemplo cotidiano sobre cómo ahora se recoge y transmite información ocurre en cualquier boda, graduación o cumpleaños, donde muchos asistentes toman fotos con sus cámaras digitales o sus celulares y las cuelgan después en Flickr o Facebook.

En mi caso, precisamente, hace casi dos años descubrí el Facebook y me di cuenta que podía ser también de mucha utilidad para difundir información, sean las Reflexiones Peruanas u otros temas de actualidad (algunas personas han pensado que yo me dedico a la Historia del Arte, debido a las fotos que cuelgo de Lima).

Sin embargo, un peligro es la masificación: se recibe tanta información, que uno puede terminar abrumado. Otro riesgo es, como ocurre con los noticieros, convertirse en un comunicador sensacionalista, enviando a los amigos todo tipo de cadenas. A veces uno tiende a actuar rápido, reenviando artículos o noticias, sin verificar su contenido ni responsabilizarse del daño que uno puede hacer.

Mientras los propios medios de comunicación tradicionales sigan perdiendo peso, seremos cada vez más quienes nos volveremos comunicadores. El reto es aprender a ejercer esta tarea con responsabilidad y, de preferencia, procurar construir una sociedad mejor, como los periodistas con verdadera vocación.

 

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