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A tal crecimiento, tal delincuencia

A tal crecimiento, tal delincuencia

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Por Carlos Reyna

Lima Metropolitana y el Norte, en especial Trujillo, son los dos ámbitos del país más favorecidos por el crecimiento económico. A la vez, son esas dos regiones, y en particular Trujillo, en donde más se ha desarrollado una delincuencia cada vez más atrevida y avezada.

¿Hay una correlación entre crecimiento y delincuencia? Esta es una primera pregunta que brota a partir de esa coincidencia regional entre dónde se crece más y dónde se asalta más.

Pero hay otro hecho llamativo. En esta década de crecimiento, según cifras del Ministerio Público, las tasas de homicidios, y en particular los producidos con armas de fuego, aumentaron en más de un tercio.

Eso nos lleva a plantear una segunda pregunta, aún más inquietante que la primera. ¿Hay una correlación entre crecimiento y mayor ferocidad de la delincuencia?

Uno recuerda los casos de la niña acribillada en la Vía Expresa, hoy cuadrapléjica, la niña hija del congresista Reggiardo, y el reciente episodio de la comisaría de Jaén, una pesadilla comparable a los peores años del terrorismo, y no puede dejar de tomar nota de que hay más delito pero también más violencia.

Sin embargo, asociar crecimiento económico, crecimiento de la delincuencia y aumento de su ferocidad podría ser una correlación demasiado burda si no se toman en cuenta cinco características de nuestro crecimiento económico.

Primero, que así como hay más plata circulando y atrayendo a asaltantes, a la vez es un crecimiento sistemáticamente desigual, que deja fuera a grandes franjas sociales y regionales, y a mucho joven padeciendo de desempleo o de empleo muy mal pagado.

De entre esos jóvenes no pocos harán el cálculo de que hay que ser muy tonto para trabajar por 500 soles al mes cuando puedes embolsarte 6 veces más en un robo de 10 minutos o menos.

Segundo, se trata de un crecimiento que ha creado o fortalecido unas cuantas instituciones públicas dedicadas a velar por los negocios y la inversión, pero ha sacrificado la legitimidad de muchas instituciones públicas responsables del bien común, entre ellas la Policía, la justicia y la educación.

Acaso son colegios públicos, cárceles, pasillos judiciales y ámbitos policiales algunos de los lugares donde más florecen conductas transgresoras con chance de impunidad.

Tercero, es un crecimiento económico acompañado de un sistema político que, en las últimas décadas, desalentó y hasta combatió a las organizaciones comunitarias y sociales, que suelen ser vitales para promover la buena socialización de los jóvenes.

Cuarto, el crecimiento y sus facilidades para los negocios atraen inversiones de todo tipo, y también criminales de distinta proveniencia, trayendo de países como Colombia o México, ferocidades que los de aquí no tardan en emular.

Quinto, que las facilidades y desregulaciones típicas de este crecimiento le facilitan las cosas al arraigamiento del narcotráfico, el delito con el mayor potencial de violencia que se conoce hasta hoy.

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