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Elogio de la izquierda setentera

Elogio de la izquierda setentera

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Por Carlos Reyna

Ollanta está culminando la purga de los izquierdistas de su  gobierno. Comenzó en el Ejecutivo y ahora ocurre en la bancada oficialista en el Congreso.

Pese a que los congresistas izquierdistas han estado aguantando los maltratos, ya parece inevitable la separación de un grupo de ellos de la bancada mayoritaria.

La figura de defenestrados no es buena para ningún grupo político. Quedar como perdedores y burlados, no es algo que dé imagen de fortaleza y carisma a nadie.

Por esto se habla del fracaso irreversible de toda una generación de la izquierda peruana, la de los años setenta, y que hoy, décadas después, estaría saliendo del escenario más derrotada que nunca.
Si se ven las cosas en perspectiva, se verá que las cosas no son tanto así. Primero porque, ya sea que los echen o se vayan de la bancada nacionalista, ahora habrá un grupo parlamentario de izquierda después de mucho tiempo.

Segundo, porque, ya liberados de toda sujeción al Ejecutivo o al oficialismo congresal, la izquierda ex humalista podrá vincularse con mayor libertad a una protesta social que los augures dicen será creciente de aquí en adelante.

Pero, ampliando la mirada no sólo al último año, sino a las últimas décadas, veremos que la izquierda setentera, pese a sus escasas victorias electorales, sin embargo ha tenido algunos importantes logros y aportes políticos para el país.

Más que ninguna otra corriente política, fue esta izquierda la que se batió contra la dictadura de Morales Bermúdez, obligándola a retirarse a sus cuarteles. Aunque pensó ilusamente que la revolución era el siguiente paso, de hecho hizo de partera para la democracia de los 80.

Esa izquierda perdió el rumbo justo en el escenario parlamentario que contribuyó a abrir. Hubo varias razones. Aprendió de política en dictadura, no en democracia. No pudo evitar la serie de derrotas sociales de esos años. Esas derrotas, más el terrorismo y la hiperinflación instalaron un clima conservador. Y no logró constituir un partido, se quemó en escisiones.

Volvió a lucir bien a fines de los 90, en la lucha contra Fujimori devenido en dictador, aportando a la nueva vuelta a la democracia en 2000. Su último gran servicio al país ha sido el del 2011: ayudar a derrotar a la hija y a los socios del dictador.

Aún es temprano para decir si la izquierda que apoyó a Humala se va del gobierno con menos de lo que tenía. Pero vistas las cosas con el prisma del tiempo no es del todo justo estamparle el estigma del fracaso.

En todo caso, Jeffrey Sachs, ese promotor de las doctrinas del shock económico, acaba de reconocer que el capitalismo de hoy tiene una enfermedad acaso terminal: su codicia enloquecida, su carencia absoluta de valores.

Es probable que pronto aparezca una nueva generación de jóvenes izquierdistas, con  sus propios valores, para retomar lo mejor de los antiguos, así sea en medio de los ácidos reproches que usualmente hay entre tíos y sobrinos del mismo bando.

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