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¿Los Capitanes deben hundirse con sus barcos?

¿Los Capitanes deben hundirse con sus barcos?

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Por Juan Gargurevich

¿Los capitanes deben hundirse, morir, con sus barcos? Eso es lo que pensó el famoso comandante del “Titanic” o sea todo lo contrario del marino más detestado de la historia reciente, el capitán Schettini del crucero italiano “Costa Concordia”.

¿De dónde nace esa tradición? Por ahí encuentro la frase: “Los Capitanes aman a sus buques y no los dejan abandonados a su suerte”. Y es más o menos lo mismo que dijo el capitán Kurt Carlsen cuando luego que el último marinero había saltado al bote salvavidas le dijeron que era su turno; y él contestó: “My duty es with the ship” y empujó la embarcación lejos de la cubierta quedándose solo.

Esta es la historia de un drama de mar y marineros que comenzó el 21 de diciembre de 1951 cuando el pequeño barco carguero “Flying Enterprise”, de 8 mil toneladas, zarpó de Hamburgo con rumbo a Nueva York. Llevaba 10 pasajeros y 40 tripulantes, incluyendo al capitán Carlsen y portaba carga variada, en especial barras de hierro.

El tiempo fue malo desde el principio y fue empeorando a medida que pasaban las horas, y lo que parecía un episodio pasajero se convirtió en un temporal de tal magnitud que el pequeño carguero no podría afrontar.

El “Flying” era de aquellos navíos construidos durante la Segunda Guerra para formar parte de los convoyes que atravesaban el Atlántico asediados por los submarinos alemanes. Y en varios de esos barcos y peligrosos viajes había estado el marino profesional danés Carlsen, empleado del “War Shipping Service”.

Cuando terminó la guerra muchos de esos barcos fueron vendidos y uno de ellos fue el llamado “Cape Kumukaki” rebautizado luego y entregado al joven pero muy experimentado hombre de mar.

Los marinos se quejaban de aquellos navíos, decían que eran poco marineros y estaban mal soldados por el apresuramiento en ponerlos en operación. Pero así y todo una empresa danesa lo compró porque estaba en apariencia en buenas condiciones,

El día 26 Carlsen avisó por radio que las condiciones eran casi críticas. Estaba cerca de las costas de Inglaterra y confiaba en que podría llegar al puerto de Falmouth.

Pero el viernes 28 olas gigantescas hicieron bambolear el barco de tal modo que la carga de fierro en apariencia mal estibada abrió una vía de agua en el caso y lo hizo escorar colocándolo de costado y a merced de la furia de la tormenta.

El sábado 29 de diciembre Carlsen envíó mensajes de emergencia y debido a la cercanía del puerto en pocas horas llegaron a su lado hasta cuatro navíos. Y entonces dio la orden más dramática a la vez que odiada por un capitán: “¡Abandonen el barco!” y se marcharon todos menos él, que se acomodó en la cabina de radio.

La noticia de la emergencia había llegado a las agencias de noticias y luego a las primeras páginas en todo el mundo, como en “La Crónica” de la lejana Lima, que tituló el despacho así: “Valiente capitán niégase a / abandonar su nave que está / a la deriv a en el temporal”.

Carlsen tenía la esperanza de ser remolcado y así salvar s barco y la carga que le habían encomendado.

(Algo más: el título de esta crónica pertenece a Marvin Stone, corresponsal de “Internacional New Service”, agencia que logró la exclusiva del relato del marinol).

Comments  

 
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