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De Althaus y Sendero

De Althaus y Sendero

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Por Eduardo Dargent

Jaime de Althaus plantea (El Empate Moral, 27/2/2012) que la reaparición de Sendero Luminoso se debería a que durante los últimos años el debate sobre la violencia se ha enfocado en los crímenes de las Fuerzas Armadas y el Fujimorismo. Esta versión del conflicto pondría al Estado al mismo nivel que Sendero y a la sociedad como una víctima atrapada entre dos fuegos. Si bien de Althaus cree adecuado denunciar los crímenes del Estado, considera que esta visión pesimista ha eclipsado las acciones positivas que desde el Estado y la propia población permitieron acabar con el terror. Por ejemplo, privilegiar la inteligencia para capturar a sus líderes, aproximar a las FF.AA. a los ciudadanos o reconocer la participación heroica de los campesinos en la derrota de Sendero.

Antes de discutir el argumento quisiera aclarar que me parece exagerado atribuir la reaparición de Sendero a lo que digan o dejen de decir las élites, obviando otras causas de fondo y, sobre todo, sobredimensionando el impacto de estos debates en una sociedad segmentada y poco informada. Estoy de acuerdo en que estaríamos mejor vacunados contra Sendero si las élites hubiesen enfrentado de mejor manera el tema de la violencia, pero no exageremos apuntando a dichas élites, sean de izquierda o de derecha, como causa principal o única para el surgimiento del MOVADEF. Con esos límites más claros, ¿tiene razón de Althaus?

Simpatizo con parte del argumento: existe una historia positiva que contar sobre la derrota de Sendero que merecía ser mejor difundida. Vencimos a un movimiento fanático y sanguinario, y diversos sectores de la sociedad participaron en ese logro. Desde la derecha, de Althaus y otros pocos -como Juan Carlos Tafur o Víctor Andrés Ponce-, han resaltado esta versión. También hay quienes desde la izquierda nos ofrecieron esta historia de resistencia popular al radicalismo, como Carlos Iván Degregori y José Luis Rénique.

En lo que discrepo es en culpar a quienes criticaron a las FF.AA. y al fujimorismo por la ausencia de esta versión constructiva. Igual responsabilidad tiene buena parte de la derecha política e intelectual, que optó por silenciar todo debate sobre la violencia. El Informe Final de la CVR ya contenía, por ejemplo, una amplia discusión y reconocimiento a militares, ronderos y otros actores sociales por su papel en la derrota de Sendero. Pero en vez de resaltar esta narrativa del informe, o criticarlo en forma inteligente, buena parte de esa derecha prefirió sacar el verduguillo.

Para el grueso de la derecha, Sendero fue simplemente un grupo terrorista que se extendió en la sociedad por la influencia de unos marxistas que contaminaron el paraíso. Una interpretación tan simple e incompleta como la ofrecida por parte de la izquierda en los ochenta para explicar la violencia por la desigualdad y la pobreza, negándole así importancia a ideologías violentistas en el crecimiento del radicalismo. La CVR ofrece una explicación en la que ambos factores tienen peso propio. Al no debatir esta versión en forma constructiva perdimos la oportunidad de construir ciertos consensos sobre lo vivido, tanto en lo positivo como en lo negativo, que nos hubieran permitido estar un poco mejor preparados como sociedad para enfrentar a los apologetas de Sendero. A de Althaus le faltó resaltar este aspecto crucial en su interesante artículo.

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