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El vuelo del cóndor

El vuelo del cóndor

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Por Javier Diez Canseco

La denuncia de Ricardo Napurí contra el ex dictador Rafael Videla y otros en la Argentina ha repercutido en el Perú. La formuló como víctima de una operación del Plan Cóndor entre las dictaduras de Argentina y el Perú. Por segunda vez, el ex jefe del Estado del régimen militar Francisco Morales Bermúdez ha recibido una orden de captura internacional a pedido de un juzgado extranjero. Años atrás, una jueza italiana dispuso su detención por Interpol.

El 25/5/78 aterrizó en el aeropuerto de Jujuy un avión Antonov de la FAP. De él bajamos 13 peruanos. Entre ellos Napurí, Hugo Blanco, Ricardo Letts, Ledesma, Justiniano Apaza, Valentín Pacho, Baella Tuesta y yo. Indocumentados, sin pasaporte ni DNI, sin muda de ropa o dinero. El gobierno de Morales Bermúdez nos entregó a la dictadura argentina, mundialmente conocida por el volumen de detenidos-desaparecidos, arrojar en altamar a opositores presos drogados con vuelos especializados en esa macabra tarea y por las torturas en la Escuela de la Armada (ESMA). La mayoría habíamos viajado esposados a los asientos del avión después de resistir la deportación en el Grupo Aéreo 8.

Al bajar, nos encontramos con un callejón de soldados armados, al final del cual un oficial argentino nos advirtió que estábamos en el día patrio, que el gobierno no había decidido cuál era nuestro destino y que no habría preguntas ni respuestas. Luego, vigilados por la tropa armada de la que temíamos cualquier cosa, en camiones del Ejército nos llevaron al Cuartel de Infantería de Montaña #20 de Jujuy, detenidos. Los dos oficiales generales de la Marina peruana, deportados con nosotros, fueron separados de los civiles y allí quedamos presos. Un tiempo después nos enviarían a la Policía Política de Buenos Aires, donde la pasamos “alojados”’ como dijo algún diario, en celdas de aislamiento. Alimentados una vez al día, de un olla enorme que no cambiaba hasta que se acabaran los frejoles en dos o tres días, pasábamos el día mirando las paredes de celdas en las que los o las presas habían dejado sus mensajes escribiendo con las uñas, buscando sobrevivir con una huella en los muros. Y, cada cierto tiempo, escuchábamos gritos de algún preso que “estimulado” por el interrogatorio policial, se evidenciaba un ser humano indefenso y sometido a la brutalidad del interrogatorio “científico” de policías que escuchábamos, a veces, conversaban sobre las escolares o jovencitas que habían violado o planeaban forzar.

Los deportados éramos, mayoritariamente, candidatos de izquierda a la Constituyente enfrentados a la dictadura. Con el vigoroso Paro Nacional del 19/7/77 se abrió paso a un repliegue de los militares vía una Asamblea Constituyente. Nuestra entrega a la dictadura argentina era el secuestro de sectores de oposición que, felizmente, una foto publicada en un diario de Jujuy del avión de la FAP terminó haciendo pública.

No ha sido la única conexión con el Plan Cóndor. Antes fue secuestrado el argentino Maguid, a quien suponían financista de los Montoneros argentinos. Desapareció en Lima, siendo profesor de la PUC, y murió en Argentina. Y luego de nuestro secuestro en Argentina y aún de nuestro retorno al país, las dos dictaduras se aliaron en el secuestro de la Sra. Gianotti de Molfino, Raverta y otros que fueron torturados en Lima en dependencias militares (ver libro de Ricardo Uceda) y luego enviados a Argentina, vía Bolivia, para ser finalmente ultimados.

El Plan Cóndor, acuerdo de dictaduras sudamericanas para secuestrar y eliminar opositores democráticos, dirigentes gremiales y políticos de izquierda, o elementos subversivos que no querían juzgar sino matar, ha sido materia de investigaciones múltiples. Desde documentos de la CIA, del Departamento de Estado de EEUU, los wikileaks, hasta tribunales han investigado, probado y castigado varios casos. ¿El Perú será la excepción respecto al procesamiento de evidentes crímenes concertados entre dictaduras? El Cóndor aún vuela, aunque no en AL, pero sí en las cárceles clandestinas de los EEUU, el caso de Guantánamo (inhumano e inmoral) en el que hay presos nunca sometidos a proceso y viviendo en jaulas. Abrir paso a la verdad es una forma de combatirlo.

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