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“La Hungría de Orbán es una mezcla de Petain y de Salazar”

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Entrevista a: Gaspar Miklos Tamas

Gaspar Miklos Tamas, 63 años, nació en Rumania antes de emigrar a Hungría donde se convirtió en los años 1980 en uno de los principales intelectuales disidentes. A la caída del telón de acero, fue elegido diputado en el primer parlamento poscomunista. En 1994, abandona la política y vuelve a la filosofía, que continúa enseñando hoy en Budapest y en el extranjero. Uno de los principales oradores de la manifestación del 2 de enero de 2012, está considerado como una de las figuras intelectuales más importantes de la izquierda húngara. Nos hemos entrevistado con él en su casa, un apartamento del centro de Budapest, el miércoles 11 de enero de 2012
¿Cómo analiza Vd. lo que ocurre en estos momentos en Hungría?

Es una combinación de muchas cosas. La paradoja principal es que este gobierno lucha contra el capital internacional para tener el derecho, soberana e independientemente, de realizar ¡la misma política que la exigida por ese mismo capital! El contenido social o económico del gobierno Orbán es neoliberal, con un impuesto a tasa única, con el acento en la clases medias, con el final de la ayuda social, etc. Todo esto es muy ortodoxo y neoliberal. Pero el gobierno insiste en hacerlo a su manera, y sobre todo preservando un poder indivisible y total sobre la sociedad húngara sin intromisión extranjera. Para algunos observadores extranjeros, Orbán es un Chávez europeo. ¡Pero es no es cierto en absoluto! Las políticas de Orbán son muy conservadoras y burguesas.

Hay un renacimiento del tipo de la Thatcher del primer período, de los valores tradicionales con una Constitución que prohíbe el matrimonio gay, y algo de lo que la prensa internacional habla muy poco: un ataque muy fuerte contra los sindicatos y los derechos sociales. Es imposible hacer huelga, los privilegios de los sindicatos han sido abolidos, centenares de permanentes sindicales han perdido su empleo.

Es la introducción de un estado autoritario, que no llamaré dictadura, en el que todas las ramas del estado están dirigidas directamente por el ejecutivo.

Estamos aquí en Europa central donde la cultura tiene al menos una importancia simbólica. Sin embargo asistimos a un ataque extraordinario contra la “intelligentsia”. Contra los filósofos, entre ellos un servidor de Vd., contra el teatro, contra la cinematografía húngara que ha quedado abolida –era muy estatal como en Francia o en Italia, pero este año no ha habido ningún florín para el cine húngaro. Se han anulado las subvenciones para el festival Orquesta de Budapest, la mejor orquesta sinfónica del país.

Un ataque contra la investigación, contra las universidades, contra la educación en los institutos que vuelve al control de la iglesia católica… Es el ataque en todos los frentes contra las diferentes autonomías.

Todo lo que describe se ha producido en menos de un año y medio. ¿Cómo ha sido este gobierno capaz de cambiar todo tan rápidamente?

Porque ha mantenido todo su programa en secreto antes de las elecciones. Esto ha sido para mí, que observo atentamente la vida política, una sorpresa total. Nadie estaba preparado para esto. La regla de los dos tercios (para las enmiendas a la Constitución) había sido establecida para instaurar una forma de consenso. Pero Fidesz (el partido de Orbán) ha utilizado este poder de forma muy grosera. Primero con 17 enmiendas a la Constitución, luego claramente para una nueva Constitución.

Incluso la legislación se hace de una forma nueva. Las leyes más importantes son presentadas por diputados individuales del Fidesz, y no por el gobierno, lo que permite ir mucho más rápidamente y sin debates. Una ley puede ser votada en diez minutos en estas condiciones. Esos diputados presentan de un día a otro leyes de 130 páginas. Parece que Fidesz haya llegado al poder con paquetes llenos de nuevas leyes preparadas de antemano; y que nadie ha tenido el tiempo necesario para examinar antes de que sean sometidas al Parlamento.

La mayoría de la población se informa por dos medios en las provincias: la televisión pública y la radio estatal, que antes eran más bien buenas. Sin embargo esos dos medios se han vuelto totalmente despolitizados. La censura y el poder del gobierno sobre los medios no son utilizados para propaganda, sino para no decir nada. Los cambios se desarrollan casi en secreto. El 80% de la población no tiene ninguna idea de lo que ocurre. Solo la joven clase media sigue esto por Internet.

Este disimulo y la velocidad a la que han sido votados estos cambios han dejado a mucha gente, incluso a los opuestos al gobierno, desorientada. Cuando los portavoces del gobierno claman que los ataques del extranjero a Hungría son incomprensibles, mucha gente está de acuerdo, pues no han visto que nada ocurriera. Lo mismo con la crisis: la gente tiene el vago sentimiento de que las cosas van mal, pero no comprende mucho lo que ocurre. Entonces, esto limita muy evidentemente el desarrollo, el vigor y la eficacia de los movimientos de protesta. Están acantonados en Budapest, entre gente diplomada y mejor informada, o entre los jubilados educados que tienen tiempo libre como para informarse.

Dice que este gobierno no es una dictadura. ¿Cómo calificaría Vd. el régimen puesto en pie por Orbán?

No es un estado policial. No se mata a la gente. No hay coerción abierta. No hay tampoco movilización política de la mayoría –hasta ahora, pero puede cambiar porque el gobierno organiza su primera manifestación de apoyo a su política para el 21 de enero.

Sin embargo, se despide a miles de intelectuales, sobre todo en los medios, la enseñanza superior, la investigación o el arte. Todo esto no es siempre visible. Cuando un pintor célebre propone una exposición al ayuntamiento, se le dice que no es el momento y que no será financiado. No es el terror, pero esto equivale a reducir a la gente a la impotencia. Lo mismo ocurre con la edición que se hunde a falta de subvenciones. Todo esto es bastante sutil. Todas las sumas que iban a la cultura y a la enseñanza van ahora a los deportes. O a una cierta militarización.

Todos los órganos locales electos han sido reemplazados por una administración nombrada por el poder central. Todo el sistema administrativo local ha cambiado. Las provincias van a ser así severamente controladas como antes lo eran por el cura, el gendarme o el gobernador civil. Este sistema es nuevo para nosotros. Estábamos más cercanos a un sistema nobiliario a la polaca, en el que las élites locales tenían un cierto poder. Se acabó. Se centraliza todo. El estado sigue siendo el empleador más importante y esto crea un miedo a la protesta entre la gente.

¿Reprocha Vd. al resto de Europa no haber visto nada o no haber querido ver nada hasta ahora?

El problema es que la intervención de las instituciones financieras o de la Unión Europea no es democrática. El FMI y la Comisión Europea no están elegidos. Contrarrestar un poder antidemocrático por instituciones tan poco democráticas, es algo de lo que no se puede esperar mucho. Aunque sea la única posibilidad de llevar al gobierno Orbán a ser razonable, no estoy encantado con algo así. Esto va ciertamente a llevar a una ola nacionalista.

La propaganda de estado clama que “los extranjeros nos atacan”. ¿Qué periódico publica con un lujo de detalles todas las críticas occidentales contra el gobierno? El Magyar Nemzet, el periódico de derechas que apoya al gobierno. Publica todo para mostrar a sus lectores que estamos solos y atacados por todas partes.

¿Qué hace la oposición a Orbán?

La fuerza principal de la oposición son los socialistas, pero son tan impopulares que no tienen ninguna posibilidad. Si hay que crear una nueva fuerza política, el asunto va a necesitar mucho tiempo y dinero. Por el momento no hay ninguna figura carismática en la oposición. Hay una energía sorda pero desorganizada.

La única fuerza de oposición organizada es la extrema derecha. Pero incluso ellos están bastante limitados en su influencia porque utilizan una jerga muy específica. Hablan verdaderamente el lenguaje del fascismo que es insólito para la mayor parte de la gente. Si se contentaran con un populismo patriotero y ligeramente racista, la gente podría asumirlo, pero hablan de la monarquía sagrada, un poco como la sección céltica de la extrema derecha francesa. Es una secta. Cuando hablan contra los gitanos, es algo que se acepta, pero cuando presentan sus verdaderas ideas, la gente se encoje de hombros. Sería precisa una gran catástrofe para que llegaran al poder.

A pesar de las movilizaciones que se han podido ver, ¿piensa Vd. que esta oposición sigue siendo muy débil?

Lo que es seguro, es que el gobierno es ya impopular. Pero este descontento es parcialmente apolítico e incluso antipolítico. La mayoría de la gente decepcionada vuelve a su vida privada y se calla. La gente tiene miedo al frío y al hambre. La gran pobreza no facilita la resistencia. Pasé treinta años en Rumania bajo Ceaucescu: en los períodos de mayor pobreza era cuando la gente estaba más silenciosa.

Sin embargo, psicológicamente, estas manifestaciones de oposición no dejan de ser importantes. Expresan la opinión de la minoría que se preocupa aún de la cosa pública. No diré que es débil, sobre todo en Europa del Este donde el militantismo es muy débil. Si se compara con nuestro pasado reciente de activismo político, no es nada. Si se compara con España o con Medio Oriente, no es gran cosa. Pero no hay que despreciar estos comienzos de un activismo político que gana en influencia. La influencia política de la resistencia es débil, pero la fuerza inspiradora, la influencia sobre el alma de la gente, es bastante importante. Esto expresa la opinión de quienes no han perdido aún toda esperanza.

Todo lo que Vd. describe es muy alarmante y sin embargo está lejos de denunciarlo como fascismo, me parece Vd. muy moderado…

Si se miran los estados fascistas, sus métodos eran gobernar con decretos. Lo que tenemos hoy es un estado de derecho autoritario. Las leyes son públicas, son publicadas, respetan el procedimiento incluso si éste es apresurado. No es el dirigismo totalitario, no es como Hitler, sino como Salazar. Al mismo tiempo, no había oposición bajo Salazar… De hecho, hay elementos que son reminiscencias del corporativismo de extrema derecha de entre guerras. Un poco de Petain, un poco de Salazar, un poco de Dollfuss. Como bajo Petain, la palabra República desaparece. Es un signo.

Otro ejemplo: se ha rebautizado la plaza Roosevelt, donde se encuentra la academia de ciencias, mi patrón. Le hemos pedido explicaciones al presidente de la Academia, que estaba en el origen de este cambio de nombre. Nos ha respondido que por más que Roosevelt fuera un político importante, no dejaba de ser ¡uno de los líderes de la coalición de nuestros enemigos! Es bastante raro oír esto hoy…. Entonces, ¿nuestros aliados eran el Tercer Reich, y nuestros enemigos los Estados Unidos? No hay ya plaza Moscú, tampoco plaza de la República (rebautizada plaza Juan Pablo II)…

En un discurso célebre antes de su elección, Orbán había explicado que habría un espacio de las fuerzas centrales que definiría los valores fundamentales del país. Se le puede criticar, pero este poder no entrará en debate con la gente que no esté en la gran tradición del cristianismo, del orden, del trabajo, de la familia… En definitiva, ¡trabajo, familia, patria!.

Orbán ha anunciado así el fin de la sociedad de redistribución y de las ayudas sociales. Ahora nuestra sociedad estará fundada en el trabajo honrado, dice. Como la Francia que madruga… de nuestro querido compatriota en Francia (referencia al origen húngaro de la familia de Sarkozy ndt). En el caso de Sarkozy, es broma. Pero aquí, las ayudas sociales han sido drásticamente cortadas, no por necesidad económica, sino por principios.

¿Cómo puede salir Hungría de esto?

Con la lucha, no hay otra. Nada de compromisos. Si la oposición no obtiene una mayoría de los dos tercios cuando llegue, tendrá que coexistir con instituciones creadas por Orbán, con dirigentes de esas instituciones que han sido nombrados para nueve o doce años. Pero un nuevo gobierno sería una coalición de tres o cuatro partidos, por tanto bastante frágil, como todas las coaliciones, con un estado dirigido contra ella.

Existe el peligro de que incluso si la oposición gana, podría caer muy rápidamente. Algunos delegados del gobierno en provincias están nombrados casi a perpetuidad. El fiscal general tiene poderes exorbitantes. Ahora bien, éste está nombrado por nueve años, pero si su sucesor no obtiene una confirmación de la mayoría de los dos tercios, entonces sigue en su puesto de por vida. ¡Es increíble! El 93% de los ayuntamientos tiene una mayoría de derechas. Incluso en Budapest, que era una ciudad de izquierdas, de veintitrés distritos, solo uno tiene un alcalde socialista. Incluso durante la guerra, con los fascistas en el gobierno, había alcaldes liberales o socialdemócratas.

Lo que es trágico, es que los principales opositores a Orbán resultan ser el FMI y la Unión Europea...

Creo que si el gobierno estuviera dispuesto a cambiar un poco su política financiera y reformular sus leyes, entonces la UE le dejaría en paz. Pero no estoy seguro de que el gobierno Orbán esté dispuesto a ello. En un estado así, incluso algo parecido a algo así como una derrota es peligroso. ¡El líder debe vencer siempre! Y si se va a la bancarrota, acusarán a los malditos extranjeros. Hay ya una fuga de capitales, es el pánico.

Es la primera vez desde los años treinta que el país se ve confrontado a una situación así. Hungría había sido siempre un país estable. Es la razón por la que el giro democrático había sido tranquilo. El país no había tenido miedo, había tenido confianza en el futuro. Cuando volví de Rumania a finales de los años 1980, Hungría era un país de una gran riqueza.
Por Thomas Cantaloube

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