porno

Meses Después

Meses Después

op01-ollanta12

Por Eduardo Dargent

Hace tres meses, al discutir el cambio de Gabinete y la actuación del Gobierno en el conflicto en Cajamarca, me preguntaba (Mano Dura 11/12/2011) qué pasaría con la popularidad de Ollanta Humala tras estas decisiones. Asimismo, hace dos meses (Revocatoria 8/1/2012) evaluaba si la revocatoria de Susana Villarán era tan probable como señalaban sus entonces triunfalistas opositores.

Los que leen esta columna con regularidad se habrán dado cuenta de que me gusta evaluar las predicciones propias y las de otros analistas. Creo que es un ejercicio interesante y, lamentablemente, poco común. Intentar mirar más de cerca lo que nos enseña la realidad, dejando de lado prejuicios y anteojeras ideológicas, tiene la virtud de permitirnos entender mejor la política y aprender de nuestros aciertos y (varios) errores. Ya es posible ofrecer algunas respuestas tentativas en ambos temas.

En el primer caso me declaraba ignorante y ofrecía dos escenarios. Señalaba que era posible que con la "derechización", entendida como la continuidad del modelo económico y una posición dura frente a sus viejos aliados a nivel local, la aprobación del Gobierno cayera a los niveles de los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García: apoyo moderado en la costa y el norte del país, rechazo en las zonas donde Humala ganó en primera vuelta. Pero decía que también era posible que, al tomar esta posición, Humala ganara apoyo entre quienes no votaron por él y que gracias a nuevos programas sociales y otras medidas, mantuviese el apoyo de parte de sus votantes de primera vuelta. Esta combinación de continuidad y cambio moderado le permitiría mantener o incrementar su popularidad.

Tres meses después, vemos que Humala recuperó sus niveles de popularidad iniciales, con cifras bastante homogéneas a través de clases sociales y regiones (aunque hay que tener en cuenta el sesgo urbano de las encuestas). Medidas como el impuesto a las sobreganancias mineras, nuevos programas sociales y gestos simples pero significativos, como sus viajes (y los de Nadine Heredia) al interior del país, le permitirían contar con el apoyo de diversos sectores de la sociedad. Lo que algunos de sus ex aliados de izquierda señalaron como un viraje electoral (visión que comparto parcialmente) no apartaron a Humala de toda su base de primera vuelta, que evalúan al Gobierno de manera distinta.

Sin embargo, tal vez por su heterogeneidad, esta base no parece ser incondicional ni fácil de consolidar. Veremos qué tan estable es este apoyo si Humala se ve obligado a definirse en ciertos casos sensibles, sean protestas sociales o los infaltables escándalos de corrupción. No olvidemos que la popularidad de Alan García inicia su lenta caída recién en enero/febrero de su primer año. Pero hasta el momento Humala ha logrado un apoyo bastante alto y diverso que lo distingue de los anteriores presidentes.

En el caso de Villarán, sí me animé a opinar que el proceso fracasaría. Y no por una recuperación milagrosa de la alcaldesa sino por lo complicado del proceso de revocatoria en una gran ciudad y, fundamentalmente, por lo difícil que es articular algo, lo que sea, en el Perú. Organizar protestas, construir partidos políticos o, como en este caso, movilizar oposición, resulta muy difícil por la falta de legitimidad de los liderazgos y la debilidad de las organizaciones existentes. Revocadores grises y la ausencia de transparencia en el financiamiento del proceso parecen empujar la revocatoria hacia el fracaso. Esto no significa que la alcaldesa sea popular, simplemente que sus opositores tampoco lo son.

Suscribirse a nuestro Boletín

Ingrese su email:

Columna de Opinión por Autor

pluma_y_papel

logo-inferior   Copyleft 2012 Lima - Perú   KYBERNET
Gestionamos información para generar conocimiento
Web site desarrollado por Kybernet, usando Joomla con licencia GNU/GPL.
google adsense adwords google adsense adwords