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Mártires de Chicago

Mártires de Chicago

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Por Fabrizio Reyes De Luca

A fines del siglo XIX, Chicago era la segunda ciudad en número de habitantes de los Estados Unidos. Del oeste y del sudeste llegaban cada año miles de trabajadores. Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de 8 horas. La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía mayor preponderancia la Federación Estadounidense del Trabajo, inicialmente socialista. En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, ésta había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886, la duración legal de la jornada laboral debería ser de 8 horas, yéndose a la huelga si no se obtenía este beneficio y recomendándose a todas las organizaciones sindicales que tratasen de hacer promulgar leyes en ese sentido en sus respectivas jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de los sindicatos, que veían la posibilidad de obtener más puestos de trabajo con la jornada laboral de ocho horas, reduciendo el desempleo.

Así, el 1 de mayo de 1886, unos 200.000 obreros iniciaron una huelga general. En Chicago donde las condiciones laborales eran mucho más precarias que en el resto de EE.UU., las movilizaciones continuaron los días 2 y 3 de mayo. El día dos, la policía había disuelto violentamente una manifestación de 50.000 personas y el día tres, se celebraba una concentración en frente de las puertas de la fábrica McCormick, cuando desde una tribuna el periodista August Spies, sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre la policía que, sin previo aviso, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente, matando a 6 e hiriendo a varias decenas de hombres. El día 4 de mayo, en la plaza de Haymarket, con la concurrencia de más de 20.000 obreros, se llevó a cabo un acto de protesta con el permiso del alcalde de Chicago, que concluyó a las 21:30, momento en el cual, el inspector de la policía John Bonfield, al mando de unos 180 gendarmes, dio la orden de dispersar y reprimir a la multitud, abriendo fuego contra los asistentes, matando e hiriendo a un número desconocido de trabajadores. Se declaró el estado de sitio y en los días posteriores se detuvo a centenares de obreros, los cuales fueron brutalmente torturados. Ocho fueron los trabajadores condenados sin pruebas en un juicio bochornoso, cinco de los cuales fueron ejecutados en la horca. Sus nombres eran: George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons, August Spies y Louis Lingg. Años después, se los llamó "los mártires de Chicago". El año 1889, el I Congreso Obrero reunido en París, decidió declarar el 1 de mayo como el "día mundial de la lucha obrera". Curiosamente, en los Estados Unidos no se festeja en esa fecha, en su lugar se conmemora el "labor day", el primer lunes de septiembre.

Haciendo un parangón con la historia reciente de los EE.UU., debo decir que el movimiento de los indignados en ese país, hoy demanda una democracia directa y participativa, no representativa, corporativa ni financiera. Este año planean acciones directas: una huelga nacional, bloquear el famoso puente Golden Gate de San Francisco, ocupar un túnel de entrada a Manhattan, tomar varios puertos y acampar dentro de los bancos. En fin, pretenden detener el capitalismo "aunque sea por una hora", y lo lograrán, demostrando a los capitalistas de todos los países que, en efecto, los trabajadores estamos unidos en un solo puño.

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