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Cajamarca

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Por Eduardo Dargent

En los debates políticos de los tempranos ochenta era común hacer referencia a lo que pensaba o quería “el pueblo”. Discursos o artículos de opinión demandaban cumplir con lo que deseaba la mayoría. Paradójicamente, no había forma de saber si esas afirmaciones eran ciertas. Con escasas encuestas de opinión, apenas publicadas en elecciones presidenciales o tras eventos de mucha importancia, la voluntad del pueblo era misteriosa. Hoy, todos los meses tenemos encuestas y por tanto es más complicado invocar al pueblo sin estar seguros de que el pueblo está de acuerdo. A veces “el pueblo” no es tan rebelde como se le pinta, a veces es más progresista de lo que se piensa.

Uno puede criticar a algunas encuestadoras, sus preguntas, o a sus intérpretes, pero sin duda hoy tenemos mejores maneras de medir la opinión pública nacional que en el pasado. Hay encuestadoras que ya tienen una credibilidad ganada. Esto no siempre es así. En Venezuela, por ejemplo, las encuestadoras dan cifras contradictorias sobre la intención de voto presidencial y la mayoría no tiene credibilidad por su cercanía al oficialismo o a la oposición. La democracia no puede ser solo encuestas, y los políticos deben ser más que agentes pasivos frente a ellas, pero las encuestas serias informan el debate público e impiden que algunos grupos se apropien de la opinión de la mayoría.

Sin embargo, todavía hay espacios del territorio en los que es difícil conseguir información confiable sobre la opinión pública local. Esa ausencia de información facilita que circulen mitos sobre lo que quiere tal o cual región. A veces la “opinión de la plaza” lleva a generalizaciones inadecuadas. Un vocero local generalmente vinculado a intereses de Lima pinta, por buena o mala fe, una realidad que representa lo que piensan sus allegados o los sectores urbanos que lo rodean. Esas versiones suelen ser magnificadas si son del gusto de líderes de opinión limeños con peso en los medios de comunicación.

En la elección pasada, por ejemplo, se dijo que Pedro Pablo Kuczynski era fuerte en Puno, especialmente en Juliaca. Se hablaba de la cultura comercial Aymara, cercana al libre mercado, como causa del sorpresivo fenómeno. Finalmente, PPK obtuvo menos de 9% de los votos en Puno, y en Juliaca la cosa no fue mucho mejor. Fue evidente lo que muchos sospechábamos: que si bien una derecha liberal ya tiene una base electoral importante, sigue teniendo grandes problemas para salir de Lima y otras ciudades. Y, en mi opinión, ese mito de un candidato popular de derecha en el altiplano terminó dañando a la propia derecha.

Del mismo modo, la reciente encuesta de Ipsos-Apoyo sobre Conga, hecha en Cajamarca, muestra cómo la ausencia de información local permitió construir todo tipo de mitos. En estos meses escuchamos varios sobre lo que realmente querían los cajamarquinos. Para algunos, que incluso invocaban una encuesta secreta, la “minoría antiminera” tenía secuestrada a la mayoría que sí quería el proyecto. Santos representaba apenas a un grupito de sectores movilizados. Menos contundentes, otros decían que la ciudad de Cajamarca tenía una opinión muy diferente a la de los sectores rurales por los beneficios que obtenía de la minería. Ciudad versus campo en casi un empate técnico.

La encuesta muestra una región claramente contraria al proyecto: 78% vs. 15%. La diferencia entre ciudad y campo no lo es tanta, confirmando que los sectores que se sienten beneficiados por la minería en la región son más pequeños de lo que varios pensaban y que una base social pro Conga parece lejana. Confieso que mi impresión era de una opinión contraria al proyecto, pero con un apoyo moderado en la ciudad. Varios reportes de actores locales o de analistas que se dieron el trabajo de ir a Cajamarca y salir de la plaza de armas presentaban una opinión crítica mayoritaria. Pero incluso esos observadores hablaban de un mayor apoyo urbano a Conga.

Estos números probablemente no cambien nuestra opinión sobre el proyecto, sobre la acción del gobierno y los líderes locales en el conflicto, o sobre la minería en la región en general. Y no son inamovibles, como muestra una encuesta similar hecha en Arequipa, donde la minería sale bastante mejor parada. Pero esa es hoy la contundente percepción en Cajamarca y probablemente cueste mucho cambiarla. Que los líderes de la protesta y población están sintonizados es un dato que no podrá obviarse hacia el futuro, especialmente por quienes apoyan Conga y quienes buscan la paz en la región.

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