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Entre Catapilco y Ferreñafe (continuando el debate con Álvaro Campana)

Entre Catapilco y Ferreñafe (continuando el debate con Álvaro Campana)

op-detrasPor Sergio Tejada

 

El artículo "La unidad y el cura de Catapilco" que escribí hace unos días para diversos medios ha suscitado una polémica que, bien encausada, puede ser productiva. Mi amigo Álvaro Campana ha respondido a mi artículo, bajo el título "No es el fantasma del cura de Catapilco, es el fantasma del cura Casimiro Chumán Velásquez (Más que una respuesta a Sergio Tejada)", dejando entrever que en éste hay "calificaciones injuriosas y comparaciones pretendidamente didácticas e históricas, pero que rebajan el nivel de la discusión". Me agrada debatir con un compañero a quien tengo mucha estima y con quien además coincido en una serie de aspectos políticos e ideológicos (no en todos, naturalmente). 
 
Lo escrito por Álvaro es, cierto, más que una respuesta a mi artículo. En él entra a aspectos programáticos y visiones sobre la democracia y el desarrollo, que espero poder abordar próximamente, pero adelanto que las diferencias que tenemos son bastante menores de las que él piensa. En todo casos son mucho más insignificantes que las que tiene Tierra y Libertad con Fuerza Social y que, sin embargo, no parecen ser un gran obstáculo para "confluir". 

 

Volviendo a la respuesta de Álvaro, debo poner en claro que él está decidiendo cuándo una apelación es odiosa y cuándo no lo es. Yo no he afirmado que Arana cumpla el papel del cura de Catapilco, sólo he dicho que espero que no lo cumpla. Y para ello no pido en ningún momento que vaya detrás de Ollanta, solo le pido deponer la actitud infraterna de recurrir a "calificaciones injuriosas" (usando la misma frase de Alvaro, porque me imagino que también aplica para Arana y no solo para mi) y tener voluntad política para al menos tener acercamientos en pos de la unidad. Agrego, de paso, que Ollanta nunca ha recurrido a una apelación odiosa para referirse a Arana, lo que sí ha ocurrido en múltiples ocasiones en sentido contrario. 

Me dice también Álvaro que mi artículo desnuda la poca tolerancia con quienes no se sienten identificados con el nacionalismo. Yo le respondo que de ninguna manera: siempre me pareció interesante Tierra y Libertad e incluso lo llamé por teléfono -él debe recordar-, para decírselo la primera vez que leí sobre este movimiento en un diario. Pero no pensé que su líder se iba a sumar al coro de la derecha en contra de Ollanta, acusándolo de autoritario (¿por surgir del Ejército? ¿no es la Iglesia igual o más vertical?) y afirmando, entre otras cosas, que dentro del Partido Nacionalista Peruano no existe democracia. No cabe desde mi punto de vista querer ganar un espacio dentro del campo popular dedicándome a atacar a quien –podemos discrepar si en mayor o menor medida- lo representa. ¿Plantear mi punto de vista sobre Arana o mi preocupación sobre el papel que podría jugar en la unidad, es ser intolerante? ¿Por qué las críticas de Álvaro o Marco hacia Ollanta se dan en el marco de la tolerancia y las mías hacia Arana no? 

No quisiera detenerme en aspectos que finalmente no son sustantivos. Lo que me intriga hace algún tiempo es conocer la posición de Álvaro frente a lo relativo que pueden ser las cuestiones programáticas y los procedimientos innegociables cuando de lo que se trata es de acercar Tierra y Libertad a Fuerza Social. Resulta irónico que Tierra y Libertad señale que tiene grandes diferencias programáticas con el nacionalismo, pero que Arana haya declarado que quiere participar en elecciones internas dentro de Fuerza Social (¿las primarias no eran una cuestión de principios? ¡pero si no las hubo para elegir a Villarán como candidata a la municipalidad de Lima!). No solo competiría con "Nano" Guerra García, quien en el plano económico está más cerca del fujimorismo y la derecha, sino también con un programa realmente distinto en una serie de puntos centrales.

Fuimos sorprendidos por Gustavo Guerra García en el evento "Unidad y Debate" cuando afirmó que no había que tocar a las grandes empresas mineras ni con impuesto a las sobreganancias (¡eso es cosa de radicales... como Piñera!) porque se podían molestar e irse. Conociendo la trayectoria de lucha de Arana contra los abusos de las mineras frente a las comunidades, y la posición posextractivista de Tierra y Libertad, ¿no estamos frente a una diferencia insalvable? Parece que en este caso el que está mal es el nacionalismo porque eso de impuestos es "redistributivista" y no "posextractivista", y eso parece ser mucho peor que defender a la gran minería.

Nos dicen que el nacionalismo no sale del marco del Estado-nación y esa es otra diferencia insalvable porque ellos apuestan al Estado plurinacional. Me parece que la contradicción es solo aparente, pues basta con entender la nación como una realidad heterogénea y plural, que incorpore a su vez a otras naciones. En mis investigaciones universitarias con organizaciones aymaras, me quedó claro que la nación dentro la nación es una paradoja en la medida en que pensamos desde el eurocentrismo homogeneizante. El aymara que se considera como parte de una nación prehispánica, puede considerarse sin mayor conflicto como parte de la nación peruana. Si no, habría que explicarnos por qué en los territorios de diversas naciones de origen prehispánico el voto por el Partido "Nacionalista" fue abrumadoramente mayoritario. Personalmente, me parece que es posible y necesario construir un Estado en clave intercultural, llámese este plurinacional o nacional-popular, y que todo esto se debe discutir en una Asamblea Constituyente, de lo contrario es solo una discusión académica. En todo caso, no me imagino a Guerra García hablando de plurinacionalidad, pero seguramente su posición no supondrá una diferencia insalvable.

Para finalizar, soy de aquellos que encuentran fuerza en momentos difíciles en las páginas entrañables de Tito Flores Galindo, así que comparto con Álvaro la frase "discrepar es también una forma de aproximarnos". El problema es cuando la discrepancia es relativa y en unos casos se oculta mientras en otros se exacerba. Sigo pensando que hay que derrotar al neoliberalismo ahora mismo, que hay lograr la más amplia unidad del campo popular y que el enemigo está al frente y no a los costados. Creo fraternalmente que Arana toma el camino equivocado atacando a Ollanta, pero más aún compitiendo en "internas" con Nano Guerra García, también amigo mío, como Álvaro, pero con quien no comparto ni una coma de su neoliberalismo. Sería bueno que aparezca el cura montonero que lucha por educación, tierra y libertad, y no el que se coloca a la cola del "espacio liberal de izquierda", mucho más liberal que de izquierda.

Comments  

 
#1 Milagros Valdeavellano 2010-11-23 20:01
Yo calfiqué su artículo anterior como comparación odiosa y creo que ahora en este artículo matiza algo y concuerdo en que el debate deb seguir
 

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