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Tiburones y pirañas

Tiburones y pirañas

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Por Sinesio Lopez

¿Puede un pastor protestante separar la política de la religión? ¿Puede diferenciar la política de la ética?

Sospecho que no. Me parece que el pastor Lay ve a los congresistas como unos malandrines y a los ciudadanos como unos pecadores. Si eso es así, ¿puede presidir la Comisión de Ética del Congreso? ¿Por qué esta se inmiscuye en asuntos que no atañen a la representación ni a la función de los congresistas? ¿Por qué se mete con la vida privada e íntima de los congresistas? Que se meta con sus delitos, pero no con sus pecados. Pero incluso en este caso hay límites. Si un congresista comete una falta o un supuesto delito que no tiene que ver con la representación ni con sus funciones congresales no es la Comisión de Ética la que tiene que juzgarlo sino las instancias judiciales correspondientes siguiendo el debido proceso que las leyes y el Reglamento del Congreso establecen.

Algunos de los mayores logros del humanismo cívico y del republicanismo renacentista, en especial de Maquiavelo, son la separación de la política respecto de la religión, la diferenciación de la política y la ética y la introducción de una ética laica. Para Maquiavelo no existe un solo fin (la salvación de las almas) sino que hay otros fines igualmente legítimos (conquistar el poder en la tierra o la plena realización humana en este mundo, por ejemplo). La conquista de legítimos fines políticos requiere medios adecuados y laicos. El sermón de la montaña es una guía para ir al cielo, pero no sirve para conquistar el poder en la tierra. A veces es necesario echar mano a medios nuevos cuya moralidad es dudosa o ambigua. En esos casos interviene la ética que se coloca entre los medios no santos y los legítimos fines políticos.

Tengo la impresión que el pastor Lay busca santos o personas de biografía impecable (listos para ir al cielo) en medio de los políticos que son gente de carne y hueso. Se ha equivocado de lugar de búsqueda. A los santos tiene que buscarlos en su iglesia porque no los va a encontrar en el Congreso. Allí hay políticos (o gente que funge de tales) que buscan fines laicos y que se guían por una ética laica. Pero hay algo más.

Cuando se trata de investigar supuestos delitos o pecados (que para él son lo mismo, sospecho), el pastor Lay y su comisión se dedican a pescar pirañitas y dejan escapar a los tiburones. Se ve entonces una situación que sería cómica sino fuera indignante: algunos defensores de los tiburones investigando a las pirañitas.

Todo esto se hace con el estímulo y el apoyo de cierta prensa derechista interesada en cubrir con el manto del olvido los grandes asaltos al fisco por parte de los políticos más corruptos de la historia. Sugiero dos grandes temas que debieran investigar las Comisiones de Ética y de Fiscalización: el enriquecimiento de los políticos de los últimos gobiernos y la probable corrupción que habría detrás de los virajes programáticos.

Hay políticos que se empobrecieron (Haya, Belaunde), pero sus entornos se enriquecieron. Otros se han enriquecido, sin duda, debido a los cargos públicos que han desempeñado. Eso está a la vista: compran empresas, adquieren centros culturales y (se dice) pretenden comprar una estación de TV para volver a las andadas gracias a las Comisiones de Ética y de Fiscalización que no investigan lo que deben investigar.

El tema de los virajes programáticos es difícil, pero amerita una investigación por parte de las Comisiones de Ética y de Fiscalización. La gran pregunta es: ¿el cambio de un programa popular y progresista por otro que sirve a los ricos obedece a la racionalidad política,  a las relaciones  de fuerza o la corrupción?

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