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Mistura y Antimistura

Mistura y Antimistura

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Por Wilfredo Ardito

Hace unos años, recibí por internet la denuncia de que un grupo de pishtacos secuestraba niños para sacarles los ojos… en los baños del Saga Falabella de Chiclayo.

-¡Es verdad!  ¡Yo estaba allí el día en que salvaron a un chiquito! –me corroboraba una señora chiclayana.

Historias menos dramáticas, pero igualmente desagradables e inverosímiles he escuchado en Trujillo sobre los supermercados Wong y en Huancayo sobre Plaza Vea.   En los noventa, recuerdo que en Lima se decía que en los McDonald’s se vendía carne de ratón y lo creían personas de todos los sectores sociales.    En mi opinión, todas estas leyendas urbanas son formas en que las personas canalizan el rechazo que les generan los nuevos actores económicos.   Si expresaran este rechazo abiertamente se expondrían a parecer opuestas a la modernidad ante los demás… y quizás ante ellas mismas.   Por eso es preferible creer  un mito negativo.

He pensado en estos relatos la semana pasada cuando escuché a tanta gente acusar a Gastón Acurio de promover la tala de los árboles del Campo de Marte para la feria Mistura, pese a que Acurio ni siquiera participa en la organización del evento.   Hace unos días, tres jóvenes, un varón y dos mujeres, decidieron protestar desnudos frente al parque y, cuando algunos policías pretendieron impedirlo, varios vecinos de Jesús María defendieron vehemente a los nudistas, forzando a los policías a retirarse.

Faltan apenas cuatro días para que la polémica Mistura empiece y, en medio de todo el conflicto, es importante reconocer la preocupación por las áreas verdes tan amenazadas en Lima.  En los últimos diez años, desde Lince hasta San Isidro y desde Surco hasta Miraflores, los vecinos se han organizado para enfrentar a alcaldes dispuestos a cubrir parques y bermas con cemento.  Sin embargo, lo particular del caso de Mistura es que la gente no protestaba tanto contra el alcalde de Jesús María, Enrique Ocrospoma, sino contra la feria.

¿Acaso no amaban todos los peruanos a Mistura?  Pues no todos.  Como los exitosos centros comerciales,  Mistura se vuelve una experiencia de consumo placentero al que muchos no tienen acceso.   “A Mistura va todo tipo de gente”, decían algunas personas en años anteriores, refiriéndose al color de la piel de los asistentes.  En realidad, son muchos los peruanos, mas bien, la mayoría, que no pueden permitirse ir a dicha feria.    Por eso decíamos que Mistura se parece al nuevo centro comercial donde  algunos puneños o huancaínos la pasan muy bien, pero que para otros habitantes de las mismas ciudades es una muestra de los lugares a los que no pueden acudir, enfatizando así las diferencias económicas.

Es verdad que la comida peruana se ha convertido en una fuente de orgullo e identidad nacional… pero también lo es que esto sucede en un país con elevados índices de desnutrición y pobreza.  Y también lo es que, en los últimos años,  “comer bien” se ha vuelto un acto de ostentación, llegándose a pagar precios elevadísimos por una cena o un almuerzo.    El propio Gastón Acurio podría ser asociado a dicho consumo ostentoso.    Además, aunque muchos peruanos lo siguen admirando por todo lo que ha hecho por promover la gastronomía peruana, su sobreexposición en publicidad de muchos productos, puede terminar afectando su imagen personal.

Los organizadores de Mistura no tomaron en cuenta nada de esto, ni que estaban trasladando la feria del Parque de la Exposición, donde prácticamente no hay vecinos, al Campo de Marte, alrededor del cual decenas de personas han comprado departamentos en busca de paz y tranquilidad.  Ahora, los trabajos de construcción les han hecho vivir una pesadilla y se alistan a empacharse de congestiones de tránsito, aglomeraciones, bulla y conciertos.   Seguramente, algunos entienden ahora cómo las actividades mineras o petroleras alteran la vida de campesinos o nativos, sin darles ningún beneficio a cambio.

¿Qué hacer al respecto?  Pues reconocer que, con las contradicciones de la sociedad peruana era excepcional que Mistura hubiera podido organizarse las veces anteriores sin incidentes.  Para futuras ocasiones, los organizadores deberán evitar la visión triunfalista de que todo el Perú mantiene su mismo entusiasmo y  medir los impactos en los vecinos.  Lamentablemente, el desordenado crecimiento de la ciudad llevó a que hace años desapareciera la Feria del Hogar, con lo que eventos tan masivos  pareciera que por ahora no tienen espacio.

Entretanto, a los vecinos de Jesús María, seguramente con la solidaridad de muchos limeños, les queda la tarea de defender el Campo de Marte de los proyectos de Ocrospoma, que ha anunciado la pretensión de convertirlo en un parque de diversiones.   Inclusive existen rumores que pretende vender el mercado de San José a Tottus o a Saga Falabella… y, con los antecedentes que existen, éste podría no ser un mito como el de los sacaojos que acechan en los baños.

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