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Salud en el segundo alanismo:Entre el derecho y el mercado

Revista - N° 18 DESC

Salud en el segundo alanismo:

ENTRE EL DERECHO Y EL MERCADO

La salud, ese derecho humano fundamental, sigue sufriendo el desinterés del Perú oficial. Asignaciones presupuestarias insuficientes, políticas inadecuadas, maltrato al personal, son el pan de cada día, reflejando una visión distorsionada, donde la salud y el bienestar de las personas se volvió una mercancía más.

18-12-01

Escribe Alexandro Saco

Para analizar el derecho a la salud en el segundo gobierno de Alan García cabe recordar las dos tendencias para la ampliación del acceso a los servicios que pugnan hoy en el mundo: una privilegia la focalización y los sub-sidios únicamente hacia los pobres extremos; otra busca la universalización e integralidad real en las atenciones de salud.

La focalización en salud propone que el Estado atienda las necesidades de los excluidos desde un enfoque de paquetes de atenciones o “listas” a las que el pobre puede acceder. Para ello, la persona tiene que demostrar su pobreza extrema vía una ficha de evaluación o ser identificada desde el Sistema de Focalización de Hogares.

No es la condición de ciudadano o ciudadana la que da derecho a atenciones de salud a las personas, sino su condición de no contar con bienes, dinero o propiedades: ser pobre.

En este enfoque la responsabilidad Estatal se reduce drásticamente, ya que como cada día (según las mediciones de la pobreza monetaria) existirían menos pobres, los subsidios para atenciones de salud se irán reduciendo.

¿La salud: algo para resolver en el mercado?

18-12-02Si la responsabilidad del Estado se concentra en grupos focalizados vía al Seguro Integral de Salud, entonces los demás peruanos y peruanas no protegidos ni por el SIS ni por EsSalud (y también muchos de éstos ya que los paquetes no son integrales) deben -en la práctica- comprar sus atenciones en el mercado de la salud.
Se llega así al conflicto central por el derecho/libertad a la salud, ya que la salud no puede ni debe ser manejada como un asunto de mercado, sino como uno de los derechos/libertades fundamentales. Reducir la salud a una situación en la que los seguros (públicos o privados) se hacen necesarios es distorsionar lo que significa el proceso de la salud. Puesto que las atenciones médicas son sólo una parte del logro a la salud, al colocarse este aspecto bajo la lógica de mercado se perderá la capacidad para establecer reglas claras para buscar salud.
 
De ahí las críticas hechas desde distintos sectores a la ley de aseguramiento universal, que abre de par en par la puerta a la competencia en el mercado de la salud de los seguros privados o estatales. No es casual que las grandes aseguradoras estén ofertando seguros de salud diversos y que el propio EsSalud ofrezca ahora un nuevo seguro independiente, presentándolo como el mejor del mercado. La ley de AUS, al establecer como mínimo asegurable el Plan Esencial de Aseguramiento en Salud (PEAS), promueve que ahora se oferten distintas coberturas que incorporan algunos añadidos a la lista del PEAS. Es decir, en un país donde ya existen clases para el acceso a salud, ahora podremos tener más y más clases de peruanos en relación al paquete de beneficios que suscriban con el asegurador público o privado.
 
El inexistente Sistema Peruano de Salud

No existe en el Perú de hoy un sistema de salud. La ley establece el Sistema Nacional Coordinado y Descentralizado de Salud (SNCDS), pero todos los que nos interesamos por la salud pública sabemos que el SNCDS tan sólo está pintado en una pared de la cuadra ocho de la avenida Salaverry. Múltiples situaciones reflejan el actual desorden: el tráfico de órganos -en el que están involucradas las principales clínicas del país-, la desprotección de víctimas de negligencias o eventos adversos en los servicios de salud, la proliferación de los mal llamados Hospitales de la Solidaridad que funcionan como centros de captación para empresas privadas dedicadas a salud, el acceso a medicamentos y que el país sea tierra fértil para que las farmacéuticas experimenten con los pobres.

Por ello, para que ,los peruanos y peruanas seamos iguales en cuanto a nuestro derecho/libertad a la salud, es crucial la conformación de un Sistema Peruano de Salud. Esto no es un sistema estatal de salud, sino que alude a la capacidad de conducción estratégica, ordenamiento, fiscalización, sanción y desarrollo de políticas públicas que deben ser cumplidas por todos los prestadores de salud y actores sanitarios. En salud, más que en ningún otro campo del quehacer estatal, se requiere un órgano rector sólido con capacidad de poner limites a los diversos intereses en juego.
 
Avances y pendientes

El proceso de crecimiento económico que atraviesa el país ha permitido que el presupuesto del sector salud (MINSA - DIRESAS) se incremente en relación al presupuesto nacional: en 2006 fue 3810 millones de soles (7.49% del presupuesto y 1.25% del PBI), para el 2010 será 6406 millones de soles (7.83% del presupuesto y 1.54% del PBI). Pero aún se mantiene por debajo del promedio latinoamericano (7% del PBI). La situación es inercial: si aumenta el presupuesto en general, los sectores cuentan con más recursos. A pesar de ello persisten problemas clave como la relación del Estado con los trabajadores de salud.

Éstos no cuentan con una política clara y en muchos casos laboran en situaciones inaceptables, lo que los coloca entre la espada y la pared, entre el usuario y el Estado: por un lado se les exige calidad en las atenciones pero ellos no cuentan ni con sueldos adecuados ni con infraestructura, equipamiento e insumos que les permitan desarrollar su labor con calidad.
 
18-12-03Hacia dónde ir
 
Ningún sistema que ha optado por el mercado y la lógica de los seguros puede demostrar haber logrado mayor equidad frente a que aquellos que han optado por la universalización en el acceso a la salud.
 
En el Perú, las deficiencias existentes demandan que optemos por una lógica universalista. El Sistema de Salud debe servir para igualar a los peruanos y no para crear más diferencias. Esa universalización, para ser real y no sólo de nombre, debe ser progresiva y tender a la integralidad, no a la segmentación de las atenciones vía paquetes o listas mínimas.Ejemplos diversos sobre como avanzar hacia una universalización inclusiva, son los de Brasil, Portugal, Costa Rica, Canadá y España, que fueron capaces de revertir lo que parecía irreversible, y aún hoy siguen luchando por sostener el acceso a la salud para toda su población independientemente de su capacidad directa de pago.
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