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Pedir perdón no basta

Pedir perdón no basta

op-afroPor Wilfredo Ardito

Hace un año, cuando Alan García pidió perdón al pueblo afroperuano por los agravios sufridos a lo largo de la historia, muchas personas quedaron desconcertadas. ¿A qué venía este noble gesto, por parte de alguien tan poco preocupado por los peruanos discriminados?

Es posible suponer que esta súbita motivación antirracista buscaba enviar un mensaje positivo al Presidente Barack Obama. De hecho, por varios años, los congresistas republicanos negros condicionaban su respaldo al gobierno de Uribe a que éste tomara medidas efectivas para apoyar a los afrocolombianos.

En este caso, sin embargo, a la resolución en la que se pedía perdón, siguió una ceremonia en el Palacio de Gobierno, donde acudieron diversos representantes de la colectividad afroperuana..., pero un año después, dicha colectividad ha continuado enfrentando estereotipos negativos, prácticas de selección laboral adversa y represión policial indiscriminada. A diferencia de otras víctimas del racismo, como los mestizos y andinos, que son sectores mayoritarios, los negros son una minoría que los demás grupos perciben con desconfianza.

Continúa pareciendo elegante, en hoteles, restaurantes y casinos limeños, ubicar un portero negro en la entrada, recibiendo con sumisión a los clientes de piel más clara, como si estuviéramos aún en los tiempos de la esclavitud. En nuestra opinión, el simbolismo cruel de esta ubicación es que el lugar de los negros es fuera del local. Realmente es chocante cuando en algunos de esos hoteles se realizan seminarios sobre gobernabilidad, reconciliación o ciudadanía promovidos por ONGs o por la cooperación internacional.

No es el único caso en que un empleo "típico" de afroperuanos tiene lamentables connotaciones. Hace unos meses, la Ministra de la Mujer denunció que varias agencias funerarias ofrecen servicios de lujo, en los que el féretro es llevado solemnemente por cargadores negros.

En los medios de comunicación, los negros continúan invisibilizados: ni siquiera en la televisión estatal tenemos presentadores negros, para no hablar de la publicidad. Es más, durante los primeros meses del 2010, en Frecuencia Latina Jorge Benavides volvió a presentar el personaje El Negro Mama, reproduciendo los peores estereotipos hacia los afroperuanos (delincuentes, caníbales, deshonestos, marginales, etc.).

Cuando Mónica Carrillo y otros activistas afroperuanos exigieron que dejara de aparecer El Negro Mama, muchas personas se opusieron señalando que esto era una "censura" y un atentado contra la libertad de expresión, debido a la tolerancia que los peruanos tenemos con las bromas discriminadoras.

En realidad, la libertad de expresión no incluye ofender gratuitamente a las personas. De hecho, Benavides llevaba a cabo lo que en su reciente libro, Daniel Sánchez denomina incitación indirecta a la discriminación: gracias a su personaje televisivo, en colegios, universidades y centros de trabajo, muchos negros eran ridiculizados y objeto de maltrato. Afortunadamente, luego de varias semanas de protestas y gestiones, el personaje salió del aire.

En los ámbitos cultural y educativo, el principal esfuerzo desde el Estado es el Museo Afroperuano pero que requiere todavía de mucha difusión (funciona en Jirón Ancash 542, a unos pasos de la avenida Abancay, por si algún lector no lo conoce). Mientras en los Estados Unidos circulan ampliamente agendas y almanaques que resaltan los diversos logros de los negros de ese país, como el primer abogado o el primer médico, en el Perú, se corre el riesgo que esta información se pierda. La mayoría de peruanos no es consciente de esta semana, el 3 de diciembre, se cumple un aniversario más de la abolición de la esclavitud.

El problema principal es que, más allá del pedido de perdón, no se plantearon políticas públicas para enfrentar la discriminación ni hacia los negros, ni, en general, hacia los demás peruanos discriminados. Inclusive, la pobreza que afecta a muchos afroperuanos es atribuida a ellos mismos. En el ámbito de la salud ni siquiera se toman medidas específicas para aquellos problemas que afectan de manera más grave a los afrodescendientes, como la diabetes, la hipertensión y la anemia calciforme.

En otros países que han tomado en serio este problema, el Estado interviene para garantizar que desaparezca la discriminación en el empleo, la educación o los medios de comunicación. Sucede así con la Secretaría para la Equidad Racial del Brasil y organismos similares en Estados Unidos, Colombia, Gran Bretaña o Bélgica. En el Perú tenemos el Decreto Supremo 027-PCM-2007 que estableció que cada institución estatal debería trazar políticas especiales de atención a la población indígena y afroperuana, pero al parecer no ha sido tomado en serio.

Por otro lado, hasta la fecha seis gobiernos regionales y casi cincuenta municipalidades cuentan con Ordenanzas contra la discriminación, pero llama la atención que estas normas no se han promulgado en lugares como Ica o Cañete, donde existe amplia concentración de afrodescencientes.

Un año después del pedido de perdón, la necesidad de acciones concretas contra la desigualdad que vive la población afroperuana sigue siendo vigente.

Comments  

 
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