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Documental muchedumbre 30s Ecuador Parte 4

admin » 5pm - October 2, 2011
¿Por qué Rafael Correa, el Presidente de Ecuador en funciones desde enero del 2007, no se cayó el 30 de septiembre del 2010, como sí ocurrió con otros mandatarios, en un país donde ha imperado la inestabilidad democrática? Es la pregunta que muchos se hicieron tras la insubordinación policial y militar, que -según los opositores al gobierno- no tuvo la intención de derrocar al mandatario, que en ese momento era el presidente pro tempore de UNASUR. 

Una revisión breve de la historia política de Ecuador, muestra que éste país no ha tenido, precisamente- suficientes períodos de estabilidad democrática. Desde octubre de 1833, cuando Vicente Rocafuerte asumió el poder, tras haberse rebelado en contra del primer presidente republicano Juan José Flores, hubo más de 20 revueltas y apenas 40 gobiernos constitucionales nacieron en las urnas. Tan solo desde 1995 hasta el 2010, fueron derrocados: 1 vicepresidente y 3 presidentes. Estos golpes, los últimos, transmitidos en directo al mundo entero, permitieron que desde el exterior otorgaran al ecuatoriano de hoy el título de: Campeón Mundial de Golpes de Estado.

Ese título, además- fue concedido por una suma de méritos: los derrocamientos fueron rápidos, fáciles, casi quirúrgicos, sin graves traumas, pocas víctimas y hasta con el patrocinio de los distintos congresos. Por ello, en Ecuador, conjugar el verbo derrocar terminó convirtiéndose hasta en un animado pasatiempo: yo derroco, tú derrocas, él derroca, nosotros derrocamos

Aquella práctica, llevó a que en la cultura política ecuatoriana se creyese que botar a los gobernantes era la única manera de que sus demandas fueran atendidas; desde la construcción de la casa parroquial hasta las mejoras salariales de los empleados públicos.

El 30 de Septiembre del 2010, luego de tres años y ocho meses, desde que Rafael Correa, profesor y economista de profesión, asumiera el cargo de Presidente Constitucional de la República número 40, una rebelión policial tumultuosa y vocinglera, dejó desprotegidos a los ciudadanos y permitió que se reprodujeran escenas propias de los derrocamientos, pero con una gran diferencia: los que antes recibían órdenes de los gobernantes para salvaguardar el orden constitucional y la propiedad individual, esta vez lo subvirtieron. ¿Lo hicieron por cuenta propia? ¿Hubo solamente una demanda salarial? ¿Trataron de derrocar al mandatario, a tono con esa lógica política que domina tanto tiempo, o incluso buscaron matarlo? Son respuestas que siguen en debate entre los analistas, los ámbitos judiciales y el ciudadano de la calle. Esto, probablemente, demandará mucho tiempo, sin posibilidades ciertas de hallar respuestas absolutas.

Sucesos como los del 30S, donde interviene la muchedumbre, generalmente han sido violentos y han producido incertidumbre social. La sublevación policial del 30S, no solo que fue grave, sino que además- desde el punto de vista periodístico se convirtió en una gran noticia. No es ningún secreto que todos los medios de prensa siempre estuvieron y estarán a la caza de eventos espectaculares, que generen pingües ganancias a las empresas de comunicación. Una sublevación policial, que deja desprotegido al país, sin duda es una gran noticia, más si es el propio Presidente de la República quien acude al foco de la protesta para desactivarla y termina siendo rehén en uno de los cuarteles policiales de Quito.

Varios foto-reporteros y periodistas que acudieron ese día a recoger información de primera mano en los principales escenarios de protesta, fueron en principio respetados por los complotados. Es más, algunos estuvieron invitados con anticipación a cubrir los sucesos, tanto que dentro del cuartel policial de Quito, donde se desarrollan los hechos, hubo -desde el primer momento- una bien montada tecnología que permitió la transmisión en directo de la asonada. Luego, todo cambio, y los complotados arremetieron. Hubo comunicadores golpeados, vejados incluso- algunos resultaron heridos y sus herramientas de trabajo destruidas.

Una versátil y amigable tecnología de comunicación, a la cual se habituó el ecuatoriano de hoy, permitió que miles de cámaras de video y fotográficas, algunas incorporadas en los teléfonos- pudiesen registrar innumerables detalles de las protestas. Los realizadores de Muchedumbre, a la cabeza su director, emprendieron un minucioso proceso de reconstrucción cronológica de los hechos, mediante evidencias documentales. Por ello, decenas de horas de registro gráfico, más los testimonios directos de algunos de los protagonistas, permite en este video documental entender paso a paso lo que ocurrió ese día, y supera con creces- la versión periodística escueta que ofrece la noticia de 3 minutos, muchas veces cargada de subjetividad o intención que nada tiene que ver con lo informativo.

En Muchedumbre, Rafael Correa, da su versión completa de los hechos, así como uno de los policías que trató de sacarle la máscara anti gas al mandatario, cuando éste había sido atacado por los manifestantes. Varios de los heridos, testigos y protagonistas cuentan cómo vivieron ese fatídico día, en el que se lamentó la muerte de 8 personas en todo el país y cerca de 300 heridos. Analistas y protagonistas confiesan el temor de que la inestabilidad democrática no haya sido completamente desterrada y -a pesar de que los ecuatorianos les dijeron a los encuestadores que prefieren vivir en democracia- nada garantiza que nuevos procesos conspirativos continúen en marcha.

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