Porque dirigi Foncodes con Toledo y ahora no tendria una alianza política con PP

 

Porque dirigi Foncodes con Toledo y ahora no tendria una alianza política con PP

sp-toledoPor Pedro Francke

Un amigo mio, militante de Fuerza Social que colaborò en la gestiòn que dirigì en Foncodes, me pregunta porquè rechazamos tan tajantemente la posibilidad de ir en alianza con Peru Posible y Alejandro Toledo, si antes estuvimos en su gobierno. Disculpa, Fernando, que te responda luego de varios dìas y de manera pùblica, pero es que tu corto mail me ha interpelado y hecho pensar.

Antes de las respuestas màs analìticas y reflexivas, la primera respuesta es PORQUE AHORA LA CONOCEMOS MEJOR. Hacia el 2001, Toledo era el que habìa encabezado la la alternativa polìtica antidictatorial y parecìa que podìa hacer un gobierno decente, no de izquierda, pero al menos de centro-izquierda. El paso del tiempo mostrò un gobierno improvisado, que entregò la polìtica econòmica a la derecha, que optò por dejar varios canales de televisiòn en manos de mafiosos que se habìan vendido a Montesinos, que no reestableciò los derechos laborales, que se aliò al ultraderechista Bush para sacar un TLC de rodillas, y que tampoco hizo gran cosa en materia de polìticas sociales.

Pensàbamos que no serìa asì. Lleguè al equipo de gobierno de Toledo cuando habìa un grupo de izquierdistas, desorganizados polìticamente, que querìamos apoyar la transiciòn democràtica. Los partidos de izquierda habian desaparecido, o casi, bajo Fujimori. Consideramos que era un momento critico de nuestra historia, que Toledo era la mejor opciòn de mentener y porfundizar la democracia, y creìmos en sus promesas de un gobierno de todas las sangres, es decir, inclusivo. Oscar Dancourt, Nicolàs Lynch, Gonzalo Garcìa, Fèlix Jimènez, Martìn Soto, Sinesio Lòpez, Manuel Iguìñiz, y del PDS Gustavo Guerra Garcìa, y Susana Villaràn en la defensorìa de la policìa, hicimos esa apuesta.

A pesar de que en general tuvimos una buena gestiòn pùblica en nuestros sectores, vièndolo desde la polìtica nacional, desde los grandes rumbos del paìs, no saliò bien. Saliò mal, para què negarlo. Yo fui de los primeros en salir, cuando Toledo decidiò tratar de usar los programas sociales para ganar las elecciones regionales del 2002, lo que iba contra de la neutralidad de los funcionarios y programas pùblicos, uno de los principios fundamentales de la democracia que habia violentado Fujimori y que habìa reestablecido el gobierno de Transiciòn de Valentin Paniagua. Luego de haber luchado varios años contra un Fujimori que utilizaba de manera clientelista los programas sociales, estar comprometido en eso mismo me parecìa inaceptable.

Pasaron los meses, y el gobierno de Toledo se fue derechizando cada vez màs, mostrando complicidades con la corrupciòn y una ineptitud clamorosa. No solo mantuvo una polìtca econòmica neoliberal, le dio la proteccion de un tratado internacional con el TLC. Las polìticas sociales, educativas y de salud, fueron de tumbo en tumbo. Hay que reconocer, si, que iniciò la descentralizaciò n - aunque luego no la impulsara consecuentemente, dejando de lado la descentralizacion fiscal o negando apoyo a las macrorregiones -, que mantuvo la democracia, que dio continuidad a la CVR, y que fue firme ante el fujimorismo. Pero el balance deja mis expectativas insatisfechas. Muy insatisfechas. Tuvimos una gran oportunidad para, tras la caida de
Fujimori, dar un salto hacia la profundizacion de la democracia y la inclusiòn social, y Toledo la desperdiciò.
 
En las elecciones del 2001 empecè a apoyar a Toledo en la segunda vuelta, cuando se enfrentaba con Alan Garcìa, y puestos a escoger, vistos los gobiernos de ambos,el de Garcìa me parece mucho peor, de extrema derecha, represor, aliado al fujimorismo y mucho màs corrupto. Pero nuestra patria no tiene porquè resignarse a tener siempre gobernantes mediocres y corruptos porque la polìtica peruana es mediocre y corrupta. Falta polìtica con propuestas y principios, y sobran discursos bonito pero vacìos y sinverguenzas disfrazados de papanoeles. No queremos eso. Tenemos que construir algo nuevo, diferente, ètico. De izquierda, claro, en un paìs con tanta inequidad y exclusiòn, como no. No podemos diluirnos en la porquerìa actual. No lo hicimos en Lima, no debemos hacerlo a nivel nacional.
 
No es la primera vez que me enfrento a este dilema: mantener nuestro programa y nuestras ideas polìticas principales, o ser parte de un gobierno o una propuesta polìtica donde pensamos que podemos tener màs logros. Durante el propio gobierno de Toledo, en el 2004 dos ministros sociales me ofrecieron altos cargos. He recibido una propuesta similar con este gobierno. Se de primera mano que se pueden hacer muchas buenas cosas si hay condiciones mìnimas. Opino muy favorablemente de quienes enfrentan la usualmente ingrata tarea de la gestiòn pùblica, que nuestro paìs necesita tanto mejorar. He optado, sin embargo, como muchos, por abordar un reto mayor, mas difìcil pero màs de fondo, que es transformar la polìtica peruana para transformar el Perù, y en esa orientaciòn, ser parte de una propuesta polìtica como la de Perù Posible marcada por la mediocridad, la corrupciòn y el neoliberalismo serìa un golpe negativo muy fuerte. Como pregonar decencia y cambio, y ser parte de eso. Como defender a PPK, la etiqueta azul, el maletìn lleno de dòlares para Almeida, el TLC con Bush que luego mejoraron los demòcratas gringos, la ministra que durò dos dìas, las bases peruposibilistas arranchàndose los puestos pùblicos, el suegrito de Raul DC obteniendo beneficios tributarios. Nomàs no se puede.