Tiempo intermedio

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bll-articulo06-27-07-2011

Por Nelson Manrique

La lección de garra y coraje que ha brindado la selección peruana en la Copa América le ha cambiado el tono vital al país. En las redes sociales se ha subrayado un interesante paralelo entre la campaña de la selección de 1970 en el Mundial, cuando empezaba un gobierno militar de tendencia izquierdista, y la coyuntura actual, con la llegada a Palacio de un militar que promete realizar grandes transformaciones. Aunque la medalla de bronce ha sido conseguida mientras aún Alan García es presidente (y este ha intentado capitalizarla políticamente), la lucha por la clasificación y la eventual participación –que todos anhelamos– de nuestra selección en el Mundial se dirimirán durante el mandato de Ollanta Humala. Deporte y política marcharán pues inevitablemente unidos.

Escribí hace unas semanas que no parecía avizorarse un arco del triunfo al final del gobierno de Alan García y los hechos parecen confirmarlo. Cuando decidió no asistir a la toma de mando de su sucesor se habló de un “desaire”, no parece que fuera su intención agraviar a Ollanta Humala. Durante estas últimas semanas García se ha cuidado de indisponerse con él: lo respaldó durante la crisis desatada por el viaje su hermano a Rusia, ha tenido palabras de elogio para las decisiones que ha anunciado y se ha mostrado particularmente feliz con la incorporación de dos funcionarios de su gobierno como los máximos líderes del sector economía en el nuevo gobierno.

Hay que creerle pues cuando dice que no piensa ir porque quiere evitar un “maltrato” como el que sufrió en 1990, al expirar su primer mandato. Aunque la situación es hoy diferente al apocalipsis que dejó entonces, razones no le faltan para estar aprensivo. Esta semana se realizó una entusiasta movilización juvenil por las calles de Lima bajo el expresivo lema de: “¡Alan nunca más!”. Y en la reinauguración del remodelado Estadio Nacional no faltaron las pifias, a pesar del inteligente reclutamiento de la selección nacional –traída a última hora en el avión presidencial para buscar capitalizar su enorme prestigio– y del cuidado que se puso en la selección de los invitados.

Que la reinauguración del Estadio Nacional no estuviera abierta a todo aquel que comprara su entrada puede tener motivaciones más profundas de las que aparecen a primera vista. Víctor Vich ha llamado la atención sobre la naturaleza marcadamente discriminadora de la concepción arquitectónica que subyace al proyecto: su objetivo no ha sido ampliar la capacidad del estadio sino utilizar buena parte de las tribunas para la construcción de palcos exclusivos, que privatizan espacios que antes eran públicos, convirtiéndolo en un espacio que, lejos de favorecer la integración que su nombre anuncia, está destinado a refregar las diferencias sociales. Como dice el autor, “sigue existiendo en el Perú un goce social por marcar las desigualdades y por complacerse con ellas” (La Mula, http://bit.ly/nfZGVY).

Dado el carácter primario exportador de nuestra economía, en nuestra historia política las fases de excelentes precios de las materias primas en los mercados mundiales han visto surgir gobiernos que buscaron convertir el cemento en su carta decisiva de vigencia histórica. Sucedió con Ramón Castilla y el boom del guano, con Augusto B. Leguía y la gran política de empréstitos de los años 20, con Manuel A. Odría, la guerra de Corea y el boom de los minerales metálicos en los 50, y ahora con Alan García. Él no es pues la excepción de la regla sino su confirmación.

Aunque que las obras inauguradas no estén concluidas quita lustre a las ceremonias, García confía en que así estas se terminen él podrá capitalizar la gratitud ciudadana y regresar a Palacio el 2016. Los precedentes no juegan a su favor: Castilla murió mientras preparaba una nueva revolución; Leguía lo hizo en prisión, acusado de corrupción; Odría cosechó un significativo respaldo popular gracias a su clientelismo en las barriadas de Lima pero tampoco volvió a la presidencia. Más cercanamente, la Vía Expresa no llevó a Bedoya a Palacio; tampoco el Metropolitano a Castañeda Lossio (aunque él sigue murmurando que les gana a todos en segunda vuelta).

¿Romperá García el molde?