Mala conocida o ¿malo por conocer?

 Mala conocida o ¿malo por conocer?

bll-especial06-03-06-2011

Por Luis Pásara

Hay quien se pregunta por qué hemos llegado a la desgraciada opción que los peruanos encaramos el domingo. La respuesta es simple: estos dos candidatos son el resultado de la oferta política disponible en el país.

En esa oferta resalta la mediocridad pero también las ambiciones y mezquindades que mantuvieron en carrera inútilmente a otros candidatos, que en rigor no eran mucho mejores que los dos que nos quedan. Eso es lo que este país puede generar en estos tiempos. No más.

Lo mismo ocurre con los casos de corrupción y los procesos investigativos o judiciales que están en curso contra candidatos electos al Congreso. Éstos son pruebas vivientes del proceso de descomposición que atraviesa el país desde hace décadas y que la dictadura fujimorista explotó y potenció. La salita del SIN fue un espejo magnificado de la sociedad.
Estamos, pues, ante un dilema que no sale de la nada sino que viene de nuestra historia, la que nosotros mismos hemos hecho, como protagonistas, cómplices o mediante silencios acomodaticios. Y a quienes mantenemos celosamente cierta conciencia moral, claro, el dilema no nos gusta. No es lo que quisiéramos.

Desde esa conciencia moral resulta fácil descartar a Keiko. Es, vivita y coleando, la propuesta de volver al régimen de asesinos y ladrones que encabezó su padre. Lo dice no este comentarista sino un reguero de sentencias judiciales. De modo que no es preciso siquiera considerar si la candidata tiene o no determinadas cualidades. Es heredera, por decisión propia, de una dictadura atroz en la que ella solo reconoce “errores”, que disculpa en su padre, el verdadero cabecilla de la banda.

No es fácil, sin embargo, librarse de la inquietud: cómo es posible que a la mitad del país no le importen las razones morales a la hora de elegir al presidente. Sin duda, en la opción por Keiko hay intereses económicos y temor al cambio pero, ¿es éste un país en el que a la mitad de los electores no les importa nada más?

Descartada la heredera de la dictadura, tenemos al frente a Ollanta Humala, que genera reparos. Que, si se pone de lado el borroso y manoseado fantasma del auspicio de Chávez, cuando menos son tres.

El primero viene de su trayectoria, en la que hay episodios, por lo menos, oscuros. Lo ocurrido en Madre Mía. Su declaración desde Seúl contra el gobierno de Toledo y su papel en la asonada de Andahuaylas. Testimonios contradictorios, afirmaciones y desmentidos no despejan los cuestionamientos respecto a la vocación democrática del candidato.

El segundo reparo proviene de su capacidad. ¿Qué calidades tiene Ollanta Humala para gobernar el país? Pocas, a la luz de sus intervenciones públicas. Se dirá que Humala no es mucho peor que nuestros últimos presidentes. Desgraciadamente es cierto pero la constatación no consuela cuando se busca un cambio. Y el argumento basado en el equipo que lo rodea –entre ellos, muchas gentes capaces y respetables– no es convincente si se recuerda a quienes rodearon a Alberto Fujimori apenas elegido en 1990, equipo del cual el condenado se deshizo pronto.

El tercer reparo surge de la reformulación por la que el candidato ha pasado entre abril y mayo. ¿Cuáles son los alcances reales de su propuesta? Si después del viraje reciente promete mantener el modelo económico, que es excluyente, ¿cuál es la profundidad del cambio que ofrece?

Votar por Ollanta aparece como una nueva oportunidad de cambio. Pero, ¿qué nos asegura que, en efecto, él sea el cambio, si el curso de su oferta política es un zigzag y si gentes vinculadas a Montesinos han sido, o quizá son, de confianza de Humala?

En los años que he vivido con conciencia política, he visto muchos candidatos presidenciales que se embanderaron con el cambio y capturaron así la imaginación y la esperanza ciudadanas. El más lejano en mi recuerdo, todavía infantil, es Fernando Belaunde en 1956. El último es Alejandro Toledo y en el medio está, por supuesto, aquel Alan García que en 1985 llegó al gobierno prometiendo “un futuro diferente”. Ninguno cambió el país, por lo menos para bien.

El electorado ha sido estafado demasiadas veces con la propuesta de un cambio. Si Humala es elegido el domingo, ¿traerá el cambio que sus votantes esperan? Ojalá sea así.