La Lima que yo quiero

 

La Lima que yo quiero

op-dream02Por Wilfredo Ardito

Sábado por la noche. Ha terminado un concierto en la Casona de San Marcos y durante un rato con un amigo vemos a los jóvenes que ensayan huaylas en el Parque Universitario. Caminamos luego por la avenida La Colmena que luce muy hermosa, con los grandes edificios restaurados y bien iluminados. También está recién pintado el edificio Rímac, del Paseo de la República. Atravesamos esta avenida por uno de los túneles peatonales, con escaleras automáticas, y llegamos al concurrido Real Plaza, que ocupa lo que antes era el Centro Cívico. Seguimos hacia el Parque Neptuno, mientras varias personas pasean y se toman fotos con la fuente.

Un recorrido así, apacible y seguro, haría pensar que la actual gestión municipal es un éxito. Sin embargo, en mi calidad de paseante avezado, también he llegado hasta la Quinta Heeren, la Plazuela del Cercado o la iglesia de Santa Clara... y he comprobado cómo la tugurización, el alcoholismo, la drogadicción o la delincuencia siguen afectando a miles de habitantes de Barrios Altos, a menos de medio kilómetro de la Municipalidad. En realidad, uno se siente en la Lima de hace quince o veinte años, que parecía ir a la deriva.

Desde la gestión de Alberto Andrade, en el centro de Lima se ha vivido un proceso de regeneración urbana, por el cual lugares peligrosos y abandonados pasan a ser espacios públicos, gratuitos y seguros que la población disfruta. Ejemplos de ello fueron el Parque de la Exposición, la Alameda Chabuca Granda, la calle Capón y los Festivales del Sabor de la Plaza Italia.

Cuando Castañeda asumió la Municipalidad, suspendió los espectáculos culturales en la Alameda Chabuca Granda, dejándola languidecer, pero debe reconocerse que estableció el Parque de la Muralla, el Malecón del Río y, a pocos metros, se construyó un complejo habitacional para muchas familias que vivían en tugurios.

La inversión privada también ha participado de este proceso: bancos y compañías de seguros se han instalado en la Plaza San Martín y, al parecer, Ripley y Oeschle planean abrir pronto tiendas en el concurrido Jirón de la Unión.

A mí, limeño fiel al Centro Histórico, me encanta ver a mucha gente haciendo lo mismo que yo: disfrutar de los espacios públicos. Sin embargo, se mantiene mi preocupación porque buena parte de Lima continúa enfrentando fuertes problemas sociales, desde la contaminación hasta la baja calidad educativa, desde el racismo hasta la violencia familiar. En muchos aspectos, Lima sigue pareciendo una ciudad hecha para los más fuertes, como si no hubiera ancianos o discapacitados.

Por eso, además de los importantes espacios públicos recuperados, Lima necesita una política de inversión social para mitigar la pobreza. A esto debe añadirse convertir a los limeños en ciudadanos, mediante el aprendizaje de la convivencia cotidiana.

Un ejemplo cercano de estos procesos ha sido Bogotá, donde las gestiones de Mockus y Peñaloza tuvieron éxito especialmente porque lograron cambiar a los propios bogotanos, fomentando el respeto mutuo y la solidaridad. Cómo sería el efecto en la población, que miles de contribuyentes aceptaron aportar a la Municipalidad mucho más dinero del que les correspondía y luego decidían los proyectos de inversión social en que deseaban que se destinara su contribución, como parques, bibliotecas o atención a los adultos mayores.

Yo no tengo dudas que los limeños podemos cambiar y mejorar. Lo siento todos los días, cuando veo a los estigmatizados cobradores de combi exigir que se respete el asiento reservado para las personas que lo necesitan. Y no lo hacen por temor a una multa, sino por solidaridad.

Ahora bien, para lograr una Lima solidaria, donde todos tengan las mismas oportunidades, sin estigmas ni racismo, son fundamentales un liderazgo ético y un compromiso con los más vulnerables. Por todos los años que trabajamos juntos, no tengo duda que Susana Villarán posee, con creces, estas dos características. Podría contar muchas anécdotas sobre todo lo que aprendí de ella, pero me basta una, que tiene que ver con mis inclinaciones antirracistas.

Un lunes de 1998, comentaba con unos colegas de la oficina la denuncia que ese fin de semana había publicado Somos, respecto a un músico negro que había sido impedido de ingresar a un conocido restaurante de Miraflores. En ese momento, llegó Susana y nos contó:

-Me molestó tanto, que el sábado por la tarde fui al restaurante y les dejé una carta diciéndoles que no iba a volver a su local.

Me quedé pensando... y decidí hacer circular otra carta de protesta entre mis amigos, que también llevé días al restaurante. Así comenzaron las cartas antirracistas contra la publicidad de Ripley, La Paisana Jacinta y muchas otras situaciones. .

Es realmente satisfactorio votar por una persona a la que uno admira y de la cual ha aprendido mucho. Realmente, la vida de los limeños mejoraría mucho con Susana Villarán como Alcaldesa.

ADEMÁS:

  • Desde Lambayeque se nos informa que la restauración de la Capilla de San Francisco, el mejor ejemplo de arquitectura colonial de la región, se encuentra paralizada desde hace varios meses por la inercia de la filial del Instituto Nacional de Cultura.
  • Universitarios derribaron uno de los muros del aeropuerto del Cusco y quemaron pastizales para dificultar la visibilidad. No puede encontrarse ninguna justificación para este tipo de comportamiento.
  • El Poder Judicial ha convocado al Primer Congreso Internacional sobre Justicia Intercultural, que se realizará en La Merced (Junín) desde el 28 de septiembre hasta el 1º de octubre.
  • Agradecemos al Colegio La Unión la publicación de un aviso rectificatorio respecto a una oferta de empleo discriminatoria publicada la semana pasada.

EL APORTE: (Sobre la RP 322, referida a Al Fondo Hay Sitio)

 

Esta serie sería considerada racista en cualquier país civilizado, pero en el Perú y, en general en América Latina, se toma lo discriminatorio a la broma, porque se cree que no existe el racismo.
 
Al principio me gustaba Al Fondo Hay Sitio, pero poco a poco me cansé de que todos los personajes no-blancos deseen con toda su alma estar con alguien blanco. Y la serie no va la vida real: por ejemplo, Moyra Couto, la actriz que hace de Grace no está enamorada de Nicolás, sino que está con Kevin (Un lector anónimo del blog).

 

  • Yo no tengo televisor, pero de vez en cuando veo Al Fondo Hay Sitio en internet y había pensado que cada personaje muestra una forma de ser peruano y de encontrarse todos juntos (Jesús Macedo, desde Ilo).
  • Por el ritmo de trabajo, no tengo el gusto de haberme enganchado con esta serie, pero las pocas veces que la he visto me he sentido orgulloso porque a través de ella todos los peruanos están retratados. Hay siempre un personaje que puede ser cualquiera de nosotros. Lo más importante para mí es que se toca un tema social de manera muy sutil, sin ofender y sobre todo con un buen sentido del humor. Además me da gusto porque es una producción peruana exitosa que no vende basura, chismes de poca monta sobre una farándula cada vez más empobrecida... Al contrario, creo que hasta nos puede llevar a reflexionar... (Un abogado de San Isidro).
  • Como ahora vivo en Colombia no sigo la serie al detalle, pero la última vez que estuve coincidí con la posible muerte de Meter y me quedé impresionada con la reacción de la gente, pegada a la tele y poniendo mensajes en Facebook. Yo creo que también contribuye al éxito de la serie que las distancias entre sectores sociales ni son tan claras ni tan enormes... Y a lo mejor Fernanda nunca vuelve con Joel, pero el solo hecho que la posibilidad exista es, como se dice en Colombia, "muy diciente" (Julissa Mantilla).