Un defecto en la mujer

Un defecto en la mujer

op01-mujer06

Por Fabrizio Reyes De Luca.

Nuestro Dios hizo a la mujer durante el sexto día de la creación de la Tierra. Sin duda alguna, debió trabajar muy duro para materializarla. La creó para hacer más de una cosa a la vez y ser capaz de funcionar con una dieta pobre en calorías, tener un regazo que pueda acomodar a varios niños al mismo tiempo, dar un beso que sane desde una rodilla raspada hasta un corazón partido, y hacerlo todo solamente con dos manos y un sólo corazón.
La mujer tiene fuerzas que maravillan a los hombres. No solamente es capaz de pensar sino también de razonar, de entender y de perdonar. Cuando tiene una enfermedad se cura sola, soporta grandes dificultades, lleva pesadas cargas sobre sus hombros y puede trabajar hasta 18 horas al día en su casa o en su lugar de trabajo, sin quejarse como lo hace un hombre. No tienen idea de lo que puede aguantar ni de lo que es capaz de lograr.
Las mujeres nos prodigan amor, dicha y felicidad. Sonríen cuando quieren gritar, cantan cuando quieren llorar, lloran cuando están felices y ríen cuando están nerviosas. Lloran cuando sus hijos triunfan y se alegran cuando sus amistades consiguen premios. Son felices cuando escuchan sobre un nacimiento o una boda. Las lágrimas son su manera de expresar su dicha, su pena, su desengaño, su amor, su soledad, su sufrimiento y su orgullo.
Luchan por lo que creen y se enfrentan a la injusticia. Nunca aceptan un "No" por respuesta, cuando ellas creen que hay una solución mejor. Se privan para que su familia pueda tener algo más, porque aman incondicionalmente a sus seres queridos. Sufren con la pérdida de un pariente o un amigo, no obstante, son fuertes cuando piensan que ya no quedan más fuerzas. Saben que un beso y un abrazo pueden ayudar a sanar un corazón roto. Todo esto y mucho más, hacen de la mujer la criatura más bella y esencial del mundo.
Evocando al poeta uruguayo Mario Benedetti, todo hombre debe expresar a su mujer, estas palabras: "No sabes como necesito tu voz; necesito tus miradas, necesito tu paz interior; necesito la luz de tus labios. ¡Ya no puedo seguir así, ya no puedo! Mi mente no quiere pensar, no puede pensar nada más que en ti. Necesito la flor de tus manos, aquella paciencia de todos tus actos, con aquella justicia que me inspiras para lo que siempre fue mi espina".
Quiero concluir diciendo, que a veces los hombres necesitamos que se nos recuerde el incalculable valor que tienen las féminas en nuestras vidas. Sin embargo, hay un defecto que debo reprocharles: ¡Que se les olvida lo muchísimo que valen y lo maravillosas que son! Felicidades en su día, a todas las mujeres que luchan junto a nosotros por construir una sociedad mejor.