Una reelectura del triunfo de Humala

Una reelectura del triunfo de Humala

bll-articulo07-06-09-2011

Por Iván Mendoza

Han transcurrido ya casi 3 meses desde el triunfo de Ollanta Humala (OH) en segunda vuelta; el nuevo período político que se abrió con este resultado ha puesto en agenda nuevas prioridades y temas, de manera que, a diferencia de lo ocurrido luego de la primera vuelta, en esta oportunidad, son pocos los análisis que han circulado sobre los comicios del pasado 5 de junio.

Desde las elecciones del año 2006 quedó la idea de que OH tiene su bastión en los departamentos del centro y del sur, especialmente en aquéllos de alta ruralidad y altos niveles de pobreza, mientras que Lima y la región del norte le fueron esquivos. Los resultados de la primera vuelta de marzo parecen confirmar esta imagen, e igual ocurre con los del 5 de junio, que ratifican al sur como bastión electoral del nuevo Presidente,  aun cuando se reconoce que experimentó también un avance en el norte y en Lima Metropolitana.

Esta idea es en términos generales cierta, pero más allá del panorama general, una primera mirada a las cifras a nivel departamental y provincial, permite detectar algunos matices cuya explicación aguarda un análisis más profundo y detallado que el que hasta hoy se ha realizado. Se anotan a continuación ciertos resultados que sugieren pistas para estudios futuros.

La segunda vuelta electoral: algunas evidencias

1)    El bastión electoral de OH es efectivamente el sur; en 8 departamentos de esta región obtuvo una arrolladora victoria: en 5 de ellos logra entre el 72%-78% (Puno, Cusco, Tacna, Huancavelica y Ayacucho, en orden decreciente); en otros 3 triunfa con un 63%-67% (Moquegua, Arequipa y Apurímac).

2)    De acuerdo a cifras del año 2007, Tacna, Arequipa y Moquegua son departamentos de baja ruralidad (entre 8%-15%) y bajos niveles de pobreza (20%-26%) en relación a Puno, Cusco o Ayacucho (42%-50% de población rural, 57%-68% de pobreza).  Estas diferencias estructurales sin embargo, no fueron obstáculo para la alta votación allí obtenida por el candidato de Gana Perú.

3)    Aun cuando OH triunfó en todas y cada una de las provincias del sur, en las más urbanas y menos pobres obtuvo un porcentaje menor de votos. Es el caso de las provincias de Cusco, y de Puno y San Román, sede de las ciudades de Cusco, Puno y Juliaca, lo que estaría confirmando el perfil antes mencionado del votante humalista, ratificado por diversos analistas y constantemente difundidos por los medios de comunicación.

4)    Los departamentos de Tacna, Moquegua y Arequipa son menos pobres y menos rurales que departamentos del norte como La Libertad, Piura o Lambayeque, en donde Humala fue derrotado por Keiko Fujimori (la población rural de estos últimos oscila entre 20%-26% y sus tasas de pobreza están en 37%-45%).

5)    Los resultados en el norte han sido más heterogéneos que en el sur; así por ejemplo, en el departamento de La Libertad, si bien OH no logró ganar en ninguna de sus provincias, su  mayor votación la obtuvo en tres provincias costeñas (Chepén, Ascope y Virú), así como en otras dos provincias lejanas, ubicadas prácticamente en la selva (Bolívar y Pataz). Sorprendentemente, en 5 provincias andinas centrales (Julcán, Santiago de Chuco,  Otuzco, Sánchez Carrión y Gran Chimú), las de mayor ruralidad y pobreza, la votación por Gana Perú fue la más baja del departamento (27%-41%).  Por razones que deben explorarse, el discurso del candidato ganador logró atraer más al votante costeño asentado en ciudades pequeñas y medianas de importantes valles agrícolas que al electorado campesino de la sierra.

6)    En Piura, el panorama es diferente: OH logró triunfar en 3 provincias, dos de ellas (Ayabaca y Huancabamba) andinas, con altísimos niveles de ruralidad (87%-88%) y pobreza (75%-78%), lo que las equipara con sus similares del sur. La tercera es Talara (50.2%), una provincia costeña, con una estructura socioeconómica muy distinta, más parecida a su vecina Paita (49.8%) . En cambio provincias como Piura, Sullana y Sechura  (también urbanas pero con más pobres que Talara-Paita), votaron mayoritariamente por Keiko Fujimori.  ¿Por qué provincias campesinas y urbanas, con larga tradición obrera optan mayoritariamente por el mismo candidato? Ensayar explicaciones a estos resultados va a ser muy interesante.

7)    Cabe también señalar lo cerca que estuvo Gana Perú de obtener el 50% de los votos en la provincia de Chiclayo, la más urbana y próspera del departamento de Lambayeque.

8)    En los departamentos de Ancash y Cajamarca, OH logró triunfar, con un margen significativamente mayor en el primero (58.3% de los votos válidos), aun cuando el segundo (51.2%) es, de lejos, más rural y más pobre. En Ancash, obtiene mayor votación en la provincia de Santa (sede de la ciudad de Chimbote) que en otras más bien rurales y pobres como son los casos de Carhuaz, Bolognesi, Yungay, Corongo o Huaylas.

9)    En Cajamarca, las provincias del centro (Hualgayoc,  Santa Cruz, Cutervo, Chota) y sobre todo del norte (San Ignacio y Jaén) son las que más favorecieron a OH; las 4 del sur (Cajamarca, Cajabamba, Contumazá y San Marcos), votaron en su mayoría por Keiko Fujimori.

Algunas constataciones

El triunfo del  actual Presidente Ollanta Humala fue posible gracias a que logró captar el apoyo de diversos segmentos sociales del país,  rompiendo la imagen de candidato confinado  al electorado andino, rural, campesino y pobre como suele todavía creerse, cuando las evidencias mostraban que, ya desde el año 2006, gozaba del apoyo abrumador de departamentos cuyas tasas de ruralidad y pobreza eran de las más bajas a nivel nacional, tal cual ocurre en los casos de Arequipa, Tacna y Moquegua.

Las cifras del norte muestran un apoyo proveniente de sectores bastante heterogéneos: electores de ciudades pequeñas y medianas de los prósperos valles costeños y votantes rurales pobres de las provincias del extremo oriente de La Libertad; población de provincias urbanas y de bajos niveles de pobreza (Talara y Paita) junto a sectores rurales andinos de alta pobreza (Ayabaca y Huancabamba) en Piura; ciudades como Chiclayo y Chimbote, en cuyas provincias triunfó o estuvo a décimas de lograrlo; o áreas del centro y norte de Cajamarca, donde predominan pequeños productores agrícolas tradicionales (Hualgayoc, Santa Cruz, Cutervo, Chota) y poblaciones de colonos (Jaén y San Ignacio).

Curiosamente, las 4 provincias andinas de La Libertad, con mayores niveles de población rural y altas tasas de pobreza, a diferencia de sus pares en el sur, fueron las menos permeables al discurso nacionalista. Algo similar ocurrió en las provincias del sur de Cajamarca, con las cuales parece haber ciertos vasos comunicantes.

Este rápido panorama muestra la necesidad de explicar los resultados apelando a variables que vayan más allá de establecer correlaciones entre los niveles de ruralidad y pobreza con las preferencias electorales. Bajo estos criterios, no podría entenderse la alta votación de Humala en Tacna o Arequipa en el sur, incluso en las ciudades de Chimbote o Chiclayo en el norte, o sus bajos resultados en provincias andinas como las de La Libertad o Cajamarca. Un análisis más detallado a nivel distrital, podrían contribuir a precisar mejor algunas inquietudes.

Los análisis electorales deberán buscar explicaciones en factores relacionados con la trayectoria y la cultura política de las zonas cuyos resultados intenten entenderse, lo que es particularmente relevante en el caso del norte, en donde el APRA ha tenido tradicionalmente un gran peso político y electoral. Habrá seguramente que buscar otros elementos asociados a las estrategias de campaña, el rol de los medios masivos, etc., para comprender por qué el votante tradicional aprista urbano y costeño fue más sensible al discurso nacionalista que su par andino y rural; qué factores llevaron a que talareños y huancabambinos apuesten por el mismo candidato, etc.

Finalmente, las cifras de la segunda vuelta están expresando los exitosos esfuerzos que Gana Perú hizo para formar una amplia coalición que lo llevó al triunfo. Para toda fuerza política, gobernante o no, el desafío consiste en mantener esas bases en el tiempo y construir una suerte de hegemonía política que trascienda las coyunturas electorales. La historia política del país muestra que, después del APRA, no ha habido en el país partido o agrupación capaz de lograrlo, aun cuando el fujimorismo está haciendo esfuerzos en ese sentido.

De momento, pocos indicios muestra el PNP por tratar de construir bases sólidas que le permitan  arraigarse en ciertos sectores sociales y apostar al largo plazo. Si las preocupaciones por la gestión gubernamental, la carencia de cuadros políticos y las debilidades orgánicas del partido impiden desarrollar esfuerzos en este sentido, es altamente probable que el 2016 el apoyo logrado se desvanezca  y, una vez más, la apuesta de triunfo resida en la vuelta del caudillo para una segunda cosecha el 2021, lo que también dependerá de los resultados de su gobierno.